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jueves, 10 de abril de 2014

Capitulo 48 (Tercera Temporada)

Sonó tan ajeno que no dijera “nuestro hijo” que creo que eso me dolió más que el hecho de que me gritara. Alexander era un Kaulitz, era el fruto de nuestro amor y él parecía preferir omitir esos detalles que para mí eran más que importantes. Pero no era tiempo de recriminar, sino de responder a sus preguntas y explicarle lo complicado que fue todo. Apoyé mis manos calientes en la mesa, buscando la frescura del marfil.

-Porque tenía miedo.

Lo miré fijamente a los ojos, esperando a que un rayo de comprensión cruzara su mirada, pero era muy temprano para eso, muy temprano para esperar a que me perdonara. Esto ni si quiera parecía ser el comienzo.

-¿De qué?

-De lo que pasaría.

-¿Por qué no te explicas más? Por una puta vez en tu vida habla más de cuatro palabras.

-¿¡Qué querías que hiciera Bill!? –Estallé a punto de alcanzar un nivel de locura que ni yo esperaba-. Estaba sola y trabajo para un mafioso en cuyo vocabulario no figura la palabra embarazo, sino que aborto. Y no estaba dispuesta a matar a un niño que ni si quiera era culpable de nacer. Tenía miedo de mi futuro, de hacerme vulnerable porque tener un hijo jamás estuvo en mis planes.

-¿¡SOLA, (NAME)!? Siempre te dije que contabas conmigo para lo que quisieras, sabes que así fue. Siempre estuve ahí para ti y tú te fuiste como una maldita cobarde.

-No tenía opción, Bill. No tengo más opción que proteger a Alexander de mi mundo y el tuyo.

-¡TU MUNDO ES UNA MIERDA! –Se acercó y yo traté de alejarme pero mis pies no me respondían, era como si tuviera un imán en las botas-. Todos te santifican como si fueras una figura milagrosa y lo peor es que les crees y caes redondita en lo que te dicen.

-Sé que no soy una santa, Bill. Mato gente, estafo, robo, miento… ¿acaso no merezco el peor de los infiernos? Te oculté la verdad, y este es mi castigo en vida.

-También era mi hijo, ¿no es así?

¿Qué tan profundo estaba dañado su corazón, mi corazón y nuestra relación? Cada vez que nos encontrábamos salían nuevas heridas a flote y nos heríamos más de lo que dos personas harían normalmente. 

Y cuando trataba de alejarme de él, de alguna u otra manera terminábamos frente a frente creando nuevas heridas que agravar en un futuro. No podía seguir recibiendo su mirada dolorosa, porque hería aún más mis sentimientos y necesitaba decirle, de una vez por todas, la verdad de estos dieciocho años.

-¿No crees que por algo lleva tu apellido? –No esperé su respuesta y seguí con las palmas de mis manos húmedas con el nerviosismo-. No te lo dije porque sabía que no me creerías al decirte que de repente estaba embarazada cuando ya sabías que era infértil. ¡Ni si quiera yo entendía el error en mi cuerpo! Estaba asustada, y veía que tu carrera iba en ascenso y que yo no podría figurar en ella con un hijo en mis brazos que cuidar.

-¿Y por eso te fuiste? ¿Huiste de la noche a la mañana sin decirme nada porque estabas embarazada? Todos estos años he tratado de buscar una explicación lógica para tu desaparición, traté de contactar a tus malditos amigos, te llamé más de doscientas veces, (name) y nunca respondiste ni diste la cara. ¡ME SIENTO EL PEOR PADRE DEL MUNDO, LA PERSONA MÁS MALA DEL PLANETA! ¿¡Y sabes qué es lo peor!? Que ni si quiera es mi culpa.

-No lo entiendes, Bill, yo…

-¿¡ENTONCES EXPLICAME PARA DE UNA VEZ POR TODAS ENTENDERTE POR UNA PUTA VEZ EN MI VIDA!?

Me paralicé de verdad, él nunca me había gritado tanto en la vida ni mucho menos maldecido como ahora lo hacía. Siempre había dulzura en su voz, ese amor que nunca creía merecer… en cambio ahora sólo escuchaba lo mucho que me odiaba y mi mundo parecía venirse cada vez más abajo, hundiéndose en el núcleo de la tierra hasta hacerse añicos. Y por mucho que lo mereciera más que a nadie en este mundo, no quería que fuera así.

-Me separé de ti porque la mafia se empezó a meter en mi vida… y en la tuya. Llegaron amenazas a tu casa cuando empecé a quedarme en ella tras lo sucedido en el departamento, me deshice de ellas cada día, pero una era peor que la otra y sabía que esto se pondría cada vez peor si seguía contigo, Bill. No quería dañarte a ti ni a tu familia por culpa de mi trabajo, así que decidí desaparecer de tu vida para no ponerlo en peligro. Ya no podía seguir destruyendo tu vida con mi presencia.

-La dañas aún más con tus mentiras.

¿Cuánto duele ser lastimada por la persona que más amas en este mundo? Parece tan indescriptible esta sensación de pérdida que mis pensamientos se nublan al igual que mis ojos. Es como construir una torre con tres pilares sabiendo que siempre faltará uno y que tarde o temprano se caerá.

-Fui a Nueva York porque fue el primer vuelo que encontré, apagué mi teléfono y decidí no dar vuelta atrás por mucho que quisiera quedarme a tu lado. No sé cuántas botellas bebí ni cuantas cajetillas fumé.

-¿Cómo supiste lo del embarazo entonces?

-Cuando empecé a vomitar lo poco y nada de comida que ingería. Todos los test que me hice resultaron ser positivos y me asusté demasiado sabiendo que un hijo terminaría de destruir mi vida, así que llamé a Gaspard y…

-Un hijo no destruye, (name)… era también mi hijo. Es mi hijo, y felizmente me habría encantado verlo crecer como tú lo hiciste.

-Bill…

-No, (name). Me privaste de ser el padre que Alexander nunca tuvo y eso no te lo perdonaré jamás. ¿Acaso no pensaste en que tarde o temprano lo sabría? Porque me habría encantado verlo nacer y oír sus primeras palabras.

-¡Tenías una carrera por delante! –Mi desesperación no podía ser más, estaba perdiendo al protagonista de mis sueños y mi vida como si fuera arena entre mis dedos y no veía la salida de este oscuro túnel-. ¡Un niño arruinaría completamente todo lo que soñaste y lo tiraría por la borda Bill! ¿De qué forma te explico que esto lo hice por los dos?

No sé en qué momento se acercó tanto a mí porque en ningún momento me atreví a mirarlo directamente y soportar además de sus palabras, el odio y el dolor en su mirada. Tomó mi quijada con fuerza, sin importarle el daño que me hacía con tal de que lo mirara directamente a los ojos y absorbiera con intensidad cada palabra. Sus dedos debieron empaparse de mis propias lágrimas, sin embargo pareció no notarlo a juzgar por su rostro, o si lo notó prefirió ignorarlo.

-Un hijo no arruina nada. Alexander habría sido feliz.

Eso me rompió definitivamente, haciendo trizas lo poco y nada que quedaba de mí. Bill había dado en el centro de la diana, con un dardo preciso e hiriente. Las imágenes de mi hijo llorando desde muy temprana edad por las burlas, las palabras insanas y las miradas venenosas que muchas veces lo hirieron, pero que hicieron que se mantuviera en pie por muy pequeño que fuera. Hice todo o posible e imposible para rellenar aquel espacio vacío que dejé en su vida, sin embargo todo me decía que faltaba la presencia de su padre, de Bill. Todos sus problemas, todos sus comportamientos, sus actos criminales y otros de rebeldía, no eran más que mi culpa por mantenerlo cubierto de los ojos de su padre.

Un hijo no arruina nada, es la madre la que lo arruina todo cegándolo de la verdad y la realidad del mundo. Los hijos no piden nacer, perfectamente pude haber abortado cuando Pantera me dio la opción de hacerlo. Pero necesitaba a Alexander porque era lo único que me quedaba de Bill, y no podía vivir sin amar algo de él. No puedo ahora ni nunca.

-Te amé durante todos estos años incluso sin saber de ti, Invasora ¿y así es cómo me devuelves la jugada? No sé si odiarte o sentir lástima de tu egoísmo.

Alejé mi cabeza de sus manos bruscas, pero pareció empeorar más cuando tomó ágilmente mi cabello, enredándolo entre sus dedos y tirando de él para no perder la cercanía de su mirada. Tenía buena resistencia para el dolor físico y mental, pero al parecer en casos personales me convertía en la mujer más débil y anti-yo. Tomé su antebrazo tratando de alejarlo, pero mientras más me oponía su agarré continuaba siendo dañino.

-Suéltala.

No pude ver su rostro, pero supe inmediatamente de quién se trataba. Bill se tensó aún más y tras un leve tirón, me soltó apoyando ambas manos en la mesa junto a nosotros. Mi cabello enmarañado, impedía que Alexander viera mi rostro lloroso y seguramente pálido por lo que no me peiné el desastre que dejó su padre en él.

Era el día esperado, el momento que tanto había esperado, sabía que había escuchado los gritos y cada palabra dañina. Quería explicarle todo con más detalles, contarle sobre mi relación con Bill y eximirme de la culpa que cada vez absorbía más mis pensamientos. Y aquí estábamos; madre, padre e hijo, reunidos tras dieciocho años. Ahora, mi pequeño niño de sonrisas reservadas sabía sin preámbulos quién era su padre.

-Si vuelves a tratar así a mi madre, no responderé por mis actos –su voz sonó fría, amenazante, enfurecida y contenida, como si quisiera enjaular a la bestia dentro de él con todas sus fuerzas.

-Ella fue la que te ocultó de mí, Alexander –se justificó y casi pude sentir su dedo apuntándome.

-¿Cómo terminaste con un cantante famoso, mamá? –Estaba a punto de responderle pero siguió hablando-. No, mejor ni me lo digas. Debí suponer que el tatuaje “libertad” sólo pertenecería a un tipo como él.

-Alex…

-Ni me hables –me gruñó.

Arreglé mi cabello y limpié mi rostro con la tela de mi ropa antes de observarlo. No, no debí hacerlo. Si con las palabras de Bill ya me sentía como la peor persona, con el rostro de mi hijo me sentía hecha polvo. Él jamás me había mirado con tanta rabia contenida, con su mandíbula tan apretada y sus ojos enfurecidos. En una situación paralela, me habría reído ante la misma cara que tenían padre e hijo.

-Y tú no llores –ordenó, sus puños de apretaron a cada lado de su cuerpo y prosiguió-. Gracias, ma. Realmente me diste el mejor regalo de cumpleaños en mi puta vida.

Me dio la espalda y no fue hasta que escuché que otros decían su nombre que empecé a preocuparme. Cuando llegué a la sala, todos me observaron tanto adultos como jóvenes, pero me daba igual. Mi hijo no estaba y me temía lo peor. Salí al ascensor pero todos estaban en distintas plantas. Tomé uno al primer piso, pero cuando llegué Sascha ya había arrancado en la motocicleta que recibió por parte de Gaspard.

Alguien chocó contra mí, pero me dio igual mientras seguía corriendo por la calle tratando sin éxito de seguir a mi hijo hasta que desapareció entre el tráfico. Alguien tomó mi brazo, yo qué sé quién fue, ya ni eso importaba. Me sentía muerta en vida, totalmente invisible y sin alma. Me abrazaron, pero lo único que veía era la dirección por la que desapareció mi hijo buscando maneras de hallarlo y decirle que volviera a casa.



TOM

Daba igual, cuántas vueltas diera por la ciudad, no encontraría el auto de Bill antes de que llegara. Por primera vez, consideraba a mi hermano como un peligro al volante y me asustaba el sólo hecho de ver un auto parecido al de él chocado. Mamá se quedó en casa ante posibles noticias de mi gemelo, pero la verdad era que dudaba que llegara directamente a casa. Había llamado tantas veces a Cassie, con el corazón a mil, que después de un momento opté por dejarle un mensaje pidiéndole la dirección.

Estaba aterrorizado. Las personas más importantes en mi vida estaban en algún lugar que desconocía y ni si quiera sabía si seguían con vida. No tenía el teléfono de Alexander o (name), ni si quiera el de Erik, y a medida que pasaban los minutos, tenía la sensación de que algo andaba mal. Necesitaba saber la ubicación de Bill y mi hija, saber que estaban bien y que él no había cometido ninguna locura. No, era obvio que iba a hacer algo.

Me salté muchas señales del tránsito, quizás unos tres semáforos en rojo y unos cinco pasos peatonales mientras observaba los estacionamientos en las calles y las patentes. No, ninguna figuraba como la puta patente de Bill. Ya estaba a un paso de perder la cabeza, a sólo un paso de gritar el nombre de mi hermano cuando el teléfono vibró con un mensaje. Me detuve en seco, ignorando los gritos furiosos de los conductores. Era la respuesta que tanto esperaba de Cass y a juzgar por la dirección, estaba a solo unas cuadras de distancia. Lo que me sorprendió fue su mensaje final:


“(...) Será mejor que te apresures, papá.
Esto se está poniendo terrible a juzgar por los gritos”


¿Gritos? ¡Oh, mierda! ¿¡Qué hizo Bill!!? Era evidente que había formado un lío de palabras mayores como para que Cassandra dijera que se estaba poniendo terrible. Estacioné el vehículo a unas cuadras, con teléfono en mano y caminé a paso rápido hasta el edificio que veía a lo lejos. Hacía un frío de esos que calan los huesos y hacen que duela, incluso llevando un buen abrigo se podía sentir el viento helado recorrer la espalda. Mucha gente me miró totalmente asombrada, pero ignoré las miradas mientras buscaba un rostro conocido al cual acercarme.

Y no fue hasta que estuve a sólo una cuadra cuando divisé una figura delgada, pálida y de vestimentas oscuras cuando noté que todo iba mal. Muy mal. Mucha gente la observaba con curiosidad, totalmente petrificada en la calle mirando un punto fijo y sin expresión alguna. Un hombre entrado en años la pasó a llevar pero no lo notó. Ella no estaba aquí, estaba en sus pensamientos, en su mundo fuera de las calles de Berlín.

Nunca había visto a (name) así, a la espía fuerte, fría y calculadora totalmente frágil en medio de la calle, con el maquillaje corrido y el cabello enmarañado. Bill debió hacer algo terrible, y ella era simplemente lo que el huracán dejó en tierra. Tomé su brazo, pero no fue consciente de ello, y la guié de regreso a su casa. Busqué el número del edificio hasta dar con él,  e ingresé explicándole al conserje que era amigo de ella. Bueno, más bien ex cuñado. No fue hasta que el ascensor paró en su piso cuando pareció volver al planeta Tierra y mirarme con ojos entristecidos y curiosos.

-¿Qué haces acá?

-Protegiéndote del frío.

-No tengo frío –caminó por el pasillo con ojos vacíos y ninguna expresión.

-(Name)…

-Lo siento, Tom. Ahora no.

Su voz era un susurro como los que emiten las hojas de un sauce. Realmente Bill debió excederse con ella a juzgar por su aspecto tan… demacrado.

Dejó la puerta abierta en su casa, sabiendo que mis insistencias no frenarían pese a su extraña conducta. No esperaba (o quizás sólo un poco), encontrarme con todos reunidos. Los compañeros de Cass y los amigos de (name). Sólo faltaban Bill y Alexander. Imaginé lo peor; Bill secuestrando a su propio hijo, pero Alexander no era tonto. Todos me miraron, mi hija me observó con ojos llorosos junto a Bianca, la hija de Erik. Los demás jóvenes cuchicheaban entre ellos con teléfonos en mano y expresiones serias.

-¿Y Alexander?

Gaspard fue el primero en acercarse con un leve asentimiento. Vi un obsequio sin abrir en una mesita, y un plato con un trozo de pastel en otra. Bill no eligió mejor momento que el cumpleaños de su hijo.

-Nadie sabe dónde está, se fue tras saber la verdad.

-¿Bill…? –oh, no. Toda la culpa era mía.

-Tu hermano es el peor imbécil que he visto, ¿sabes? Es todo un animal –gruñó en voz baja para no asustar a los demás.

-Todo esto es mi culpa –y realmente lo era, porque no supe controlar el impulso de callar-, lancé la verdad de un sopetón sin fijarme en las consecuencias que traerían.

-Estuvo a punto de golpear a (name).

Espera, ¿mi hermano, el blandengue y dulce Bill, golpeando a (name)? Esto estaba realmente lejos del alcance de mi conocimiento y parecía sacado de una película dramática. Pero mi subconsciente  decía que todo es posible en Bill cuando está enojado, desde tirar objetos hasta gruñir como loco. Nunca imaginé a mi hermano fuera de sus casillas más de lo que conocía.

-¿Dónde está?

-Se fue tras arruinar la fiesta –dijo Lily, la chica que recordaba haber visto junto a Gaspard. Ahora estaba embarazada y parecía estar a punto de explotar.

-¿Con Alexander?

-No sabemos –susurró abatida.

-Lily, será mejor que te recuestes –le sugirió Gaspard tomando su mano-. No le hará bien al bebé que no descanses bien.

-Pero…

-Solucionaremos esto –le dijo Erik con un intento de sonrisa.

-Ok, gracias. Buenas noches.

Todos se despidieron de ella, y Gaspard la acompañó desapareciendo ambos por el pasillo oscuro. El ambiente era tétrico y tenso, como cuando muere alguien y todos se consuelan los unos a los otros. Pero nadie se atrevía a consolar a la persona más dañada, nadie quería cruzar la puerta de la cocina y contenerla para que se sintiera más tranquila. Quizás temían a su reacción, a lo que podría hacer con solo ver a alguien que no fuera su hijo… Dios, nunca terminaría de entender a las mujeres.

Se escucharon ruidos estruendosos, de loza quebrándose, cosas cayendo y vidrios rompiéndose. Todos dieron un salto al mismo tiempo y sus rostros empalidecieron con preocupación, ¿acaso nunca habían visto a (name) fuera de sus casillas? Bill y (name) parecían estar envueltos en una turbulenta locura que no tenía fin. Quizás debí preparar más a Bill antes de lanzarle la verdad en la cara, tal vez decirle poco a poco las cosas, pero Bill sería igual o peor de impulsivo de ser así. ¿Y si se lo hubiese dicho ella? Seguramente habría escuchado y luego tirado todo a la borda, pero Alexander seguiría ignorando la verdad. Seguí los pasos de Erik hasta la cocina con temor ante lo que me encontraría, pero con la seguridad de tratar de detener a (name).

-¿Andas con tus pastillas, Rebbeca? –le preguntó a la mujer que debía ser la madre de Bianca a juzgar por el parecido.

-¿Pastillas? –pregunté totalmente extrañado.

-Para dormir –explicó la mujer extendiéndole una tableta de aluminio con pequeñas pastillas blancas.

-No creo que sea la solución correcta.

Pero los estruendos en la cocina parecieron asegurar lo contrario a mi opinión. Los amigos de Alexander estaban espantados, sin saber qué hacer, todos hacían muecas de incomodidad y no fui el único que lo notó.

-Chicos, ya es tarde y deberían descansar. Hay un cuarto de huéspedes al fondo. Hay sacos de dormir y camas, cualquier cosa nos pueden avisar.

-¿No será mejor que nos unamos al plan de búsqueda? –dijo uno de cabellos rojos desordenados.

-¿Y si llamamos a la policía?

Un escalofrío me recorrió por completo con la mención de la policía. Podría ser una buena ayuda, pero no podíamos meterla debido al riesgo que corrían todos por ser testigos y ex integrantes de la mafia. Y todos debieron pensar lo mismo.

-No será necesario, pedirán un rango de 48 horas de desaparición, y no podemos esperar demasiado.

-Oh… entonces será mejor que nos unamos y…

-Chicos –interrumpió Rebbeca con una sonrisa transparente-. Entiendo que sus intenciones sean honestas, pero realmente no hay mucho que hacer por ahora. Será mejor que se queden porque pronto empezará a llover, realmente agradecemos su preocupación.

Todos se resignaron y desaparecieron frente a nosotros, Rebbeca se quedó con Bianca y Cassandra, mientras yo y Erik hacíamos nuestra entrada sigilosa en la cocina. Todo era un desastre de magnitudes, el piso parecía un campo minado lleno de restos rotos de muchos colores, las puertas de los muebles estaban abiertas y si no fuera por la pequeña figura oculta junto al horno, habría jurado que esto parecía un asalto.

Nos acercamos sigilosamente tratando de no alterar a (name). Parecía absorta en sus pensamientos, sus mejillas húmedas y sus manos ensangrentadas. Era una imagen onírica, como si fuera un mundo paralelo, porque (name) nunca lloraba ni se comportaba así. Erik tomó un vaso que milagrosamente salió ileso, depositó agua en él y se puso a la altura de ella.

-Necesito que tomes esto –le susurró con un cuidado sin igual.

Ella pestañeó como si hubiese salido en un trance, lo miró con ojos suplicantes y más lágrimas salieron de ellos. ¿De dónde salía tanta pena? Era como si estuviera bloqueada. Erik introdujo la pastilla dentro del agua y se lo tendió a (name) en los labios para que no moviera sus manos dañadas.

-Mi hijo… necesito encontrarlo –balbuceó hipando.

-Bebe el agua, (name) –acarició su cabello mientras ella le hacía caso como una niña perdida-. Todo irá bien… Sascha aparecerá y todo volverá a ser como antes.

Él siguió repitiendo esas palabras luego de que (name) bebiera todo el contenido, incluyendo la pastilla. La abrazó con cuidado sin detener el mantra, hasta lentamente el cuerpo de la Invasora empezó a ceder, poniéndose lánguido y con sólo balbuceos adormilados saliendo de su boca. Ahora entendía cuán necesario era que (name) descansara, durmiera y controlara la agonía que la invadía. Era una madre desconsolada, que prefería morir antes de ganarse el odio de su hijo, y lo entendía perfectamente desde mi rol de padre.



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Muchas gracias a todas las que se preocuparon por mí debido al terremoto que hubo en el norte de mi país. Por suerte, vivo en la capital y aquí no se sintió nada, en especial en un piso 16. 

 Disfruten el capítulo y comenten!!

jueves, 3 de abril de 2014

Capitulo 47 (Tercera Temporada)

BILL

Conozco a mi hermano gemelo desde mucho antes que tuviera consciencia de su existencia, era mi mejor amigo, mi compañero de vida y mi sangre. Nos defendíamos mutuamente a puños cuando alguien quería herir a uno de los dos, nos apoyamos en el otro cuando nuestros padres decidieron divorciarse y hemos luchado por nuestros sueños con la ayuda del otro. Sé que sin él no puedo vivir, porque sería como si me faltase la mitad de mi alma. He confiado en él todos mis secretos, hasta los más oscuros y yo los suyos. Jamás nos ocultábamos algo, jamás.

Pero todo esto parecía pertenecer a una época pasada, porque ya casi podía ver la grieta que nos separaba y se tragaba muchas cosas buenas con ella. ¿Cómo puede callar cosas que sabe que son importantes? ¿Cuántas veces nos decíamos que en realidad somos una persona dividida en dos cuerpos? Me sentía traicionado por mi propia otra mitad, como si al menor descuido decidiera apuñalarme por la espalda. Todo este tiempo creí que ella me había dejado porque no me amaba, porque prefería su estúpido trabajo vendiéndose para la mafia… que todo esto fue sólo un juego para ella. Me sentía mareado de tan sólo pensar en la confesión de Tom, porque por primera vez aquel instinto de que algo de mí quedaba pendiente en algún lugar del planeta, parecía aclararse aún más.

Y ahora… no sabía distinguir la verdad de la mentira porque ya nada era lo suficientemente creíble y explicable en mi mente. Era como si un golpe se hubiese llevado todo el aire de mis pulmones llevándose con él mi fuerza. Observé a la mujer que me dio a luz agitando mi brazo mientras hablaba en algún idioma que no quería oír, decía mi nombre, lloraba y podía ver la desesperación en sus ojos. No podía abrazarla, tocarla o decirle algo que no viniera con palabras dañinas de las cuales me arrepentiría un millón de veces en el futuro.

-Bill…

Mi vista cambió a la persona frente a mí, sentía mis ojos ardiendo, mi furia crecer y hacerse más violenta con solo ver su cara de preocupación. Podía percibir su nerviosismo esperándose cualquier cosa de mi parte, pero creo que jamás imaginó que estamparía mi puño en su mejilla con tal violencia que casi se cae. Mamá gritó algo, llorando y acercándose a mi gemelo mayor. De repente me sentía presente en el aquí y ahora, sintiendo mis nudillos arder y una posible herida, pero lejos, la peor parte la tuvo Tom ya que escupió sangre al suelo blanco e inmaculado.

-Desde cuando lo sabes.

-Bill, hijo…

-No te metas –mi voz se escuchaba extraña, grave y agresiva. Mis manos temblaban listas por más, y podía sentir mis músculos tensos. Observé a mi hermano que se apoyaba en un pilar dejando una huella de sangre en este mientras recuperaba el equilibro-. Responde.

-Hace un mes aproximadamente, Bill. Y el día en que chocó mi auto y tú viniste por nosotros, confirmó mis suposiciones.

-¿¡HACE UN MES, TOM!? –Le grité incapaz de contener por mucho mi furia, porque de verdad me sentía engañado y traicionado por mi mejor amigo-. ¿¡Y TODO ESTE TIEMPO HE ESTADO CIEGO!?

-Mamá –jadeó escupiendo un poco más-. Vete.

-No lo haré mientras Bill recupere sus casillas.

La observé totalmente consternado, ¿por qué no se sorprendía tanto como yo? ¿Por qué parecía extrañamente más nerviosa que antes? ¿Por qué no le decía nada a Thomas? Y la respuesta la supe antes de si quiera hacer la pregunta correcta, porque era evidente que ya lo sabía.

-Vete –le ordené conteniendo toda mi ira lo más que pude.

Mamá me observó con ojos asustados y completamente descolocados. Tom le murmuró algo sin dejar de verme, y desapareció en el interior de la casa dejándonos completamente solos. El labio de Tom se estaba hinchando y su piercing colgaba del labio, lo había rajado.

-Así que soy el imbécil al que todos le ocultan todo ¿verdad? Porque es un hecho que mamá lo sabía, y apuesto a que Georg, Gustav y Andreas también. ¡Ah! ¿Y qué me dices de Andrea?

-Nuestros amigos lo intuían, porque era evidente el parecido pero no les he dicho nada.

-¿¡Y CUANDO PENSABAS EN DECÍRMELO, EH!? –sentí que mis sentimientos abrumaban mi cabeza pensando en que he tenido a Alexander frente a mi todas estas veces y no he sabido que era mi hijo. Oh… mi hijo.

-(Name) te lo quería decir con sus propias palabras, y me hizo prometer que así sería.

-Claro, y tú como siempre le sigues el juego callaste todo este tiempo ¿no? –No esperé su respuesta, me acerqué un poco más-. Soy tu hermano, Tom, tu gemelo.

-¿¡Y CÓMO QUERÍAS QUE ACTUARA BILL!? PONTE EN MÍ LUGAR POR UNA PUTA VEZ.

El frío comenzó a helar mi rostro y mi piel, pero no me importó en absoluto. Sentía la molestia de un nudo en mi garganta crecer más y más, debilitándome tanto como el agujero en mi pecho lo hacía. Miré a mi hermano, y obedientemente pude entender con un poco de empatía que si Andrea hubiese hecho lo mismo que (name) seguramente haría lo mismo que él y tarde o temprano le diría a Tom la verdad. Pero no lo justificaba del todo.

-¿Cómo lo supiste? –murmuré tratando de controlar mi respiración y mi voz.

Suspiró relajándose en su lugar, como si con su respiración botase un peso de su cuerpo. Se limpió por última vez la boca con su ropa y tiró del pequeño metal de su labio, guardándolo en la palma de su mano.

-Porque se parece demasiado a ti. Quizás es un poco más maduro que tu a su edad, pero sigue siendo como tú. Es músico, Bill, compone canciones y te ha ayudado con algunas, le va excelente en el instituto, es rebelde… ¡es igual a ti!

-Eso no es suficiente, Tom. ¿Cómo puedes estar tan seguro? Ella se ausentó por años y…

-Exactamente dieciocho años y siete meses, Bill.

No sé cómo habrá sacado el cálculo tan correcto en segundos, pero de lo que estaba seguro era que sus palabras no mentían por muy traicionado que me sintiera. Lentamente, estaba siendo consciente que de quien hablábamos era de un hijo mío y de (name)… Dios, la única persona con la que pensé en la paternidad fue con ella y ahora me entero que tenemos un hijo. Alexander era un Kaulitz y hace unos días lo tuve frente a mí, ¿cómo no pude notar el parecido o que había algo más?

“-Tu madre debe ganar mucho como  agente de negocios –dijo Gus.

-Su fuera por ella, trabajaría en algo que no arriesgara su trasero –respondió el chico-. Es un área demasiado privada internacionalmente, y no cualquiera tiene acceso a ese tipo de trabajo.

-¿Es de la CIA?

-No. Pero ella simplemente… sobrevive.”

Recuerdo que la primera vez que lo vi, pude ver la foto en la pantalla de su teléfono… era ella, (name) sólo que no se divisaba bien ya que estaba con Alexander y la foto estaba en movimiento. Y tal vez en ese momento creí que fue un simple error o algo así, pero ahora me parecía todo lo contrario como si todo empezara a calzar a la perfección. Debí suponer que era su hijo por la manera de expresarse, por evadir preguntas y por el sarcástico humor que tiene. No obstante, era demasiado información que procesar y necesitaba respuestas antes de que las preguntar empezaran a acumularse en mi cabeza, confundiéndolo todo aún más.

-¿Estás llorando? –me preguntó sorprendido.

Toqué mis mejillas notando que estaban húmedas y empapadas. No era sudor, eran lágrimas que no salieron durante años. Seguramente, esperaban a este momento para salir de una vez por todas por mis ojos, porque ya ni recordaba la última vez que lloré. Mis manos estaban frías, y podía notar que Tom tiritaba. A medida que oscurecía, podía notar que el frío era más intenso. Borré el rastro de las lágrimas con mis brazos, dándolas por perdidas en silencio.

-Todos estos años nunca supe que tenía un hijo y…

-Sé cómo te sientes pero…

-No, no lo sabes Tom. Porque Cassandra es tu hija y la viste nacer, dar sus primeros pasos y decir sus primeras palabras. En cambio yo…

-Es su cumpleaños ¿no es así?

Lo observé, y recordé lo que Cassandra me pidió con tal rapidez que no noté que había entrado a la casa en busca que una chaqueta, las llaves, mi billetera y teléfono. Mamá estaba en la cocina, y pude notar las cajas de sus medicinas en la mesa frente a ella. No le dije nada por mucho que ella esperaba una respuesta, porque era tan cómplice de Tom seguramente lo era Andrea. Ignoré los gritos de Tom a mis espaldas y los ladridos caninos que me seguían por la casa.

-¡CASS ES HORA DE IRNOS! –grité desde el inició de la escalera.

Para mi suerte, la vi bajar antes de que Tom se lo impidiera y me siguió a pasos apresurados haciéndome preguntas sobre su padre y su rostro manchado de sangre. Estaba asustada, pero me daba igual porque no tenía tiempo de repensar las cosas. Cerré la puerta de entrada a sus espaldas con un palidísimo Tom gritando desde adentro que me detuviese de una puta vez. No lo haría, no ahora que tenía un motivo realmente importantísimo por el que manejar a toda prisa por las pistas de Berlín.

-¿Tío?

-Abróchate el cinturón, Cassandra.

-Me estás asustando, tío. ¿Qué le pasó a mi papá? ¿Le pegaste?

-Dime la dirección.

Salí del estacionamiento a toda prisa y Cassie lanzó un chillido. Me dio la dirección con voz temblorosa y ojos llorosos. Sí, era la misma del departamento de (name), por lo que no cabía duda de que Alexander y ella estaban en el mismo saco. Mi teléfono insistentemente dentro del bolsillo de mi casaca, pero Tom tendría que esperar por un largo rato antes de que volviéramos a hablar. Por ahora, estaba molesto y no quería saber nada de él y su promesa a la Invasora. Algún estúpido imprudente tocó la bocina de su auto desde atrás, le hice un gesto obsceno y luego vi la cara de enfado de Thomas siguiéndome las pistas desde su auto.

Me daba igual. Yo quería hablar con ella y aclarar todo esto de una puta vez.



INVASORA

-Apaga las velas –le susurré como siempre lo he hecho.

Si no fuera por la ayuda de Lily y Rebecca, el pastel sería un completo desastre. Pero había quedado tan hermoso como los que muestran en los programas de televisión. En el centro, decía con chocolate “Feliz cumpleaños Sascha” rodeado por dieciocho velas azules y crema. Sopló las velas, y el griterío de sus amigos comenzó como si fuese año nuevo. Todos nos reímos cuando uno de ellos empezó a cantar una canción en algún idioma incomprensible. Deposité todas las velas en un platito y partí en cantidades exactas y equitativas el pastel, sirviendo a casa uno de los invitados un plato. Luego, los adultos nos retiramos a un lado para darle espacio a los chicos que parecían estar encantados con el regalo de Erik mientras se turnaban a reían.

Los cumpleaños de mi hijo solían ser tranquilos, con sólo la familia como invitada y sin jóvenes de su edad como invitados ya que a él no le gustaba demasiado el compartir con sus compañeros. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión para sus dieciocho? Porque junto a él había seis adolescentes locos que no paraban de sacar sonrisas abiertas en Alexander, incluyendo a Bianca. Alemania estaba cambiando a Alexander de una manera positiva que me asustaba; tenía amigos, sonreía más, hacía menos preguntas sin respuesta y se veía más relajado. ¡Renunció a la mafia para ser un chico normal! Y aunque sé que eso es bueno, no dejaba de preguntarme qué lo llevó a tomar esa decisión que definiría su futuro.

-Alexander con amigos es como verte a ti con pantalones.

Alcé la ceja totalmente sorprendida por su comentario y derramé un poco más de vino en mi copa antes de volver la vista.

-Estoy usando pantalones –indiqué mis jeans ajustados.

-Lo que significa que acierto en lo que digo –dijo Gaspard.

-Hace demasiado frío para usar vestidos o faldas.

-Los vestidos nos brindan un toque femenino –defendió Rebecca.

-¿No se les congela el trasero? Porque…

-Por algo uso pantalones cuando tengo frío, Gasp.

-Al menos ahora sabemos que Sascha no es gay –murmuró con una sonrisa abierta Erik y todos nos matamos de la risa.

-¿Qué no sabes que se ha acostado con muchas chicas? –Le respondió Lily-. Es todo un galán entre los de su especie.

-¿Especie, Lily? Ni que fuéramos extraterrestres –Gaspard blanqueó los ojos y Lily depositó un pedazo de pastel en su boca para que callara.

-Ese chico es todo un rompecorazones –aseguró Rebecca.

-Mientras no me haga abuela tan pronto, no me quejaré.

-No creo que te haga abuela, el chico sabe cuidarse –dijo Lily.

-¿Acaso te habla de sus polvos? –inquirió sorprendido su hermano.

-Claro que no. Es obvio.

-Pues… yo no lo veo tan obvio –aseguré.

-Eso es porque eres su madre, en cambio nosotros somos sus tíos y…

-¿Entonces Bianca es lesbiana? –preguntó Erik mirando a su hija jugar entre tantos hombres.

-¡Dios, ni lo digas Erik! ¿No ves que quiero nietos?

-¿Bianca? ¿Lesbiana? Realmente lo dudo porque es demasiado femenina para ello.

Saqué del mueble otra botella de vino al ver que ya se había vaciado la que estaba sobre la mesa de la cocina. Realmente no imaginaba a esa chiquilla siendo lesbiana porque parecía comerse con la mirada al chico de camisa hawaiana y ojos sonrientes. Si fuera lesbiana, además, no estaría maquillada ni tan arreglada entre tantos hombres.

-¿Con quién dejaste al perro? –pregunté recordando que Aki ya no se quedaba con nosotros debido a una ley que prohibía mascotas en los edificios de Berlín.

-Nuestra vecina tiene a una niña que ama al perro así que lo dejamos con ellos –dijo Rebecca sonriendo.

-Será mejor que no le digas a Alexander si no quieres que se enfurezca en su día.

-¿Por qué? Es sólo un perro.

-Sabes que no, Erik. Para él y para mí es más que un peludo animal.

Todos sabían el motivo de mi respuesta por lo que el silencio se hizo incómodo durante un instante mientras escuchábamos las maldiciones de los chicos y el sonido del televisor. Sabía que le tema de Bill no les incumbía mucho pero les disgustaba saber que le estaba escondiendo la identidad de mi hijo. Por eso callaban, porque no querían cargar con enojos y peleas en una fecha tan importante como el cumpleaños de mi hijo.

-¿Ya le diste tu regalo? –me preguntó de repente Rebecca.

-No. Planeaba dárselo cuando sus amigos se fueran.

-O sea mañana porque es un hecho que pasarán toda la noche metidos en esa cosa –sonrió Erik como si hace unos segundo atrás no hubiésemos estado incómodos.

-Bueno, estoy pensando en hacer de mi casa un hotel, así que no tengo problemas.

-Nunca pensé que tendría tantos amigos, (name). Al parecer es bueno socializando.

-Bueno, debió sacarlo del lado Kaulitz porque dudo que del mío sea así.

-Espero que nuestro niñito sea igual que él, cariño –murmuró Lily tocando su panza.

-Por supuesto que lo será, sus padres son unidos y tienen mucho amor que darle.

-¿Desde cuándo tan cursi, Erik? –dijo su esposa pellizcando su mejilla.

-Vale, ¿acaso no dije lo mismo cuando tuvimos a Bianca?

-No que yo recuerde.

Todos estallaron en carcajadas mientras seguían molestando a Erik por su repentino acto de amor con su primo. Se puso rojo de la vergüenza, y se molestó un poco cuando Gaspard comenzó con sus sarcasmos, pero nada que los llevara a los puños. Después de un rato decidieron quedarse en el balcón, vigilando de reojo a los chicos que seguían metidos en el mismo juego, totalmente enviciados, por lo que aproveché de lavar la loza sucia y Lily me ayudó a secarla.

-¿No saldrás con los demás? –le pregunté.

-No quiero pescar un resfriado o Gaspard jamás me lo perdonaría. Además, hace un frío terrible.

-Si quieres puedes recostarte, mi cuarto está al fondo –le ofrecí pasándole un lote de cubiertos limpios y mojados.

-No sé cómo pudiste mantenerte tan activa durante tu embarazo, (name). Yo me canso a cada rato y los pies se me hinchan con facilidad ¡ni si quiera mi anillo de bodas entra en mi dedo!

Sonreí porque Lily me recordaba a mí cuando tuve a Alexander. Siempre con el miedo de que saliera mal, pero tratando de hacer lo mejor que pude por él. Visitaba bibliotecas todas las semanas para leer un libro diferente sobre el embarazo y los cuidados de los bebés. Escuchaba todo tipo de música y compraba ropa celeste para el pequeño que tenía en mi panza. Muchas veces me pregunté si Bill habría armado la cuna o habría pintado las paredes de su cuarto, imaginaba que besaba mi panza y le hablaba al pequeño que crecía en mi interior, entre otras cosas.

-No lo sé tampoco, Lily, pero te puedo asegurar que después del nacimiento sólo rogarás por dormir un poco más antes de escuchar al bebé llorar por cólicos o hambre.

-Rebecca me dice lo mismo, y la verdad es que me da miedo el momento en que nazca y…

-Gaspard estará contigo. Te ama y no te dejará sola.

-Gracias.

Y por primera vez en la noche, quedé sola cuando ella se recostó debido al cansancio que producía el embarazo. Alexander estaba conversando con sus amigos y de vez en cuando notaba su mirada vigilando mis movimientos. Me tomé un café para calentar mi cuerpo y limpié la cocina dejándola pulcra. Todo estaba en orden, yo estaba tranquila los demás también por lo que no había nada de qué preocuparse. Bianca entró en la cocina en busca de bebidas y más cosas para comer, y con una sonrisa dulce volvió a su puesto en el sofá entre mi hijo y el chico que camisa floreada.

A noche iba de lo más perfecta dentro de lo posible; mi hijo estaba totalmente feliz con las personas que lo querían. ¿Qué más podía pasar? Mi hijo no paraba de reírse y sonreír, no se mantenía quieto ningún instante con sus amigos. Erik, Rebecca y Gaspard, por otra parte, estaban poniéndose al día entre copas en el frío del balcón. Quizás yo debía unirme a ellos, reírme un poco y relajar mi cuerpo. Iba a por ello cuando el timbre sonó, y con ello una seguidilla de golpes insistentes. Me acerqué a ella siendo observada por Sascha, quien parecía tan impresionado como yo.

-¿Invitaste a alguien más? –le pregunté.

-Están todos acá.

-¿Seguro?

-¿Cuándo no he…?

-Falta Cass –murmuró Bianca.

-¿Quién?

-Cassandra Kaulitz, tía.

Oh… con que la había invitado a casa. Realmente esa chiquilla me llamaba la atención, había escuchado tanto de ella y ni si quiera la he tenido frente a mí.

-Bueno, entonces debe ser ella.

Quité los cerrojos de la puerta justo en el momento en que debí retractarme al hacerlo. Algo se removió en mi interior con intenciones de salir huyendo como mis pies querían, sin embargo me quedé estática cuando empujó la puerta haciéndose ver al máximo. Una chica rubia lo acompañaba, esa debía ser Cassandra a juzgar por su aspecto juvenil. Parecía estar terriblemente asustada, temblaba y sus ojos no podían estar más abiertos. Y entendía perfectamente el motivo sin darle demasiadas vueltas al asunto. Empujé a Cassandra dentro de la casa, viendo que Alexander también parecía sorprendido por verla. Ella me miró totalmente desconcertada.

-Quédate con ellos –le ordené con voz firme.

Avancé a la cocina, sabiendo que me seguiría pero no esperé un portazo a mis espaldas. Gaspard había botado la copa y ahora era un montón de cristales rotos, pero no le presté atención. Sabía a qué venía Bill, lo podía ver en su mirada como si fuera una luz cegadora que me gritaba lo que quería. Cerré la puerta detrás de él y me quedé al otro lado de la mesa, evitando cualquier cercanía como la cobarde que me sentía.

Todo él reflejaba una rabia insoportable que merecía ser expulsada por mantenerlo durante todos estos años en la ignorancia. Era como dejarse absorber por un huracán recibiendo toda su energía sin pensar en si sobrevivirás o no. Merecía todo insulto que me dijera, hasta las últimas palabras, y no pretendía interrumpirlo porque sabía que fue un error mantenerlo al margen pese a querer cuidarlo.

-¿Por qué lo ocultaste? –preguntó en un murmuró que me causó escalofríos con lo amenazante que sonó.

Sus ojos, aquellos que nunca pude olvidar hasta en el peor de mis sueños, parecían ser dos agujas afiladas que herían los míos demostrándome cuán terrible era el odio que corría por sus venas como veneno. Todo él expulsaba aquel sentimiento intenso que absorbía con rapidez mis energías consumiéndolas.


-¿¡POR QUÉ NO ME DIJISTE QUE TENIAS UN HIJO!?



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Bueno, les advertí que esta temporada iría un poco lenta ;-)

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