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viernes, 19 de julio de 2013

Capitulo 4 (Tercera Temporada)

-¿Y? ¿Cómo te fue en tu primer día? ¿Bianca te ayudó en algo?

Debí recordarlo cuando venía en camino. Cada primer día de instituto/escuela/colegio que tenía, para mamá era importante. Demasiado importante. Extremadamente importante. Cocinaba mis platos favoritos, su sonrisa era radiante (aunque podía ver el nerviosismo tras su rostro) y escuchaba expectante cada una de mis palabras. Creo que es normal, siempre ha sido sobreprotectora conmigo a pesar de mi independencia nata porque soy al único que tiene.

-Bien, ya sabes, lo de siempre. El ser humano es sociable por naturaleza así que no tengo problemas con ello.

-¿Y tus profesores, te ayudaron con las materias? –a mi izquierda, Aki me miraba expectante ante una porción de lasaña que meneaba con mi tenedor y movía la cola de un lado a otro.

-Eso no es necesario. Aprendo rápido y lo que están pasando acá ya me lo enseñaron el año pasado.

-¿Y Bianca?

-Ella está en su mundo, ma. Estamos juntos en algunas clases, pero no todo el día. Además, parece tener demasiados seguidores.

-Ah… Erik mencionó lo de su noviazgo con un chico con… perforaciones y cosas extravagantes.

-Sí. Aún no lo conozco, de hecho, le ofrecí encargarme de él si no lo quería con Bianca, pero parece estar algo resignado a que tarde o temprano debía pasar –ahora que le había dicho brevemente lo de mi día en el instituto, parecía algo distraída mientras revolvía su café observando a Aki.- ¿Estás bien? ¿Pasó algo?

-Estoy bien, Sascha. No te preocupes, es sólo un simple resfriado que ya luego pasará. Es por el cambio del clima ya que aún no me acostumbro al aire alemán.

-¿Segura?

-¿Cuándo te he mentido, cariño?

-Jamás. No mientes, sólo ocultas información.

-Alexan…

-¡Está bien, está bien! No quiero discutir ¿vale? –sonrió débilmente y siguió revolviendo su café mientras observaba las noticias de la televisión. Ya estaba acostumbrado, mamá no solía hablar mucho conmigo de sus problemas o preocupaciones para no preocuparme a mí, sin embargo, a mis tíos solía decirles casi todo, de hecho, ellos conocían el pasado de mamá más de lo que creo saber yo -¡Ah! Tengo que dibujarte ahora mismo.

-¿Cómo? –ni que le hubiese salido con un embarazo. Quizás qué cosa escucho.

-Hoy en arte nos dijeron que teníamos que dibujar a alguien especial para nosotros. Así que espérame aquí y trata de relajarte un poco porque esto me tomará un par de horas.

Corrí en busca de mis materiales (no pensaba usar los grafitos que nos dio la profesora porque no es lo mismo a dibujar con mis propios lápices y carbones) y mis hojas con textura especial para dibujos o retratos. No es por presumir, enserio, jamás me ha gustado creerme superior a los demás, pero tenía que reconocer que luego de la guitarra y la composición de canciones, el dibujo y el arte eran mi especialidad. De hecho, tres de todos los cuadros que hay en esta casa los hice yo.

Pero el dibujo siempre se me dio como algo simple. Un par de clases pagadas y otras con los compañeros de mamá, y voilá, todo un maestro. Quizás lo que más me costaba era la creación dimensional de un cuerpo, pero cuando se trata del rostro de mamá, no hay errores debido a la práctica que llevo con él. Me senté frente a ella, quien se encontraba sonriéndome dulcemente como sólo las madres hacen con sus hijos, y a penas empecé a dibujar, se concentró en no moverse mucho.

Dibujarla nunca ha sido un reto. Cada detalle de su rostro parecía aclararse aún más cuando debía reproducirlo en una hoja de papel, y mis manos se esmeraban por trazar cada línea con cuidado de no cargar demasiado el lápiz.

-¿En qué piensas? –le pregunto al notar su mirada fija por demasiado tiempo en mi rostro. Ella pestañea tratando de moverse lo menos posible mientras recreaba sus espesas pestañas.

-¿Yo? En nada, cariño –sonrió nuevamente y bajó una mano para acariciar a Aki que ahora parecía necesitar del cariño de mi mamá.

-No seas tan reservada ma. Nos conocemos desde que me diste a luz y sigues cerrando tus pensamientos ante mí cuando convivimos día a día en la misma casa –no fue un reto, enserio. Simplemente deseaba saber qué pasaba por su mente cuando no hablaba o no me escuchaba. -¿no es por la neurosis? ¿Tomaste las pastillas?

-La neurosis no tiene nada que ver, Sascha. Tomo mis pastillas a diario para mantenerme saludable y no tener que ir a parar a un hospital. Además, hay ciertas cosas que es preferible que no sepas.

-E insistes con ser cerrada –blanqueé los ojos sonriendo ante su terquedad.

-Pensaba en que realmente eres una artista, hijo. Eres demasiado talentoso y…

-¿Y…? termina la idea –no la quise mirar para no presionarla, sino que seguí dimensionando su fino cuello antes de terminar con este y empezar a darle más volumen a su cabello.

-Y eso no lo sacaste de mí –en un descuido, casi cargo demasiado el grafito tras oír eso. Sentí cierto tipo de adrenalina punzar en mi cabeza enviando señales a lo largo de mi cuerpo para aumentar el ritmo de cada movimiento. Contrólate, Alexander. Contrólate.

-¿Por qué me dices eso en este momento?

-Tú querías saber que pensaba.

-Al menos eso me confirma que él no era un motoquero empedernido –murmuré restándole importancia a sus palabras para alivianar el ambiente. Pero no lo conseguí, su rostro observando la nada.

-Nunca lo vi dibujar porque prefería componer música. Y cuando estábamos juntos, simplemente nos sentíamos normales.

-¿Era hippie?

-No.

-Ah… ¿a qué te refieres con sentirse normales, acaso no lo eran?

-Pertenecíamos a diferentes mundos, cariño.

-¿Era de la realeza?

-Simplemente pertenecíamos a mundos opuestos. Ahí sí que no insistas.

-Pero si sigue vivo, cosa que no sé realmente… ¿no has intentado contactarte con él?

-No. Quizás ya tiene a otra familia o es feliz… además, no sacaría nada llamándolo cuando nada nos falta y somos felices con o sin él.

-Eso es verdad. El viejo ya es parte del pasado y no  me interesa mucho el tema de tenerlo cerca o no… a fin de cuentas la costumbre es una constante en la vida -¿desde cuándo tan maduro, Sascha? Ni yo sabía de dónde sacaba tanta seguridad en mis palabras, tampoco sabía si creerlas a o no.

-Me recuerdas a él.

-¿Por qué?

-Eres llevado a tus ideas.

-¿Acaso tú no?

-Quizás no en el mismo aspecto que él.

Paré de dibujar. El retrato estaba medio terminado y sólo me hacía falta retocar algunos aspectos de la luz y la sombra. ¿Qué pasaba con ella? ¿Aún no olvidaba al responsable de los espermatozoides? La observé pero ella no me miraba, más bien, parecía estar recordando cosas que seguramente extrañaba a juzgar por su triste sonrisa.

-Está acá, ¿verdad?

-¿Quién?

-Mi padre –me dirigí a la llave del agua fría con un vaso en mano para llenarlo con agua antes de perder la cordura frente a ella. Frente a mí, en la ventana, podía ver su reflejo en donde refregaba su rostro con ambas manos en señal de cansancio. Un agotamiento de años.

-¿Qué sacas sabiéndolo?

-¿No quieres que lo conozca?

-No quiero que sufras, cariño.

-Créeme, no es la primera ni será la última vez.

-Alexander… por favor.

-Entonces dime –volteé a verla ya más relajado siendo observado  por ella y sus ojos café reflejándome claramente.- Dime que sabes dónde está aunque no sea exactamente en Berlín. Ya tengo diecisiete años y creo que es imposible que actúe mal o pierda los estribos con un tema así.

-Hijo…

-Mamá.

-Si no está en California, está en Alemania.

-¿Estados Unidos? ¿Qué hace allá?

-Demasiado por hoy –se paró y desapareció por la puerta murmurando un “buenas noches Sascha” que sonó como una lúgubre despedida.

Mamá confirmó lo que el tío Erik dijo; puede que mi padre biológico esté acá, en Alemania. Y eso me hace pensar que mamá debió ponerse rígida cuando elegí nuestro próximo país porque suponía que él se encontraría acá y que sería un verdadero caos que yo me cruzara con él, o ella con él.

Tras terminar el dibujo, aseguré la casa activando las alarmas y poniendo todas las cerraduras tanto de ventanas como puertas, y apagué las luces. Preparé mi bolso para el día siguiente y me puse el pijama después de dejar a Aki en el patio. Como era costumbre di una última vuelta por la casa y me dirigí a mi cuarto, pero mamá aún tenía la luz de la mesita de noche encendida en su cuarto. Entré listo para decirle que se durmiera y dejara de darle vueltas al asunto, pero ella ya se encontraba dormida.


-Te prometo que no permitiré que te dañen, ma. Sea quien sea, primero tendrá que pasar por mí. –Besé su frente y apagué la luz.

sábado, 13 de julio de 2013

Capitulo 3 (Tercera Temporada)

Bianca resultó ser mi compañera de clases, a excepción de música y arte ya que ella prefería los electivos más literarios.  Mi tío Erik convenció a mamá de ponerme en el mismo instituto que ella para que no me sintiera solo y se me hiciera más fácil acostumbrarme al frío carácter de los alemanes, pero la verdad, era que no me importaba mucho estar o no con la que consideraba mi prima. Ella, emocionadísima con la idea de ser compañeros, prácticamente no me soltaba en ningún momento ya que me quería enseñar cada puto rincón de los edificios y a uno que otro de sus amigos con nombres raros… bueno, nombres comunes acá, pero raros para mis oídos.

Eran tres edificios. Dos nuevos y uno viejo en donde se encontraba la biblioteca, la detención escolar y una sala de música en donde sólo había un esqueleto casi destrozado y un piano de cola negro lleno de polvo debido al abandono de esa sala. Los demás, estaban compuestos por pasillos de paredes blancas y estantes grises, laboratorios con mesas largas y estanterías con sustancias tóxicas (humm… eso es tentador por si quiero quemar el auto del director), y aulas con pupitres individuales que te cagan con un dolor de espalda horrible además de pizarras y un escritorio grande de madera perteneciente al profesor. En conclusión, era algo pasable. Por suerte podíamos asistir con ropa de calle en vez de uniformes ñoños.

Pero lo mejor de todo era el gimnasio. Había una piscina gigante en donde seguramente pasaría los fines de semana practicando natación tras copiar la llave del conserje. Había pesas, máquinas deportivas, un espejo de muro a muro de unos treinta metros de largo y una cancha de vóleibol que también servía para el básquetbol. De puta madre, eh. El patio, estaba compuesto por árboles, bancas, una cancha de futbol y demasiado pasto por todas partes. ¿Cuánto habrá pagado mamá por meterme acá? Al menos hasta ahora, no me apetecía hacer demasiadas maldades como en los otros establecimientos educativos en los que he estado.

-¿Es normal que siempre te miren con tanta lujuria? –preguntó Bianca soltando una carcajada y mirando a un grupo de chicas que nos observaban sentadas sobre la mesa de madera del salón de… ¡ah! Inglés, se me olvidaba –tendré que cuidarte si no quieres salir con un ejército de chicas detrás de ti vigilando cada paso de das y lamiendo el piso por el que caminas.

- Me da igual. Por ahora no tengo mucho interés en follarme a una o jugar con ellas. Así que si se pasan rollos conmigo, no pasarán del saludo.

-¿Estás sentando cabeza Sascha?

-Tengo asuntos más importantes que atender, Bianca.

-¿Asuntos como qué? Claro, si se puede saber.

-Hum… estudios y cosas con mi madre –vale, no pensaba decirle que estaba más interesado en buscar a mi supuesto padre alemán o algún familiar directo. Si se lo decía, llegaría con el cuento a mi tío y él se lo diría a mamá, terminando mi investigación poco avanzada.
El timbre para entrar a clases sonó y los demás alumnos de sentaron en sus respectivos puestos disminuyendo el murmullo entre ellos, sacando cuadernos de apuntes y lápices. Yo, hice lo mismo aunque no necesitaba tomar apuntes en inglés. De hecho, los idiomas se me daban bien. Sabía alemán, español e inglés debido a que mi madre quería que mis limitaciones fueran pocas alrededor del mundo.

La profesora Fuguet, una treintona de rasgos algo asiáticos, cabello corto y varonil, poco trasero y delantera, piernas flacas escondidas tras unos pantalones sueltos de mala calidad, parecía ser relajada y de espíritu hippie. Ni si quiera saludó a la clase y empezó a escribir la fecha de hoy en inglés en el pizarrón junto con un título que decía “First Conditional” con letras grandes y redondas.

-Antes de comenzar, tenemos el agrado de tener un nuevo integrante en nuestra clase –se puso sus gafas con marco rosado, y observó un papel que tenía en su mano. Mis antecedentes generales. Bianca me codeó sonriendo y vi cómo muchos se giraron a verme a pesar de encontrarme sentado de los últimos y junto a la ventana. -¿Alexander Kaulitz?

-Ajá –asentí sonriendo y simulando una inocencia de la que mi madre seguramente se burlaría tal y como lo estaba haciendo a carcajada abierta Bianca.

-Miss Bianca, be quiet please –dijo a la loca de mi izquierda y ella calló obedientemente sin dejar de mirarme. Ahora que lo pienso, es la primera vez que estamos juntos en el instituto.

-I’m sorry miss.

-Acá dice que vienes de Seattle por lo que debes manejar bien el inglés americano.

-Preferiría que no mencionara mucho de mi persona, profesora. Ya sabe, es mejor que me conozcan a medida que pasa el tiempo –sonreí al grupo de chicas que anteriormente me observaban simplemente para joderles las hormonas y divertirme un poco, éstas estallaron en murmullos y sonrisas cómplices.

-Ok. Hum… es el segundo alumno con ese apellido, ¿sabía eso?

-Acabo de llegar, miss. Con suerte conozco al director.

-Bueno, quizás pronto la conozca. Bienvenido a Alemania y a mi clase, señor Kaulitz.

Si, bienvenido al infierno, Alexander. La profesora de ojos asiáticos, juraría que me tiene ganas… me pasa sacando al pizarrón pidiéndome ejemplos para cada posible oración y haciendo una que otra mierda aburrida. Bianca, por su parte, comentaba algo de un nuevo practicante de historia y de su trasero, o les hablaba a sus amigas de mí. Por suerte la tortura no se me hizo eterna cuando tocaron el timbre del recreo y cada estudiante salió prácticamente corriendo del salón y gritando como si estuvieran en la selva, aunque esto realmente lo parecía. Mi prima salió con sus amigas mencionando que la próxima hora tendríamos electivos diferentes y que me tocaba arte. Genial, aunque de los grafitis y uno que otro dibujo de personas no pasaba.

-Eres el nuevo ¿verdad? –vale, a juzgar por la apariencia del repentino recién llegado que se acercó a saludarme, parecía ser de otro planeta. Camisa hawaiana, bermudas beige y converse rojas que hacían juego con la camisa… ¿de verdad usaba eso en Alemania, el país de los fríos? Este debía estar chiflado… y por su pelo rojizo y crespo, diría que no es de acá. –Alexander, el del inglés perfecto, el chico de Seattle.

-Con Alexander a secas está bien –tomé mis cosas sin darle demasiada importancia a la conversación.

-Soy Mathew Viviani. Pero dime Matt.

-¿Italiano?

-Humm… mis abuelos lo son pero yo soy de acá.

-Ah…

-¿Tienes artes?

-Sip.

-Bien, te acompaño.

-¿Eres gay? –debía asegurarme de no ser un pansexual para los alemanes, en especial para mis nuevos compañeros.

-Emm… no. Ven, te enseñaré al grupo.

Aunque la mayoría de las veces no dependía de alguien para socializar si quería tener amigos, compañeros, conocidos, simplemente lo seguí ya que no hallaba qué otra cosa hacer en quince minutos de descanso. Los pasillos parecían una verdadera selva ahora que todos los llenaban junto con la contaminación acústica común en grupos de estudiantes. Normal. Nadie se escucha entre tantos gritos y sonidos de casilleros por lo que no les queda otra que gritar.

A medida de avanzábamos, podía sentir el escrutinio visual que cada chica me hacía desde mis zapatillas hasta la cabeza, murmurando cosas inaudibles debido a la distancia y una que otra risita y sonrisa coqueta. ¿Me veían también como un pansexual?... prácticamente parecían pirañas esperando a que su presa caiga en sus trampas. Pero no soy una presa fácil de cazar, más bien yo soy el cazador y ellas mi presas. Mamá me enseñó aquel juego de invertir las ventajas ajenas para transformarlas en propias y así debilitar al enemigo por donde más le duele, y hasta ahora, ha funcionado a la perfección.

-Por lo que veo, ya eres la sensación –me codeó Mathew a medida que nos acercábamos al patio.

-Pensé que te miraban a ti –le comenté con indiferencia para que no se tomara tan mal la idea de que ya lo sabía.

-Las mujeres son como las sirenas… traicioneras y engañosas… arpías como nadie.

-Pero las sirenas no existen.

-Aún así no está del todo comprobado su inexistencia o existencia.

-Vale -¿para qué llevarle la contraria? El tipo estaba loco, pero a su manera.  Y a juzgar por su pinta de “amo la playas y el surf”, no me sorprendería que terminara siendo un pescador o un surfista de esos que patrocina Maui. Al menos no era un depresivo, un ácido o un marica.

Afuera, el sol parecía querer incendiar las áreas verdes con sus rayos UV, pero a nadie parecía importarle ya que todos parecían felices por tener un día así de cálido. En cambio a mí, me daba igual. Es como si la mitad del instituto estuviera reunido ahí practicando deportes o simplemente conversando sentados en el pasto como si estuvieran en un día de playa. Entre esos grupos de chicas sentadas en círculo, pude divisar a Bianca haciéndome una señal con la mano… hum, mejor dicho, hablándoles de mí a sus amigas. Daba igual, yo seguía a Matt y ella hacía… cosas de chicas.

-¿Es tu hermana? –la pregunta me pilló desprevenido cuando volví a ver a Mathew a mi lado con su sonrisa a lo Siddhartha.

-¿Cómo?

-Que si Bianca es tu hermana.

-No, somos algo así como primos.

-¿Algo así? ¿Eres adoptado, verdad?

-No. Su padre es el mejor amigo que tiene mi madre desde su adolescencia así que es como mi tío y ella mi prima.

-¿No crees que tu madre puede ser su amante?

-No. Mi madre es mucho menor que su padre, y lo respeta más que a nadie.

-Ah… ¿y tú padre? –vale, tanta pregunta me ponía la cabeza dada vuelta. Masajeé mi sien tratando de no perder los estribos en mi primer día de clases y tranquilicé mi respiración.

-No existe.

-¿Inseminación artificial?

-No. Está muerto.

-Oh… realmente lo siento, Alexander ¿la cagué?

-Da igual. Nunca lo he necesitado realmente.

Hablar de mi padre simplemente era un tema pasado. Nunca quise nombrarlo ni si quiera para las navidades o alguna fecha importante. Tal y como mencioné anteriormente, él simplemente es una herida que llevaré de por vida junto a mi madre. Es mejor darlo por muerto que explicar el rollo de mi vida diciéndole tooodo lo que creo saber de él y que no está ni confirmado.

Bien, me imaginé algo parecido a una pandilla, quizás unos quince miembros o diez… pero simplemente eran cuatro. El más alto (fácil unos dos metros exactos), Fred, parecía procesar las cosas con una lentitud impresionante, era como si incluso hablara en cámara lenta y daba sueño escuchar su voz llena de modorra. Los demás eran de mi estatura o algo así; Mike, un pelirrojo con pinta de chulo y ropas sueltas, era el payaso del cuarteto. Robert, era un intento de rockero con pintas que intentaban ser como las de Axel Roses, sin embargo, el tipo era un cerebrito de la música. Y Nick, el más hablador de todos, el más observador y con quien sentía que debía ser precavido en cuanto a lo que decía frente a él, Matt mencionó que tiene una memoria envidiable.

-Entonces vienes de Seattle pero no eres norteamericano –dijo Mike cuando mencioné que no soy oriundo de allá.

-Exacto.

-¿Eres alemán? Tu acento no parece indicar lo contrario –Si, Nick era demasiado detallista. Sonreí en su dirección dándole un mordisco a la manzana que tenía en mis manos, y tras tragar, hablé.

-Tengo doble nacionalidad.

-¡Guau!... ¿tienes padres millonarios, famosos o algo así? –Mike parecía ilusionado con la idea de conocerme. Lástima que si le digo “no, mamá es una asesina profesional y mis tíos trabajaban para la mafia”, seguramente ya estaría a medio kilómetro de mí.

-No, mamá trabaja en una empresa privada.

- ¿Y tu papá? -¿acaso era normal acá que todos tuvieran una familia perfecta? Matt le pegó un discreto codazo en las costillas con el que Nick se quejó observándolo con la frente arrugada.

-No tengo.

-¿Naciste del espíritu santo o eres adoptado? –Bromeó el lento de Fred siendo observado por cada uno de sus amigos.- ¿Qué?

-Está muerto y punto.

-¡Oh!... lo lamento.

-Da igual –Si, daba igual. Nunca apareció y no aparecerá jamás.

- ¿Y has pensado a qué taller deportivo te unirás?

- Hum… -Se me había olvidado. Mamá mencionó algo de unos talleres  que se tomaban los viernes después de clases, lo bueno es que no eran obligatorios.- A ninguno.

-¿Por qué? Seguramente eres bueno para el futbol o algo así… no puedes ser tan holgazán.

-No lo soy… simplemente no tengo tiempo para talleres después de clases –dije sonriendo para no caerles tan mal con mi actitud algo cortante, cerrada y misteriosa. Nada de talleres. Mamá sale a misiones por lo menos una vez al mes, por eso no puedo lidiar con deportes que requieren trabajo en equipo, a pesar de entrenar con mamá a veces o con mi tío Erik, quien me hace puré cada quince minutos.

-Fred está en basquetbol, Mike en teatro, Robert en atletismo y Nick en ciencias –mencionó Matt mientras los demás parecían orgullosos de sus elecciones. Definitivamente estaba en el país de los bichos raros.

-¿Y tú?

-Vagología –sonrió. Debí suponerlo, esas pintas tan relajadas y coloridas, sólo podían provenir de alguien de pensamiento liviano. Este tipo era un caso de los casi extintos.- Es un taller en donde no cualquiera entra, donde honoramos el santo reggae y revistas playboy. Analizamos la nada y caminamos llevando la paz a todo el mundo. Las inscripciones están abiertas.

-Suena de lo más relajado.

-¡Y eso que todavía no te menciona lo de los alucinógenos! –se rio Robert.

-Eso es cuando alcanza el nivel Zen.

Internamente, agradecí que Matt cambiara el tema de conversación porque odio hablar de mí o mi vida. Quizás si no fuera porque el timbre que avisaba el ingreso a clases empezó a sonar, hubieran hecho más preguntas algo incómodas que prefería no responder, porque hay que admitirlo, ser el nuevo del instituto atrae preguntas sobre quién eres y  de dónde vienes, para así hacerte encajar en un prototipo determinado de grupo adolescente. No tenía ningún problema con encajar, solía usar técnicas sociales que en un abrir y cerrar de ojos que me llevaban a estar en con quien yo quisiera compartir. Y esta vez no sería la excepción.

Matt estaba tan flipado, que parecía querer rodar por el piso cuando le mencioné que tenía artes y música en mis electivos. Me habló de que hacían concursos en donde el que quería participaba, de los instrumentos de la sala de música y el piano de cola que ya casi nadie usaba. Y su emoción fue aún más cuando le pregunté sobre las clases de artes; dijo que la profesora era una tipa de revista playboy y que para ella cualquier cosa es arte ya que valora los intentos de creatividad de cada alumno. Lo más loco que me dijo fue que el año anterior el tema de exposición fue libre, por lo que él eligió hacer un autorretrato de sus genitales, y la profesora al verlo se puso roja y sólo mencionó “muy buen trabajo de luz y sombra, Viviani. Pero no estará en exposición”, en otras palabras, esta tipa saaaabe de arte.

Para ser profesora de arte, la señorita Mayer realmente parecía salida de una revista, Matt no se equivocaba al decir que tenía unas curvas de impacto y que debía ser la protagonista de los sueños húmedos del alumnado masculino y quizás lésbico. Al igual que en inglés, me presentó frente a la clase compuesta en su mayoría por unas ocho mujeres más que la cantidad de hombres presentes. Pasó un video latoso del arte urbano, el expresionismo, realismo, etc. Una mezcla de movimientos artísticos destacando obras, autores, y hechos de la historia.

-Bien, el tema de la primera evaluación será el dibujo en grafito. No es nada fácil debido a que todo se basa en el pulso, las sombras y curvas –mencionó tras prender las luces y entregarnos a cada uno un set de lápices grafito de distintos números.

-Mi pulso es el más intenso, profesora. ¿Le gustaría probar? –murmuró a mi lado Matt al observar cómo se agachaba para recoger una hoja de papel. Pero como la clase estaba en completo silencio, no me quedó otra que aguantarme la risa.- ¡Ay cómo me haces sufrir ma’cherie!

-Sólo deseo rostro, no cuerpos ni posturas. Y lo deben entregar mañana en cuanto inicie la clase.

-¿Cualquier persona? –le pregunté cuando pasó por mi lado.

-Actriz, amigos, familiares, famosos… da igual. Pero de preferencia sería mejor un familiar o alguien especial para ustedes, ya que si se agrega el sentimentalismo, las cosas suelen salir mejor.

Eso último me quedó dando vueltas. Creo que lo que más he hecho con sentimentalismo serían las canciones y los regalos a mamá por su cumpleaños. En sí, los hombres no solemos ser sentimentales ya que se lo dejamos a las chicas debido a que va con ellas ser así. Pero si todo esto fuera tan cierto como la lógica lo indica, ¿acaso mi padre era un frío de mierda? ¿Mamá fue muy sentimental cuando estuvo con él? Quizás el sentimiento no fue recíproco, o mamá era una mujer sumisa con él, cosa que dudo. En fin, ¿qué sacabas dándole vueltas al asunto, Alexander, si tu madre y tu tío esquivan tus preguntas?

Definitivamente era mejor pensar en culos, agujeros abiertos, tetas, y música. Al menos eso no me producía dolores de cabeza.



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Haalo de nuevo!! Por cálculos de tiempo, decidí subirles otro capitulo

Capitulo 2 (Tercera Temporada)

-Humm… éste está bien. Tiene una vista genial hacia el patio delantero y es más fácil para fugarse.

-La de (name) es más grande –mencionó tratando de molestarme mientras dejaba la última caja en el piso –.Pensé que tenías más cosas, Sascha.

-Entre menos, mejor. Ya sabes, cada tres años es lo mismo –nos sentamos en el colchón descansando tras una larga mudanza. No había dormido desde que dejé que mamá se durmiera en el avión y despertara en cuanto la removí tras aterrizar en un nublado Berlín, el tío Erik se demoró en llegar debido al tráfico, y nos demoramos como una hora en buscar nuestras pertenencias y anunciar nuestra llegada al país, en otras palabras, me sobraban evasivas para estar con un humor de perros. Y a juzgar por mis ojeras, debía parecer una temible bestia –.Mamá debe estar ordenando abajo, ¿verdad?

-De hecho acaba de volver del supermercado.

-Ah… -me eché hacia atrás dejando sólo mis rodillas dobladas fuera de la cama. Ya estaba a un paso de quedarme dormido hasta dos días más.

-¿Sabías que tu madre se hizo un tatuaje?

-Si… a los diecinueve, ¿por?

-¿Nunca le has insistido en que quieres hacerte uno?

-Si tengo su permiso, pero no sé qué hacerme.

-¿El rostro de tu ex?

-Jo! Eso sería caer demasiado bajo... además Lauren era algo extraña.

-¿Era transformista?

-¡No! Jajajajaa… sus cejas eran algo gruesas y grandes.

-¿Enserio? Me imaginaba una verruga o un lunar peludo, yo qué sé.

-Bueno. La verdad es que necesito una buena razón para tatuarme porque no quiero arrepentirme jamás.

-Humm… -se levantó dirigiéndose hacia la puerta con el aire misterioso que siempre solía rodearlo cuando no estaba con la tía Rebbeca o con Bianca, su hija mayor que yo por cuatro meses y mi amiga desde que tengo memoria –Tu padre tenía tatuajes.

-¿Enserio? ¿Era motoquero o un pin up boy?

-No… pero tenía muchos –vale, es como si te dejaran con ganas de más. Mi tío siempre hacía lo mismo y dejaba sus historias inconclusas para agregarle un toque de suspenso.

-¡Eh! ¿Dónde vas? Aún no hemos terminado de hablar –lo seguí hasta el primer piso en donde pude divisar a mi madre en lo que sería nuestra nueva cocina más hogareña que la anterior, guardando alimentos en las despensas y con su armamento sobre la mesa. Daba igual, ya estaba acostumbrado a las armas como si fuesen las plantas de una casa porque siempre las he tenido presentes en toda mi vida, e incluso sé manejarlas debido a un curso que mamá me obligó a tomar en un jodido y caluroso verano.

-Lo demás se lo preguntas a tu madre.

-¿Preguntarme qué, Erik? –preguntó la aludida.

-Ella no me diría nada, nunca lo hace. Y tú lo único que logras es dejarme con más dudas… ¿mamá, mi padre es o era un motoquero empedernido?

-¿Qué…? –miró a mi tío y se carcajeó ante la ridícula pregunta que le lancé hasta lagrimear y teñir sus mejillas de un rosa adorable –Pensé que ya habías concluido que tu tío está para un psiquiátrico con sus historias, cuentos y…

-Lo sé, ma. Pero me dijo que el viejo tenía tatuajes y fue inevitable pensar en un gordo, barbudo y calvo motoquero.

-Créeme que tu madre tiene mejores gustos de lo que piensas –murmuró mi tío riendo como el cómplice de mi madre, sin embargo ésta se había quedado muda y sólo me miraba.

-Pues… debes quedarte tranquilo. No es un motoquero aunque tenga tatuajes, cariño.

-¿Cuántos tiene?

-No lo recuerdo con exactitud… pero recuerdo uno en su antebrazo.

-¿Un dibujo? ¿Un animal? ¿El nombre de su banda favorita?

-Libertad.

-¿Libertad? ¿Qué clase de tatuaje dice eso? Debía ser un reo el viejo ese.

-Vivía en un mundo no muy normal a este, por lo que recuerdo –comento nuevamente el tío Erik dejando sus ideas sin mucha claridad.

-Decía Libertad. Eso es todo lo que te diré y no insistas más.

-Vaaaaaaale. Al menos tengo algo que agregar a la información del viejo que aportó el espermatozoide ganador.

Mamá me miraba con su cara de cercano castigo por mencionar tanta estupidez junta además del tema de mi padre biológico. Daba igual, cualquier castigo se cancelaría estando el tío Erik en esta casa ya que prácticamente mi madre tomaba en cuenta sus opiniones y sugerencias, algo que mi tío ha de explicar con un “me debe una muy grande” a lo que mamá responde con un completo silencio semejante al que hace cuando se pone incómoda frente a algún tema determinado.

La labor de reordenar la casa solía hacerla mi madre a pesar de mis insistencias de ayudarla en lo que más podía… era como si amara ver cada cosa en un orden nuevo impuesto por ella. En cierta etapa de mi vida, mamá mencionó que tuvo constantes visitas a un psiquiatra/loquero que la ayudaba a superar la muerte de sus padres… y unas enfermedades que le surgieron tras entrar a la mafia. Ella padece los restos de una neurosis y una depresión, ambas tratadas por medicamentos que la han de acompañar de por vida o hasta que ya no las necesite. Sólo durante mi embarazo las dejó de tomar por indicaciones de un médico… ya me la imaginaba con sus cambios constantes de humos y sus manías a la hiperactividad sin esas píldoras que le ayudaban a sentar cabeza.

Volví a mi cuarto con el único fin de volver a ver esa fotografía que odiaba y amaba al mismo tiempo. Tomé mi billetera con los nuevos euros (cortesía de mi madre) y toqué con mis dedos la textura de aquella fotografía arrugada por las torceduras que la hacían estar escondida entre otras cosas. Me la sabía de memoria y sin embargo, el sólo hecho de verla y tenerla entre mis dedos, me tranquilizaba como nadie lo lograba. Se la había quitado a mamá en uno de mis momentos ociosos, y aunque no era necesario preguntarle quién la persona de aquella foto borrosa, las ansias por curiosear más sobre las amistades pasadas de mamá me ganaban, pero… no quería herirla, no a ella.  Sabía que era un hombre, eso no era necesario investigarlo. Pero la foto estaba tan mal tomada que todo en ella parecía estar en movimiento. Era un hombre sentado enseñando algo con sus manos y… vale, sólo eso sabía. ¿Pero qué tenía esa fotografía que me hacía sentir así de un dos por tres como un acto de magia? Daba igual, porque si se trataba de quien yo pienso, acabaría con ella y la haría mil pedacitos para luego quemarla, o eso creo que haría. La guardé al escuchar pasos provenir de las escaleras y acercándose hasta la puerta abierta de mi habitación, si la veía alguien seguramente terminaría en las manos de mamá y se acabaría mi única manera de olvidarme de mi vida.

-¿Guardando el porno? –vale, este tipo iba y volvía como si nada, ¿acaso estaba loco o bipolar? En fin, daba igual. Al menos era imposible verlo enojado con alguien porque solía ser de lo más relajado y casi pura paz del mundo.

-No necesito de unas revistas para una paja, tío.

-¿Tantas seguidoras tienes? ¡Guau! Creo que Gaspard te enseñó demasiado bien su ex trabajo. Mientras no salgas con una mini versión tuya o una prueba de ADN por paternidad, todo bien.

-Mamá ya se encargó de la charla sexual hace tiempo, eh. Así que ahórrate lo del condón regalado y los ejemplos con las manos –sonreí al recordar la expresión de mi madre al decirle que era activo sexualmente y que no era necesario que me dijera el significado de un orgasmo y todas esas cosas. Fue para matarse de la risa, se los juro.

-Uf!! Me ahorraste unas cuantas explicaciones.

-Oye, tengo diecisiete. Ya no soy un niño de ocho años que sólo piensa en jugar y pasarlo bien. Tengo preocupaciones y un futuro por delante que pienso desarrollar en cuanto me gradúe este semestre que me queda.

-Tu madre me dijo que iniciabas en tres días más.

-Mientras antes mejor, según ella. Aunque ya me da igual… creo que es la costumbre.

-¿Nunca has pensado estudiar en tu casa en vez de en un lugar público?

-No. No podría estar encerrado acá, además, las distracciones superan a las de un instituto, reformatorio, lo que sea.

-Ah…

-¿Y Bianca?

- Fue al cine con su… su novio.

-¿¡NOVIO!?... ¿Estás seguro?

-Ya lo presentó a Rebbeca y… van en serio.

-¿Lo conoces? -¡Vaya! Mi querida primita y cómplice de mis travesuras de toda la vida, se enamoró y ya no pertenece al lado oscuro de la fuerza, o sea, al mío. Ya lo veía venir. Ella es de las que anteponen los sentimientos y cursilerías en todo aspecto. Miré a mi tío, quien parecía completamente abatido con la mención de su hija y su nueva conquista amorosa.

-Expansiones, pelirrojo, ojos verdes y un asqueroso piercing en la ceja.

-Si quieres me puedo encargar de hacerlo desaparecer de la faz del planeta –sonreí imaginando volver a usar los contactos que creía olvidados, los compañeros de mamá.

-Es tentadora tu idea, Sascha. Pero dudo que duren mucho, Bianca es…

-Ama manipular a sus chicos hasta que se aburre, ¿eso ibas a decir?

-Exacto. Aunque el chico ese es muy respetuoso y caballero para su edad.

-¿Cuántos tiene?

-18. En fin… mi hija es un cuento a parte que trato de no recordar cuando estoy con ustedes –se paseo por mi cuarto en busca de el único objeto más preciado que tengo y que muchos conocen, hasta dar con él junto al escritorio en donde descansaban mis nuevos textos estudiantiles y mis discos favoritos de bandas como Blink 182, Green Day, AC/DC, Guns and Roses, y otros… -¿Aún la tocas?

-Sólo hasta conseguir una Gibson Les Paul Custom negra.

-Las acústicas aún se usan.

-Lo sé, pero creo que ha sido uno de mis mayores sueños.

-Bueno… algo haremos para Navidad o tu cumpleaños. ¿Aún cantas?

-De vez en cuando, últimamente me ha costado crear nuevas melodías. Es como si tuviera el cerebro en blanco cuando me propongo crear algo nuevo. Además, para mí no es llegar y escribir algo parecido a un reclame televisivo… soy más perfeccionista ¿sabes?

-Lo sé, lo llevas en la sangre.

Creo que componer música era mi pasatiempo más inocente y bueno en comparación con mis actos delictivos. Quizás era por el poder de relajación que obtenía tras escuchar los dulces tonos provenientes de cada nota, o porque en cada canción quedaba plasmado un sentimiento incapaz de mostrarse en mi diario vivir. Cuando le mostraba las canciones a mi madre por petición suya, siempre solía observarme con lágrimas en sus ojos y una sonrisa de oreja a oreja aunque la canción fuera algo… triste. Ella solía felicitarme por mi creatividad y por mi modo tan peculiar de expresar lo que siento, y después de eso… salía al patio a ver las estrellas y tomar aire fresco perdida en sus pensamientos misteriosos en donde no dejaba que entrara a indagar su pasado.

-Si te sirve de algo, en tu nuevo instituto hay un taller de música.

-Eso es para principiantes, tío. Y yo ya dejé de ser uno hace mucho tiempo.

-¿Tanto ego o es el producto de tus admiradoras? –se rió ante mi comentario egocéntrico y narcisista.

-Jajajajajaa…. Da igual, cada tres años las admiradoras cambian y espero que esta vez no sean tan empalagosas como en Seattle.

-Tu madre me mencionó que allá eras lo máximo junto con tu grupo de amigos.

-¡Nah! Un simple guiño, sonrisas, palabras bonitas, poemas, literatura, matemáticas y… ¡voilá! Un chico perfecto.

-Te faltó el toque rebelde.

-Gracias por recordarlo, querido fanático mío –sólo se carcajeó ante mi ego. La verdad es que no era taaaaan egocéntrico como aparento, sino que lo hago para esconder mis defectos. Es una táctica que me enseñó el tío Gaspard una de las últimas veces que lo vi hace dos meses atrás para el cumpleaños de mamá. No fue una fiesta grande o un teléfono lleno de llamadas de distintas partes, al contrario, sólo estaban mis tíos, mis primos y yo, lo que ella llama “su familia”. Pero ahora que tenía a mi tío Erik, quizás fuera mejor quitarme una duda de mi mente antes de que se vaya-. ¿Oye?

-Dime.

-¿Te puedo preguntar algo?

-Humm… ¿acaso no es ya algo común que preguntes cualquier cosa?

-No le pregunto a cualquiera, tío. Así que siéntete halagado.

-Ok. Pregunta.

-Cuando elegí venir a Alemania, pude ver en mamá cierta incomodidad preguntándome si de verdad quería venir hasta acá.

-¿Pasa algo con eso? –pensé que era más rápido en captar indirectas.

-Quiero saber si hay algo acá que mamá no quiera ver.

-Eso no es una pregunta, Alexander.

-¿Qué me esconde mamá? ¿Qué tanto teme acá? ¿Qué hay en Alemania? Porque si se trata de Pantera, no creo que debería…

-No dejes que la curiosidad te mate, Sascha –guau. Más serio que ahora, jamás lo había visto. Él también parecía saber demasiado.

-La ignorancia es peor.

-¿Nunca te has preguntado por qué tu madre te enseñó alemán?

-Ley de transparencia entre nosotros. Sé todos los idiomas que ella habla menos el ruso.

-¿Nunca has dudado de eso?

-¿A qué te refieres? –Se acercó hasta que ambos nos quedamos observándonos seriamente intentando hacer perder al otro.

-Tienes doble nacionalidad. Debes ver cuán evidente es todo esto.

-¿Qué es todo esto? No soy un adivino.

-Lo sabrás si lo piensas detenidamente. Por ahora, debo llamar a Rebbeca.

-¡Hey! ¿¡De nuevo!?...

Si. De nuevo caí en la misma trampa de siempre. Era como un campo minado en donde no sabía donde pisar para estar a salvo. Sabía lo de la doble nacionalidad, mamá me lo ha explicado desde que tengo memoria. Era un Kaulitz y ese apellido es ciertamente de estas zonas europeas según internet y uno que otro libro, por lo que el tío Erik tenía razón al decirme lo evidente que era esto. Mamá no palideció porque se sentía mal, sino porque sabía quién estaría por acá. Sabía que se estaba acercando a mi padre biológico obedeciendo a mi decisión, y que si me lo decía, mi decisión de venir hasta acá habría aumentado considerablemente sin nadie que me haga cambiar de opinión, ni si quiera ella misma. Ahora con más calma lo entendía.


Mi padre estaba cerca. Y quizás incluso fuera mi vecino o el tipo del camión de la mudanza. Simplemente debía observar con detenimiento cada expresión facial de mi madre para saber ante quién me encontraba, porque si lo veía de nuevo, seguramente volvería a estar pálida como cuando le dije que viniéramos a Alemania.

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Hallo Gurls! La verdad es que me llegaron muchas preguntas de parte de algunas lectoras del fic en mi correo. Pero elegí 5 que me llamaron la atención.

1.¿De dónde sacaste la idea de una chica de la mafia enamorada de Bill?
La idea surgió luego de jugar Tomb Raider y ver películas como Millenium, Salt, y otras que no recuerdo.

2. ¿Qué opinas del Twincest, conoces Muñeco de Sarae?
¡Me encanta Muñeco!... la verdad es que soy super abierta de mente con temas homosexuales, y no me aborrece leer twincest.

3. ¿Haz hecho alguna locura? 
Si, una vez con unas amigas chocamos un auto, un tipo nos vio y llamó a la policía pero nosotras huimos.

4. ¿Qué música escuchas?
Uf! de todo un poco. Aunque nada en español porque no soy fanática ni si quiera de los artistas de mi país. Escucho cantos gregorianos, hip hop, j-rock, funk, house, rock, metal, etc.

5. ¿Tienes un final listo para la tercera temporada?
La verdad es que lo tengo en mente pero para eso deben pasar algunas cosas en el fic. No quiero que sea un "felices para siempre" como pasa en la mayoría de los fics que he leído, sino que quiero algo... diferente.