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sábado, 7 de septiembre de 2013

Capitulo 15 (Tercera Temporada)

Mamá no puso ninguna objeción cuando le dije que iría a hacer un trabajo y que seguramente volvería tarde. Claro, su condición fue tener el celular en mi bolsillo y no en silencio. Mentalmente, había preparado diálogos que podrían surgir con su familia, o con su tío si es que llegaba a hacer preguntas sobre mí. Por supuesto, no planeaba decirle mi apellido ni algún dato que se relacionara con mamá o mi vida… más bien sería algo reservado en cuanto a esto.

Mi tío Gaspard insistió en que si tenía relaciones me cuidara, excusándose con que conocía la juventud actual. ¿Acaso piensan que sólo pienso en follar cuando me junto con una chica? Pf!... ignoré sus comentarios en doble sentido guardando los últimos trabajos que debí entregar dentro de la semana en un archivador.

-¿Vive muy lejos? –preguntó mi tío Erik mientras ayudaba a mamá con unos documentos de su trabajo.

-Nos juntaremos en un parque y de ahí iremos a su casa –comenté cerrando los cierres de mi bolso.

-¿Es linda? –preguntó con una sonrisa cómplice el tío Gaspard.

-Es odiosa, egocéntrica, algo agresiva, muy lista, creativa y… ¿me creerían si les dijera que es como mi versión femenina?

Los tres presentes me miraron con sus cejas alzadas sorprendidos por la última descripción. Solté una risita mientras pasaba el cable de los audífonos por el interior de mi chaqueta.

-Interesante descripción –murmuró mamá volviendo la vista a los papeles frente a ella y acomodándose los lentes de aspecto gatuno -. Que yo recuerde, jamás la había oído antes.

-¿Si es odiosa, por qué le harás clases? –dijo el tío Gaspard.

-No son clases. Simplemente debemos hacer unos trabajos juntos. Es enserio.

-Ok, vale. No insistiremos más –sonrió levantando las manos.

-Deberías traerla alguna vez –sugirió mamá sonriendo aprobatoriamente.

-Lo pensaré… la verdad es que su familia es algo famosa en Alemania por lo que no puede salir demasiado. Creo que es la hija de un senador o algo así.

-Inteligente elección –susurró el tío Erik.

-No lo molestes, Erik. Sé cuando mi hijo habla enserio, y hoy es uno de esos momentos.

Miré a mamá alzando una ceja algo impresionado por su comentario frente a mis tíos. En su rostro se dibujó una sonrisa cómplice que me decía que sabía que no mentía en nada y que parecía saber lo que pensaba.

-Bien, ¿me puedo ir ya? Sería una falta de respeto llegar antes que una mujer.

-Le enseñamos muy bien –sonrió mi tío a su primo.

-No llegues muy tarde, y avísame si cenarás con ellos o con nosotros. Llama en…

-...Caso de emergencias o si la cosa se pone insoportable –terminé la frase de mamá sonriéndole antes de depositar un beso en su mejilla-. Quien debería cuidarse eres tú, no yo. Llámame ante cualquier emergencia por favor.

-Lo haré, cariño.

-Vale. Cuídenla –les dije a mis tíos, quienes sonrieron y volvieron con mamá a ver los escritos sobre la mesa.

Ya en el parque, no fue mucho lo que tuve que esperar a Cassandra, quien me guió hasta un auto completamente negro que parecía del gobierno. Discutimos sobre la manera e que empezaríamos y cuando llegamos a un acuerdo mutuo, ya estábamos nuevamente en su casa.

De día, no se veía tan grande como de noche, sin embargo el toque arquitectónico realista, le hacía lucir como una vieja mansión sobreviviente tras las anteriores guerras alemanas.

-Pensé que mi tío se quedaría con nosotros, incluso le dije que vendría un amigo y sería de muy mala educación la ausencia de uno de los dueños de casa –comentó tras despedirse del chofer que nos trajo.
-¿Y qué te dijo?

-Prometió no demorar mucho y que estaría acá antes de la cena.

-¿Aún dan entrevistas?

-No tan seguido como antes. Cuando están de gira o promocionando un nuevo álbum, suelen estar llenos de ellas, pero en estos momentos no.

-¿Año sabático? –sonreí observando los muebles modernos.

-Año de grabaciones –me corrigió.

Subimos a su cuarto sin importarle mis insistencias respecto a la presencia de un chico en su habitación y de lo que podría decir su padre cuando me viera. Para parecer una completa consentida, su cuarto no parecía estar lleno de lujos; consistía en una cama de cobertor blanco, paredes color lila, cuadros familiares y artísticos, un espejo de cuerpo entero, un escritorio y con computador moderno, una laptop, dos puertas junto al espejo, ventanales, cortinas, y una repisa de muro a muro llena de libros.

-¿”Twilight”? –le pregunté echando un vistazo a los títulos de su colección larguísima.

-Es el primer libro que leí –comentó restándole importancia.

-Nunca he entendido que le ven las chicas a los vampiros, hombres lobos, robots, ángeles, y todas esas cosas. ¿Acaso de mojan con esos tipos?

-Es más simple de lo que crees.

-Explícame entonces, representante del género femenino.

-Es fácil. Las chicas buscan despegarse de sus vidas cotidianas adentrándose en otro mundo. Muchos de los chicos que las rodean son unos completos asnos, así que prefieren leer sobre tipos que no lo son, y que llevan a las protagonistas a aventuras de todo tipo.

-¿Algo así como un chico malo o como Romeo?

-Una mezcla de ambos.

-Pero hay chicos que son así.

-¿Enserio? Llevo diecisiete años de vida y te juro que aún no me cruzo con ninguno.

-Eso es porque vives en un mundo poco sociable. Eres la hija de un famoso, por lo que es normal que tu círculo social se vea afectado por la fama de tu padre. Tiendes a desconfiar de cualquiera que quiera ser tu amigo porque no sabes si quiere aparecer en la prensa y hacer igual de famoso que él, o simplemente quiere tu amistad.

Se quedó perpleja a mi lado, boqueando y con los ojos bien abiertos. Parece que hablé más de la cuenta, porque parecía incómoda cuando reaccionó y empezó a mirar a su alrededor.

-¿Acaso piensas como las chicas? –bromeó con una risa amarga tomando el un libro de historia universal de su repisa y acercando una segunda silla a su escritorio.

Es parecido a mi historia de vida, no puedo hacer amigos porque los relacionaría con un mundo al cual no quieren pertenecer ni por mera curiosidad… carraspeé sacando mis libros y dejándolos sobre su escritorio evitando el contacto visual con ella, quien me miraba expectante por una respuesta ante su pregunta.

-¿Acaso no desconfías de mí? Nada te asegura que no busque tu amistad.

-No desconfío porque ni si quiera conocías a mi padre. Además, se nota que a pesar de tu constante mal comportamiento en clases, no te gusta llamar la atención de todos.

Ahora fui yo el que se quedó de una pieza observándola. ¿Acaso es una experta en leer conductas? Da igual, ésta era una lección que me decía que debía ser más precavido que antes.

-Mejor comencemos antes de que se nos haga tarde –murmuré abriendo el índice de uno de los libros y dando la conversación por terminada.

Al poco rato después, cuando nos planteábamos si mencionar los datos curiosos sobre la conducta de Hitler además de su historial psiquiátrico, su padre irrumpió en su habitación, saludándonos impresionado por la cantidad de papeles desperdigados por la alfombra persa. Le explicamos lo que hacíamos y concordó con que mencionáramos el nivel de locura del antiguo líder de masas.

-Tendrán pruebas de la locura de él. Y si algún profesor les dice que es un trabajo impresentable, pueden contar conmigo ante cualquier cosa que se les presente –sonrió sentándose junto a nosotros en la alfombra-. ¿Por qué no están en el escritorio? Terminarán con dolor de espalda.

-Nos faltaba espacio –se excusó Cassandra.

-Hm… en ese caso, hubiesen bajado.

-Da igual, estamos cómodos acá y sería una pérdida de tiempo bajar.

-Bueno, hagan lo que deseen –sonrió encogiéndose de hombros, vi a Cassandra algo impresionada con las palabras de su padre como si no las hubiese escuchado jamás en su vida o como si estuviera hablando en chino mandarín-. ¿Cómo te ha ido, Alexander?

-Dile Sascha, es más corto –sugirió con una sonrisa enorme, mi versión femenina.

-Cassie, no puedes…

-No se preocupe, señor. De hecho, pienso que leyó mi pensamiento ya que quería comentarle lo mismo – ¿qué planeaba mi mente al dominar mi voz y defenderla de una recriminación paterna? Rasqué mi cabeza algo incómodo al notar lo que dije.

-Sascha… normalmente a quienes tienen tu nombre, se les dice Alex. Jamás escuché ese diminutivo.

-Es ruso –murmuré hojeando uno de mis libros leyendo cada título y viendo cada imagen para evitar la mirada de ellos.

-¿Ru… ruso? –parecía impresionado por su tono de voz.

¡He aquí la pista que necesitabas!... Levanté la vista firmemente notando que sus ojos me observaban muy abiertos.

-Uno de mis tíos vive en Rusia y encontró un apodo cómodo a mi nombre. Al principio sólo él me llamaba así, pero al tiempo después todos preferían ese diminutivo… a excepción de cuando me recriminan algo.

Mamá…

-Los padres suelen ser así cuando cometes errores –comentó Cassandra aún teniendo a su padre al lado.

-No podemos tratar con demasiada dulzura a los hijos cuando queremos que aprendan algo.

-En mi caso, sueles ser mi tíos los más exagerados que mi madre… la mayoría de las veces –sonreí sabiendo que aunque no tenga un padre biológico presente en mi vida, los tenía a ellos que eras prácticamente unos padres adoptivos.

-Bueno, no eres el único. Mi tío Bill suele reemplazar a papá cuando él no está.

-¿Y él… tiene hijos?

Cassandra miró a su padre esperando a que él respondiera y saliera de su repentino asombro ante mi pregunta, cuando volvió a tierra firme, entendí que era algo complicado de hablar ese tema.

-Una vez estuvo dispuesto y se imaginó siendo padre, pero de eso ya van años. Y su novia quiere formar una familia, pero él se niega rotundamente antes de salir corriendo.

-Pero se supone que lo tienen todo. Dinero, fama, éxito, inspiración, una banda reconocida a nivel mundial, pareja… ¿por qué no quiere dar el siguiente paso? –insistí algo sorprendido ante la testarudez de este tipo llamado Bill.

Mi versión femenina volvió a mirar a si padre, quien parecía algo complicado con mi pregunta y buscando las palabras correctas para no hablar más de lo que debe. ¿Qué ocultaban estos dos hermanos? ¿Qué podía ser tan doloroso o terrible como para no poder ni nombrarlo? ¿Qué pasó para que Bill no quisiera tener hijos?

-Bill es algo… negado. Creo que simplemente no quiere que haya una persona más importante para él que Cassandra.

-¿Acaso no sería mejor que se operara para quedar infértil? –preguntó ella tratando de cambiar de tema a uno más llevado a la biología, en donde no entraban temas muy incómodos como el de su tío con pintas de amargado social.

-Eso sería un recurso demasiado exagerado, cariño… sería como castrarte.

Me reí ante su extraña comparación de infertilidad. Él sonrió satisfecho por producir un efecto irrisorio en ambos y se levantó del piso estirando su espalda adolorida y estirando su ropa. Murmuró algo en voz baja y sonrió.

-Bueno, iré a terminar de preparar la cena. Espero que en diez minutos bajen o me lo comeré todo yo –ambos asentimos sonriéndole hasta asegurarnos que se fuera cerrando la puerta de la habitación.

Cassandra me miró seriamente antes de volver la vista a sus anotaciones sobre lo que hasta ahora llevábamos en el trabajo. Ahora que volvía a aterrizar en el espacio actual, entendía que me había pasado. Estoy en un territorio que no es mío haciendo preguntas que no me incumben… ¿o sí? Vale, sé que seguramente no es normal que pregunte sobre un tipo amargado que ni conozco o he visto, sin embargo el hecho de que quizás esté estrictamente relacionado conmigo es algo que no puedo olvidar.

-¿Pregunté demasiado? –murmuré escribiendo en detalle las últimas horas de vida del régimen nazi.

-No es eso –dijo dejando el bolígrafo junto a los papeles para mirarme fijamente-. Es simplemente que no sé qué pasará si le preguntas algo a él… ya sabes, algo delicado.

-¿Por qué?

-Es que no es lo mismo hablar con mi padre a que con él. Para ser gemelos, son muy diferentes. Sólo ellos se conocen completamente y no se guardan ningún tipo de secreto, sin embargo quien tiene mejor disposición para hablar sobre el pasado es papá.

-En ese caso será mejor que le preguntemos a él –sugerí restándole importancia a su preocupación.

-Es que él tampoco sabe toda la historia detrás de mi tío.

-Pero me acabas de decir que no se…

-No hay secretos. Pero mi tío prefiere ni referirse a ese tema antiguo… es como si algo de él lo repeliera. Y por eso papá acepta su negación.

-¿La negación de procrear?

-Ajá. Yo creo que mi padre sabe el motivo y por eso respeta su decisión.

-Entiendo.

No. No entendía ni con ecuaciones la decisión tan obstinada de este tipo frente a un tema que sensibiliza hasta al más frío. ¿Qué habrá pasado? Algo debió impedir que su proyecto de vida se desplazara por el de follar a cualquier modelo que se le cruzara. Quizás presenció algo repugnante y quedó traumado, o mató a alguien. Pero mamá ha matado a gente y no queda tan mal, de hecho no es vegetariana.

Terminamos de anotar lo último cuando Tom nos llamó y bajamos mientras planeábamos el orden cronológico en el informe escrito. Jamás me cansaría de ver los cuadros de ésta mansión/casa/casona, eran geniales y le quitaban el toque anticuado reemplazándolo por uno moderno.

El comedor era lo suficientemente grande como para diez personas y un poco más. La mesa era de vidrio con detalles típicos del art nouveau, y las sillas eran de una madera oscura con detalles iguales. La mesa estaba llena de diferentes comidas, y había más puestos de los que imaginaba. Claro, en ellos estaban los miembros de la banda (Georg y Gustav) además, de un tipo que no conocía y que a penas entré me miró con la boca abierta. ¿Qué? ¿Otro más? ¿Qué me ven? Tom lo presentó como Andreas, un amigo de la familia que no forma parte de la banda. Claro, el tipo me preguntó de dónde salí y Cassandra le respondió que somos compañeros y que no fuera grosero. No había ninguna mujer a excepción de ella, lo que me recordaba a la última cena de Da Vinci.

-¿Y tus padres? –preguntó Tom.

-¿Qué pasa con ellos? –pregunté tomando un sorbo de refresco preparándome para la escena donde me miraban como cordero degollado.

-¿En qué trabajan?

Papá ausente, mamá espía… ¡ah! Y si tienen a alguien que no deseen ver nunca más, me avisan y yo le digo, eh.

-Mi madre es una agente de negocios –dije mirando a cada uno de ellos esperando sus reacciones.

-¿Y tu padre? –preguntó Georg.

Miré a Cassandra sonriéndole con una pizca de humor negro antes de responder mirándolo fijamente con una indiferencia que asfixiaría a cualquiera.

-No tengo. Sé que está vivo pero no lo conozco, por lo que no tengo uno.

Reacciones en 3, 2, 1… Un cubierto del plato de Tom cayó sobre su plato sonando estruendosamente, y Gustav me miró sin inmutarse a diferencia de sus amigos que parecían incómodos.

-Yo… -murmuró limpiándose la boca con la servilleta.

-Ni lo sientas, Tom. Es un tema superado al que no le doy  mucha importancia. De hecho mis tíos se encargaron de llenar esa imagen paterna ausente en mi infancia, se podría decir que son como mis padres adoptivos.

-Me alegro mucho, Alexander –sonrió apenado y los demás siguieron con su comida -. ¿Y cómo van tus avances con la guitarra?

-Bueno, hace poco escuché un amigo me enseñó una canción de ustedes en el instituto. Dice algo de… ¿sentirse clautrofóbico?

-“Break away” –dijo Gustav.

-No recuerdo el nombre pero empieza con unos acordes agresivos y pegajosos que se repiten durante toda la canción –tarareé un poco recordando como empezaba.

-Esa misma –sonrió Tom.

-¿Enserio?

-Ajá –asintió Georg ya más relajado.

-Genial. Estoy tratando de hacerla rápido, pero se me enredan los tiempos y los dedos.

-Si quieres te la enseño luego, los años de práctica nunca se van de mis manos.

-A excepción con las chicas –murmuró Georg guiñándome un ojo.

-De hecho a Alexander le va muy bien con las chicas del instituto –comentó Cassandra.

-¿Enserio? –dijo Andreas impresionado. Aún más de lo que ya estaba.

-No me interesa tener una relación. No ahora cuando prefiero… fijarme en otros objetivos.

-¿Cuáles?

-Bueno, buscar a…

Una voz ingresando a la casa/mansión/casona, interrumpió mi respuesta. Hablaba rápido y entre dientes, lo suficientemente agresiva como para mantener a cualquier tipo indeseado alejado. Miré a Cassandra y ella lentamente asintió.

Lo siguiente fue demasiado rápido para mi mente, cuya única función fue procesar ese asentimiento; Un hombre alto y delgado con un abrigo negro y cabello corto, dejó un bolso sobre un mueble, dejó las llaves colgadas y sin soltar el teléfono de su oreja, se deshizo del abrigo exponiendo una camiseta manga larga blanca y holgada, jeans ajustados y zapatillas sueltas. El tipo tenía porte de modelo y parecía ser todo lo contrario a Tom.

-…no, enserio… ¿sabes? Es problema tuyo si no me crees, de hecho, no pienso gastarme una explicación contigo… ¿y desde cuándo te importa algo más que tus putos tacones?... tonterías, no tengo nada que  excusar… te dije que estaba hablando con David y me mandaste a la mierda porque según tú ando de cachondo por la vida… ¿¡Yo!? Jajajaaaaa... vale, avísame cuando andes de humor. Ciao.

Tom, molesto con la escena de lenguaje vulgar y arrogante observó a su hermano con una cara de mil metros. Georg cruzó sus manos frente a su boca tratando de ocultar la sonrisa. Gustav observaba también molesto al tipo de la entrada, y Andreas abrió la boca de par en par pasando la mirada de él a mí, maldiciendo en susurros. Nuevamente, me sentía como un completo extraño en una situación bastante incómoda.

-La próxima vez, trata de discutir con Lena fuera de la casa, o fíjate si hay invitados presentes o no, Bill –dijo Tom con un tono demasiado serio que desconocía hasta ahora.

Espera… ¿Bill? ¿Bill Kaulitz? El hermano gemelo, aquel que podía ser mi padre, el tipo amargado… estaba frente a mí.

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Hallo Gurls! les adelanto el capítulo de mañana porque estoy en semana de pruebas, trabajos e informes, por lo que dudo tener el suficiente tiempo de subirles un capitulo... espero que les guste! ;-)

PD: Seguramente notarán que cambié las imágenes del lado derecho... y que cada vez se pone mejor la fic :)

jueves, 5 de septiembre de 2013

Capitulo 14 (Tercera Temporada)

El nombre de mi madre no era común acá, de hecho no había alemanas que tuvieran su nombre. ¿Cómo era posible todo esto? La probabilidad de que una mujer tuviera ese nombre acá era una en millones, y que justamente unos Kaulitz conocieran a alguien con ese nombre era única. Cassandra también enmudeció al leer mi rostro, seguramente recordando la última conversación que tuvimos en donde le dije el nombre de mi madre.

-Es ella –susurró atónita.

-Aún no estamos seguros.

-Pues te ayudaré a comprobarlo.

-¿Cómo?

-Te llevaré a casa suponiendo que tenemos trabajos que hacer y siempre somos juntos porque somos amigos.

¿Qué les daban a las chicas de comer? ¿Pollo con hormonas o vegetales superdotados y transgénicos? Sacan ideas de lo más bizarras con tal de lograr sus propósitos a como dé lugar. Persuaden, convencen, ruegan, imploran y lloran como magdalenas con tal de que se les dé en el gusto. En este caso, la imaginación de Cassandra podía beneficiarnos a ambos; ella para su tío, y yo para utilizar el famoso método del descarte a la hora de saber quién es mi viejo.

-Hecho –sonreí concluyendo mis fugaces pensamientos en voz alta y a la vez aceptando su propuesta.

-En caso de que no nos resulte el plan… creo que recurriremos a un investigador privado de esos que salen en las películas.

-¿Acaso existen?

-No sé –sonrió como si perteneciera a un mundo totalmente abstracto y lejano a este-. No tenemos nada que perder, Alexander.

-Dime Sascha. Es más corto que Alexander –agregué sabiendo que nuestra relación dependería de su estado anímico y de cuán relacionada conmigo estuviera. Vale, no es lo mismo que enamorarla… ¡Puede ser hasta mi prima!

-¿Sascha? ¿Por qué así?

-Es la abreviación de mi nombre en ruso.

-Oh… entiendo. Sascha. No suena tan mal.

-O llámame como quieras. Da igual.

-Ok, entonces… ¿cuándo empezamos?

-Cuando quieras, sólo que hay veces en las que no podré debido a viajes familiares.

-¿Viajes familiares? ¿Dónde?

-En realidad son laborales, y depende de dónde soliciten los negocios de mi madre.

Depende de quién debe asesinar y dónde, o de lo que debe recuperar. Ella no negocia, ella aniquila. Deberían tener un manual para callar inconscientes habladores.

-Debe ser una mujer muy ocupada.

-De hecho tiene todo el tiempo del mundo cuando está en casa, cuando viajamos es cuando a penas la veo, pero ya estoy acostumbrado y creo que ella también.

-¿Y eso es bueno?

-No lo sé –me encogí de hombros sin saber qué contestar. Ni si quiera me había planteado esa pregunta.

-¿Te parece si el domingo cenas con nosotros en casa? Inventaremos la excusa de un trabajo para álgebra, ahí sí que nos creerán… espera, ¿eres bueno con los números?

-Eso creo –lo suficiente como para mantener a los profesores sonrientes y comiendo de la palma de tu mano.

-¡Genial!... emmm… ¿te parece si nos juntamos acá mismo?

-Suena bien, ¿a qué hora?

-Nueve.

-Ok.

Me fui en busca de mi perro que estaba cogiéndose como el animal que era a una perra mucho más pequeña que él. Claro, costó hacerle entender que la calentura tenía que controlarla hasta que cedió a los tirones de la correa. ¿Realmente quería empezar este nuevo plan? Ya ni lo sabía. Estaba empezando a dudar si era bueno o malo irrumpir la paz de una familia cuyo centro parece ser una adolescente malcriada y creativa. Si llegaba yo, seguramente estallaría una guerra mundial, sólo en el caso de que fuera el hijo de ese tal tío suyo amargado-folla-modelos.



*             *             *



-…Y Lisa mencionó que le gustabas sin saber que yo estaba delante suyo escuchando.

-¿Quién es ella?

-Una tipa de grandes senos, pelo negro y labios siempre rojos… creo que está contigo en arte.

-¿Una putita?

-Lo dudo. Más bien es demasiado calienta pollas según lo que he escuchado.

-Entonces todavía es virgen.

-Se rumora que sí… deberías averiguar entre los chicos, ellos comentan más que las mujeres.

-Es que ni tengo ganas de follarme a alguien.

-¿Impotencia, Sascha? –se rió la muy burlona mientras recogíamos nuestros almuerzos y buscábamos un lugar donde sentarnos en el casino.

-Se llama “otros asuntos”, Bianca. A los viejos les da eso.

-¿”Otros asuntos”? ¿No será un asunto llamado Cassie?

-No.

-¿Entonces?

-Actos inmorales –sonreí lascivamente mientras me dirigía a una mesa en el exterior, por suerte no había sol ni hacía mucho frío.

-¡Oh por Dios! –chilló dándole su puro toque de monja escuchando perversidades y llamando la atención de quiénes estaban a nuestro alrededor.

-Modérate –farfullé blanqueando los ojos.

-¡Mi primo es un pecador de primera clase!

-¿Qué? ¿Tan pronto y lo quieres hacer público? –me reí a carcajadas sentándome frente a ella.

-Te gusta lo público. No sé qué tanto te quejas… espera, ¿qué hiciste esta vez?

-Graffitis inentendibles en el baño de mujeres y hombres.

-¿Piso?

-Segundo.

-¿Visto?

-Pooooooooor miles.

-¿Y la Hitler?

-Buscando culpables por los salones. Pasó por el mío diciendo “el que no hable, será un cobarde de por vida y ante las leyes de Dios y Alemania” –dije imitando la voz chillona de la directora.

-¿Enserio? ¡Qué chiste! –se rió probando su budín mediterráneo para darle el visto final.

-Ni tanto. Por suerte dudo que encuentren al culpable, lo que me dará la ventaja de hacer otra estupidez.

-Estupidoadicto.

-Igual que tú.

-Oye, a que no sabes a quién enviaron a dirección hoy.

-¿A quién?

-A tu Cassie.

-No es mía. Además tú fuiste la que vendió mi privacidad por veinte euros.

-Los necesitaba.

-¿En qué?

-Cosas de chicas –sonrió guiñándome un ojo.

-¡Bah! Tonterías… las chicas sólo compran cosas de sus ídolos, ropa, maquillaje y tampones.

-Inteligente descripción, Alexander. En fin, según lo que oí, insultó a la profesora de inglés porque según Cassandra ella no sabía modular perfectamente el inglés británico y diferenciarlo del inglés norteamericano.

-Bueno, creo que en parte es verdad.

-Lo es, sólo que nadie se atrevía a decírselo por su mal carácter diario.

-Yo se lo habría dicho si pusiera atención a sus clases –murmuré jugando con mi comida mientras la observaba.

-Me dijeron que discutieron feo. Muy feo, y que todo acabó cuando Cassandra la empujó justo cuando la directora daba su paseo matutino por los pasillos. Llamó a su padre pero vino el manager ya que él no estaba disponible, el tipo le bajó la gravedad al asunto y todo finalizó con un día de detención después de clases.

-¡Guau! Ojalá todos pudiéramos reducir nuestros castigos con un manager.

-Pensé que ella te gustaba.

La miré detenidamente alzando mis cejas, impresionado por su errónea teoría, y fue inevitable no carcajearme en su cara por muy descortés que fuera. ¿Era enserio? ¿Realmente pensaba eso? ¡Es imposible amar a alguien que se parece escalofriantemente mucho a ti!

-Hey, no es para que te burles tampoco –murmuró tomando un poco de su coca cola.

-No me puede gustar, Bianca –dije secando las lágrimas de risa y yendo a por un sorbo de mi zumo de naranja.

-¿Por qué? Se parecen mucho.

-Exactamente por eso. No soportaría estar con alguien que me sigue en mi historial rebelde.

-Entonces, ¿qué tipo de chicas?

-Tetas y trasero. Eso importa.

-¿Acaso piensas con la polla?... ¡Agh! Típico de hombres –dije molestándose y blanqueando los ojos.

-No busco a alguien, Bianca. Para mí, todo llega cuando menos lo esperas.

-Terminarás solo y con mil perros en una montaña dándotelas de ermitaño.

-Viejo ermitaño, entonces seré.

-Cassandra y tú son como una pareja perfecta, ¿por qué no la invitas a salir?

-Hey. Espera un poco y para de insistir.

-¿Esperar a qué, que encuentres a tu rubia tetona? –se puso los lentes de sol y siguió comiendo con indiferencia. Guau, ya le veía canas verdes del enojo.

-Escucha, ella y yo somos… socios –si, buena palabra para describir nuestro plan.

-¿Socios? ¿Trafican o qué?

-Estamos en el desarrollo de una investigación muy importante, y sólo ella me puede ayudar.

-¿Tratar de conquistar el mundo?

-Ojalá –sonreí complacido ante la idea-. Es secreto de estado, así que no te lo puedo decir.

-¿Atentados secretos? Jamás te vi como terrorista.

-Me refiero a que es algo entre ella y yo… por eso somos “colegas”. No hay nada más ¿vale? Y no insistas más o créeme que ya no taparé tus cagadas.

-Vale. Vale. Ok, entiendo. No me meto en tus asuntos.

-Gracias –sonreí.

Divisé a Matt y le hice una seña para que se sentara con nosotros y sonrió acercándose. Este tipo, sí que sabía cómo subirle el ánimo a cualquiera y despejar la mente entre risas y estupideces. Se sentó junto a Bianca, quien para mi sorpresa se sonrojó a penas Matt le sonrió cordialmente, ¿era enserio o sólo fue un producto de mi imaginación? Hm… igual sería mejor que su anterior novio punk.

-Estoy fatal –se quejó sobándose las sienes y mirando su comida.

-¿Gripe? –preguntó mi prima.

-Ojalá lo fuera –gimió observándola detenidamente.

-Cuenta porque no somos adivinos –le dije alzando una ceja.

Se puso sus lentes de marco psicodélico evitando el reflejo del sol sobre la mesa, y tomó su tenedor empezando a jugar con su comida.

-Estoy que me pudro en química inorgánica.

-Ah… te ayudaría pero soy extremadamente malo enseñando química.

-Necesito la mejor nota del mundo para no ser comido por los leones, viejo. Es terriblemente feo.

-¿Qué es terriblemente feo? –murmuró Bianca algo colgada por el lenguaje algo innovador de mi amigo.

-¡Eso, que voy a podrirme si no obtengo un glorioso aprobado!

-Ah… si quieres yo te ayudo –se ofreció toda amable como jamás en su vida, ¿alguien tenía un diccionario de chicas? Si no existía, debían hacerlo ahora mismo-.  Soy buena en química, yo te puedo enseñar.

-¿Enserio? –dijo repentinamente más animado con cierto resplandor en su rostro.

-Por supuesto, estás hablando con la próxima Marie Curie.

-¿Enserio sabes enseñar? –pregunté empezando a dudar de sus intenciones.

-Sí, y si no me crees, pregúntale a cualquiera de mis amigas.

-De tus amigas, paso. Sólo te preguntaba.

-¿Entonces cuando empezamos? –preguntó Matt sonriéndole directamente con su sonrisa de hippie irradiando paz a todo aquel que lo viera.

-Cuando quieras.

-Ahora tengo tiempo libre, si quieres vamos a un lugar más silencioso y…

-¿Vamos a la biblioteca? Te juro que amo el olor de las hojas viejas.

-Bueno –recogió su bandeja al tiempo que Matt comía solamente su postre y los vegetales del plato a una velocidad feroz.

Volvía a quedar solo. Daba igual. Como dicen, es mejor estar solo a que mal acompañado.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Capitulo 13 (Tercera Temporada)

-¡Buenos días! –murmuré sentándome junto a mamá.

Tras despertar al medio día, bajé las escaleras para excusarme con mis tíos y Bianca por mi falta de autocontrol y fugarme en plena noche dejando a mi madre preocupada. Ellos me dijeron que en mi ausencia, mi madre quiso esperar en el umbral de nuestra casa a mi regreso sin despegarse de una copa de vino y su teléfono además de enviar mensajes de vez en cuando. Junto con ponerme al día respecto a lo que pasó anoche, los regaños llovían por todas partes en especial por Bianca, quien lo primero que hizo fue estampar su mano en mi mejilla y gritarme que no lo hiciera nunca más.

Ahora, para disculparme, preparé su desayuno por muy tarde que fuera. Vale, reconozco que podría despertarla y decirle que lo sentía pero no suelo ser muy bueno con las disculpas… por lo menos ella me conoce demasiado e interpretaría de la mejor forma una bandeja con comida.

Dejé la bandeja en la mesita de noche junto a una foto de ambos y mecí suavemente su hombro para que despertara de una vez. A penas abrió sus ojos me observó por unos segundos como si mirara una rareza. Sonreí tratando de mostrarme casual para no asustarla.

-¡Sascha! –se lanzó a mis brazos casi asfixiándome y pude oír sus casi imperceptibles sollozos. Guau. ¿Enserio me extrañó tanto?

¡Es tu madre idiota! Y cualquiera pensaría que hasta Jack el destripador se topó contigo. Vale, un punto a favor para mi subconsciente.

-Hola –susurré sintiendo una leve picazón en mi garganta producida por su abrazo.

Se separó de mí y vi sus ojos llorosos. Quería lucir furiosa pero el leve tic en sus cejas delataba cuan feliz estaba de verme. Tomó mi quijada con una de sus manos hundiendo mis mejillas y presionándolas fuertemente.

-¡Nunca más vuelvas a hacer eso, Alexander Kaulitz! O te juro que la próxima vez no te salvarás –gritó en mi cara enterrando sus uñas en mis mejillas.

-¡Auuuuuuu! –Aullé al sentir la presión aún más fuerte de sus dedos en mi rostro -¡Dueleeee!

-Y más te vale que te duela porque… -pestañeó mirando a su alrededor y viendo sus ropas de la noche anterior. Realmente cualquier pensaría que estaba loca con solo observar sus cambios anímicos -. ¿Cómo llegué hasta acá?

Vale. No más gritos ni regaños… por ahora.

-El tío Erik te trajo, ma.

-¿A qué hora llegaste?

-Yo qué sé… simplemente llegué tarde y cuando te encontré estabas dormida acá.

-¿Dónde estuviste?

En la casa de Tom Kaulitz, un guitarrista alemán, ma. Deberías conocerlo. ¡Ah! Incluso casi me atropella.

-En un parque.

-¿Tantas horas?... no me mientas, Sascha.

-Pues me quedé dormido sobre un árbol de un parque que debe quedar como a diez cuadras… yo qué sé –dije restándole importancia al asunto de la noche anterior.

-Ok… al menos estás vivo, sano y en tu casa –vio la bandeja con su desayuno y sonrió tomándola y dejándola en sus piernas aún cubiertas con una manta, no sé si me subió la sangre a la cabeza o qué pero me sonrió y tuve que desviar la mirada algo impaciente-. Está bien. Disculpas aceptadas.

-Hm…

Probó el té y sonrió más relajada después de encontrarme.

-Está delicioso…

-Lo sé.

-¿Y tus tíos?

-Como las visitas se quedan acá, no sé qué están haciendo. Pero los demás fueron a cambiarse de ropa y luego volverían para pasar la tarde acá.

-¿Anoche abriste con tus llaves o te trepaste?

-Llamé al tío Gaspard, ma. Y el tío Erik me abrió luego de un sermón.

-Era lo menos… realmente nos preocupaste a todos, cariño.

-Lo sé. Y… yo…

Dilscúlpame, mamá.

-Está bien… Comprendo tu enojo porque sé que tienes razón al molestarte por no saber quién es tu padre.

-Se te enfriará el té. Después hablamos.

-Ok. Gracias por el desayuno, Alexander.

Me fui no sin antes depositar un beso en su frente. Quizás percibió que le oculté algo respecto a lo de anoche o que mi actitud no era del todo normal. A ella nadie la hacía tonta. O por lo menos no conozco a alguien que pueda mentirle con facilidad a mamá.

Le puse la correa a Aki y me dispuse a salir de casa para despejar mi mente y organizar mis recuerdos de la noche anterior. El clima no me favoreció mucho para salir, ni mucho menos el pollerón delgado y la chaqueta de cuero. Suelo ser de presión baja desde que nací, un defecto al cual estoy acostumbrado y que por suerte no ha pasado más allá de un desmayo. Me puse el gorro del pollerón verde oscuro y dejé que mi perro me guiara por las calles. Hoy, él estaba al mando de mis pasos… más que nada era para que cagara o meara sin ponerse nervioso de tenerme tras él porque a veces se chupa y pasa días sin hacer… sus necesidades.

En cuanto levanté mi mirada después de observar la bola de pelos frente a mí oliendo anos ajenos y ladrando, me convencí de que mi perro era un canino místico. ¿Los perros pueden leer la mente de sus dueños? Pues yo creo que sí porque el muy peludo parecía decirme “¿Acaso no estabas acá anoche? ¿Lo recuerdas, mamón?... Si querías pensar debías volver a la escena del crimen ‘amo’. A mí no me haces el tonto, eh”. Siguió caminando y le solté la correa para que dejara de joderme con sus comentarios sarcásticos.

Espera… ¿Un perro psíquico? Vale, es bien genial pero el mío con suerte hace lo que un perro debe hacer, así que… si, el golpe de anoche debió ser bien fuerte como para llegar a pensar estas mierdas.

-¿Alexander?

Observé la dirección de la voz sin tener demasiados ánimos de conversar con alguien. No ahora. No en este momento. No en este lugar.

Pero claro, ¿cómo negarme a hablar con una de los involucrados en el suceso de hace menos de 24 horas? La observé sin saber qué decir… ¿”Hola”? No. No tengo ni ganas de abrir la boca, sólo de pensar. Se quitó sus lentes de sol gatunos y sonrió delatando el brillo labial en su boca. Llevaba dos trenzas y un gorro sobre su cabeza de esos bien coloridos y con pompones.

-¿Te comieron la lengua los ratones? –preguntó ante mi descortesía de devolverle el saludo.

Señalé mi garganta con una cara demasiado fingida de dolor. Como efecto, se rió a carcajadas y me empujó un poco más fuerte de lo que haría una chica. ¿Acaso era machorra?

-Esa ni me la creo, eh. Llegaste sano y salvo a tu casa así que no puedes inventar que no tienes voz.

Seguí caminando ignorando sus pasos detrás de mí. ¿Acaso no podían dejarme ni un puto segundo tranquilo y en silencio? Parecía ser que mientras más me alejaba, más eran los que me seguían o me buscaban por muy arrogante que suene.

-Vale. Trataré de no ser tan antipática ¿ok? –dijo llegando a mi lado y anclando su brazo con el mío. Esta tipa sí que es rara.- Bueno, si seré la única que hable, espero que me escuches.

Asentí resignado a su compañía.

-Espero que tu cabeza esté bien por el golpe de ayer.

Asentí haciendo una mueca.

-Verás, mi padre a veces suele ser despistado. En especial cuando se trata de… bueno, ese tipo de necesidades fisiológicas… ¡Ah! Ahora que lo recuerdo tenemos una conversación pendiente.

Frené en seco mirándola con un signo de interrogación en la cara. Las mujeres suelen hablar de “temas pendientes” pero no se explican a la primera… ¿quién las entiende? Al menos mi madre suele ser más directa al decir las cosas. Cassandra me miró seria y en su frente se divisó una pequeña arruga entre sus cejas.

-¿Por qué no me dijiste antes tu apellido? ¿Por qué no me dijiste que eres un Kaulitz?

Vaya. Directo al grano… casi como yo cuando hablo con mamá. Me encogí de hombros restándole importancia a mi nombre.

-Es sólo un apellido alemán. Además pensé que los rumores corrían rápido por este instituto… prácticamente todas las personas que me hablan ya saben cómo me llamo así que…

-¿Ah sí, señor importante? Tú sabías que era una Kaulitz…

-Ya te dije que es sólo un apellido. Da igual.

- Sólo hay dos familias Kaulitz en Alemania. La mía y una en Colonia.

-Pues yo no vengo de ninguna de ellas. Así que para de insistir.

-¿Entonces de dónde sacaste tu apellido?

-No sé… mi padre está muerto y no es tema.

Soltó una carcajada y seguí caminando sin perder de vista a Aki. ¿De cuál se fumó esta tipa?

-Bianca me lo dijo.

-¿Decirte qué?

-Que no conoces a tu padre. Que no tienes un…

Puta Bianca. ¿Desde cuándo divulga mis cosas?  Se supone que somos cómplices de las mierdas que hacemos. No quería quedar como el “pobrecito” que no tiene padre y que ni lo conoce. Caminé más rápido dejándola atrás… si me quería molestar, este no era el momento adecuado. Escuché mi nombre entre sus pasos acelerados por alcanzarme hasta que se plantó frente a mí. ¿Iba enserio? Estaba a punto de gritarle que me dejara sólo hasta que lo soltó una vez más.

-¡Hey! Está bien, se lo pregunté a ella porque quería conocerte más. Y me costó que lo soltara… tuve que darle treinta euros.

¿¡SE VENDIÓ POR TREINTA EUROS!?

-No es razón suficiente para que te metas en mi vida.

-¿Me dejarás explicártelo o no?

Vaaaaale… sólo un poco de paciencia más.

-Está bien.

-Eso se lo pregunté luego de que te fueras de la biblioteca. Me dijo que tu madre y sus padres y tíos pactaron no mencionar nada de él. Y…

-¿Y? Continúa o me voy.

-Tampoco es para que te pongas así, Alexander.

-Te estás metiendo en donde no te corresponde.

-¿Ah no? ¿Qué pasaría si te digo que mi padre le comentó a sus amigos que te parecías demasiado a mi tío Bill?

-Tu padre con suerte me ha visto dos veces así que ni me conoce.

-Y Geo y Gustav te han visto sólo una vez y también notaron el parecido.

-¿Dónde quieres llegar, Cassandra?

-¿Cuántos años tienes?

-Diecisiete casi dieciocho.

-Y yo diecisiete recién cumplidos.

-¿Ya y?

-Algo pasó el año en el que nací.

-¿Algo?

-En mi familia, nadie habla de lo que pasó con mi tío cuando mamá y papá se conocieron. Aquel tema que te mencioné sobre las causas de que mi tío sea agresivo con las personas que no conoce.

Mamá y mis tíos tampoco mencionan nada. Esto daba miedo, escalofríos y náuseas. ¿Realmente podría ingerir lo que se viniera? ¿Realmente un tipo agresivo y antipático podría ser mi padre? En ese caso prefería a un motoquero empedernido antes que un viejo gruñón. Espera. A veces yo… también soy así. M I E R D A.

-Cuando regresaron después de ir a dejarte escuché algo de que ella se fue sin decir nada a nadie y que realmente te parecías mucho a mi tío. Dijeron que tenías los mismos rasgos que él e incluso las mismas expresiones faciales.

-No sé nada de él –murmuré aún petrificado con cada palabra que me decía.

¿Acaso es posible que…?


-Mencionaron a una (name).