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jueves, 13 de marzo de 2014

Capitulo 45 (Tercera Temporada)

ALEXANDER

-¿Invitarás a alguien?

-Tal vez.

-¿Ese tal vez nos incluye?

Observé su rostro concentradísimo en las zanahorias que cortaba en cuadros tratando de que fuesen lo más perfectas. ¿Acaso la perfección era lo único que les importaba a los retirados y activos de la mafia? Todo aquel que conocía, profesaba el alcanzarla como si fuera el Cielo o las Puertas de San Pedro. Por suerte, creo que mi madre fue la única que no me obligó a seguir “la regla de oro”, sin embargo no la eliminaba de ese fanatismo por la perfección. De hecho, parecía tener toda la concentración puesta en ese pastel que preparaba con ayuda de la tía Lily.

-Por algo están acá –sonreí haciéndole ver lo obvio de la situación.

-Vale, al menos nos tienes considerados con un trozo de pastel… si es que logra ser comestible –me guiñó un ojo mientras observaba fijamente a mi madre.

-Cállate, Ulliel. O te lo comerás todo –gruñó ella como la peor de las enemigas.

-Agrega los huevos –le interrumpió mi tía.

-Vale.

-Mujeres –murmuró el tío Gaspard encogiéndose de hombros.

-Suerte que no tendrás una, señor Ulliel.

Todos quedamos de una pieza con lo que dijo la tía Lily. Nos habían dicho mediante un correo que esperaban a una niña, y ahora nos decían todo lo contrario. Todos la observamos, ella se ruborizó y el tío Gaspard besó su mejilla con una sonrisa orgullosa en la cara. Bueno, ahora sabía que me tendría que preparar para acompañar al pequeño Ulliel a los partidos de fútbol americano o clásico. Le enseñaría guarradas y las leyes de Alexander Kaulitz para conquistar mujeres por doquier.

-¿Qué pasó con que sería una futura bailarina de ballet? –preguntó Bianca.

Vale, si no lo captaban por completo, toda la familia decidió reunirse el día anterior a mi cumpleaños. Se quedarían a dormir (mamá se puso como loca cuando empezó a organizar la casa para recibir a cinco personas, ya que Ian para mi suerte se excusó con una misión), seguramente nos amaneceríamos y algunos se embriagarían, entre otras cosas.

-En la última ecografía, el doctor dijo que sería niño. Sin errores.

-Bueno, Bianca, quiero mi dinero de vuelta –estiré la mano esperando mis cincuenta euros de regreso.

-¿Por qué no esperamos al nacimiento?

-Porque ya es cien por ciento seguro que será un macho como su tío Alexander.

-¿Ya pensaron en el nombre? –preguntó la tía Rebbeca.

-Pues… -empezó el tío Gaspard.

-Planeamos esperar hasta el nacimiento.

Las mujeres siguieron cocinando, el tío Gaspard se separó dejando el corte de zanahorias a medias con la excusa de tener que hablar con nosotros, pero en realidad sabía que estaba ansioso por jugar con mi nueva consola (un regalo de cumpleaños de parte del tío Erik). Mamá, dejó tres cervezas sobre la mesa frente a nosotros y un plato con maní antes de volver a la cocina.

-Ahora podré comprar alcohol sin identificación.

-Bueno, puedes comprarlo pero no te escaparás de ir a la cárcel si cometes un delito -dijo el tío Erik.

-¿Y tú no piensas en darme un regalo? –codeé a mi tío Gaspard para que supiera que mi pregunta iba dirigida a él, sin despegar los ojos del Volvo que manejaba con los nuevos controles.

-Llegará mañana.

-¿Mañana?

-Mañana.

-¿Por qué no ahora?

-Porque llegará mañana.

-Qué argumentativo –ironicé chocando su auto y tomando la delantera mientras él maldecía-. En fin, será mejor que no te quedes atrás porque por ahora mi tío favorito es Erik.

-No será así.

-¿Tan confiado?

-Yo que tú, le creo –intervino la tía Lily sentándose a su lado. Su panza, era lo suficientemente grande como para que no viera ni qué zapatos calzaba.

-¿Ya te cansaste? –le preguntó mi tío no favorito.

-No pero se me hincharon los pies –los apoyó en la mesita con cuidado de no derramar el maní de su plato.

-¿Cuánto te falta? –le pregunté poniéndole pausa al ver que ya nadie le prestaba atención.

-Unas semanas.

-¿Entonces lo tendrás acá?

-Sí.

-Bueno, la casa es grande y sólo vivimos yo y mamá, así que no creo que a ella le importe que se queden, de hecho estaría encantada.

-Gracias, Sascha.

-De nada, tía favorita.

-¡Já! Así que yo soy el único punto negro entre tus tíos porque no te he dado tu regalo, ¿verdad? –fingió sentirse dolido mientras ponía una mano sobre la panza donde descansaba su futuro primer hijo.

-Exacto.



INVASORA

-¿No te dijo nada más?

-¿Qué más tendrá que decirme, (name)?

Miré a través del ventanal a mi hijo, que parecía carcajearse junto a Lily y Gaspard sin prestar mucha atención al regalo de Erik y Rebbeca. Me costaba demasiado creer que posiblemente lo perdería dentro de unas semanas, cuando cumpliera mi promesa de decirle que su padre estaba frente a él. ¿De qué otra manera podría reaccionar?

-Que seguramente Bill y Alexander ya se conocen –murmuré volviendo a mirar la vista desde el balcón.

-Mencionaste que es amigo de su prima.

-Sí.

-Bianca me dijo que ella estaba totalmente enamorada de él. Y eso es demasiado peligroso si lo ves del punto de vista sexual.

-¿No crees que Sascha ya me habría dicho que le gusta una chica?

-Es un hombre –dijo como si fuera obvia su reacción.

-¿Y Bianca como se lleva con ella?

-Creo que no se soportan.

-Eso es raro.

-Lo sé. Lo que me preocupa es cuánto sabe Cassandra, Sascha y Bill.

-Tom me prometió que no le diría a su hermano, que yo debía decírselo antes que nadie.

-Todos tiene su límite, y eso lo sabes bien si no mal recuerdo.

Hablar con Erik, era como vaciar todo el aire contenido en mis pulmones, como apoyar la cabeza en el hombro de alguien y descansar mis secretos en él. A diferencia de Gaspard, él era más relajado y no me presionaba con contarle la verdad a Alexander. Es como si me entendiera desde su ángulo de vista. Sabía que podía contar con Lily y Rebbeca, pero de algún extraño modo, me parecía como si estuviera hablando sólo con un punto de vista maternal en vez de uno calculador y objetivo.

-Se parece a Andrea –sonrió y pequeñas arrugas aparecieron en sus ojos.

-¿Quién? ¿Su hija?

-Sí.

-No la conozco. Bueno, una vez la vi pero no le presté atención.

-Tiene los ojos de Tom, pero lo demás es de Andrea.

-Sascha tiene los ojos de Bill, y esa sonrisa encantadora.

-Creo que tu hijo se parece muy poco a ti, eh.

-Oh, no molestes –lo empujé sonriendo.

Sonrió volviendo a beber de su cerveza mientras observaba el paisaje de un Berlín nocturno, donde el movimiento seguía vivo por las calles y las luces iluminaban la ciudad conservando su vida intacta e infinita. A través del cristal, podía observar a mi hijo. Y por primera vez noté que los padres comunes y corrientes no mienten cuando dicen que los hijos crecen rápido. Mi pequeño niño de pocas palabras y reservadas sonrisas, se había convertido en un hombre con todas sus letras. Y quizás fuera la nostalgia de saber que en unas horas más cumpliría la mayoría de edad, pero no podía evitar ver el paso del tiempo a través de mis pensamientos.

-Me alegra saber que se decidió por el camino correcto –murmuré apoyando los antebrazos en la baranda.

-Seguro que Bill también lo estaría.

Su comentario me dejó de una pieza, fue totalmente inesperado como un balde de agua fría que alejó todo los pensamientos sobre mi hijo y su crecimiento. Lo observé fijamente tratando de descifrar lo que quería decir con eso, pero por mucho que tratara de engañarme a mí misma diciendo que fue un error lingüístico, sabía el mensaje de sus palabras a la perfección.

-Pronto lo sabrá –dije firmemente como un juramento.

-¿No crees que ya es tarde?

-Para mi hijo jamás lo es. Si su padre no quiere reconocerlo como tal, sólo me queda ser el pilar de la vida de Sascha.

-¿Y qué hay de ti? –me encaró como si no quisiera perderse el detalle de mis facciones.

-¿En cuanto a qué?

-¿Es tarde para quererlo como antes?

Nuevamente sentía que mis entrañas se helaban con sus palabras.

-No puedo querer a alguien con quien no he estado por dieciocho años, Erik.

-Has estado con una parte de él por siempre, una cosa es que no lo quieras reconocer frente a mí.

-Mi hijo y él… son amores diferentes.

-¿Qué clase de amor es Bill?

Observé de nuevo a mi Sascha, quien ponía la mano en la panza de Lily con delicadeza, como si tuviera miedo de lo que pudiera pasarle al bebé. Ella, sonreía con ojos calmos y Gaspard murmuraba algo entre dientes.

-Uno doloroso, de esos que queman el pecho dejando heridas difíciles de cicatrizar y borrar.



BILL


-Estuviste callada en la cena.

Me acerqué a ella con toda la calma posible sin querer que se sienta amenazada. Sonrió pero sus ojos se mantuvieron serios, como si la alegría no llegara a ellos. Conocía esa sonrisa como la palma de mi mano, y me indicaba que realmente necesitaba desahogarse con alguien que no fuera Tom, mamá o Andrea.

-Lo siento, tío.

-Sé lo que es tener el corazón lastimado, Cass.

-¿Cómo lo…? –susurró apoyando la sien en sus rodillas recogidas sin dejar de mirarme.

-El amor duele –sonreí enroscando un mechón de su pelo rubio en mis dedos.

-Demasiado.

-¿Le dirás a tu tío consejero?

Me miró por un instante más y luego escondió su rostro entre las rodillas, como si le diera vergüenza. Pero no fue eso. Estaba llorando, botando toda la pena que suele acumular y esconder ante todos con firmeza. Así era mi hermano, y sin querer su hija es igual.

-Estoy tan arrepentida por lo de Sascha que… oh, no sé qué hacer.

Ahí estaba el asunto, tan palpable que casi podía tocarlo. Dejé su pelo caer, y deslicé una manta sobre su cuerpo, para que no le afectara la baja temperatura de aquella noche despejada. Me sentía extraño, inquieto y sin ganas de dormir mientras pensaba en mi último encuentro con (name). No había melodías merodeando por mi mente, por lo que el estudio no me haría mucha compañía esta noche. A cambio de eso, me encontraba en el patio junto a mi sobrina.

-El mundo no es de color rosa –murmuré.

-Lo sé, pero creí que él también sentía lo mismo por mí y… fui egoísta al no tomar en cuenta lo que sentía –levantó el rostro observando fijamente un punto frente a ella.

-Me lo imaginaba –murmuré enderezándome, mientras recordaba la conversación que tuve con Alexander-. Los hombres nos espantamos cuando no sentimos lo mismo que las mujeres, porque ellas son intensas en el ámbito sentimental. Tú lo fuiste al declararte delante de todos ellos, y no pensaste en qué pasaría si las cosas no se dieran como las creías vistas en tu mente.

-¿O sea que no pensé en que me rechazara?

-Ajá.

-Ya veo… pero él debe odiarme.

-Se alejará lo suficiente como para que no te hagas ideas románticas con él. Mantendrá distancia hasta que te acerques y disculpes.

-Pero él debería disculparse por dejarme ahí, tirada en el piso y…

-No creo que sus intenciones fuesen esas, pero realmente se veía afectado, Cassie.

-Hummm… tal vez tienes razón.

-¿Tal vez? Soy hombre, por si no lo notaste y he pasado por mierdas aún más dolorosas que un rechazo.

-¿Mierdas como qué? –inquirió.

-Como que te dejen sin motivo alguno.

-¿Te refieres a la mujer de la que siempre hablas, verdad?

-Sí –asentí con una sonrisa triste.

-Debiste quererla demasiado, tío Bill.

-Así es, por eso te digo que a veces el amor puede destruir en un segundo lo que demoró años en formarse.

-Vaya… qué profundo.

-Mejor anímate y quita esa cara tan triste.

-Hay otra cosa más –susurró tomando mi mano al ver que ya me iba.

Me volví hacia ella esperando lo que sea que tuviera que decirme. Pensaba en ir en busca de una cerveza o algo por el estilo, algo que me hiciera perder el tiempo mientras esperaba a tener sueño. Quizás un rato en la internet viendo alguna película aburrida, me hiciera pasar más rápido el tiempo.

-Yo… ¿me puedes hacer un favor? Es sobre Alexander.

-Claro –olvidé mencionarle lo de nuestra pequeña conversación de madrugada, pero seguramente se enteraría cuando las imágenes salieran dentro de unos días en los periódicos sensacionalistas y en los programas de espectáculo.

-Su cumpleaños es mañana y… bueno…

-Quieres ir.

-Me gustaría aclarar las cosas y felicitarlo, ya sabes, matar dos pájaros de un tiro.

-Humm… ¿y tu padre?

-Papá lo sabe y creo que no pone ataduras porque no me ha dicho nada malo.

-¿Andrea?

-Es mi semana con papá.

-¿Está de turno?

-Ajá. Así que sus abogados acordaron intercambiar semanas.

Y también olvidaba el detalle de que Tom besó a Andrea y las cosas se complicaron un poco más de lo normal para mi hermano. Bueno, eso le pasa por estar con Ria sin haber olvidado del todo a su ex esposa.

-¿Entonces cuál es el problema?

-Quería saber si me puedes llevar… sólo me vas a dejar y listo.

-¿Quieres que sea tu chofer?

-Bueno, yo no usaría esa palabra cuando se trata de ti, querido tío –sonrió de oreja a oreja dejando un hoyuelo en cada mejilla de esos que le dan un aspecto inocente.

-Ok, está bien. Seré tu chofer por una noche.


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Bueno, esta semana entré de nuevo a clases por lo que trataré de ser lo más puntual posible con los capítulos. Muchas gracias por sus comentarios, porque sin ellos, créanme que no seguiría escrbiendo el fic y lo daría por perdido.

Ah! yo si fuera ustedes, me prepararía mentalmente para los capítulos que vienen ;-)   alisten sus almohadas para morderlas y sus uñas para rasguñar porque esto se pone cada vez mejor.

Saludos!

jueves, 6 de marzo de 2014

Capitulo 44 (Tercera Temporada)

ALEXANDER


-Simplemente no quiere verte.

-¿Por qué? –realmente había empalidecido con mis palabras.

-No tiene nada que decirte, ¿para qué te vería entonces?

-Bueno, pensaba que era más sociable conmigo –ahora parecía molesto mientras hacía círculos con su dedo sobre la mesa.

-Eres su jefe, no su amigo.

-¿Y qué tiene que ver eso? Yo la formé cuando sus padres murieron.

-¿Por culpa de quién? –levanté una ceja retándolo. Este viejo realmente me aburría.

-No es mi culpa que sus padres tuvieran deudas pendientes.

-Ya, pero los mataste.

-En fin, creo que no merezco este trato. Es totalmente injusto sabiendo que gracias a mí ella es la Invasora.

-No mezclamos nuestra vida personal con su trabajo, ¿tanto de cuesta entenderlo, viejo?

-Pensé que me considerabas tu abuelo, Alexander.

-No.

-Qué directo.

-Te consideraría un compañero de la infancia, pero nada más que eso.

-¿A qué se debe este trato, si se puede saber?

-¿A qué me llamaste? No soy uno de tus sirvientes para que andes solicitando mi presencia cuando te pique el trasero.

-Más respeto, muchacho. No sabes con quien tratas y me da igual si tu madre te está esperando afuera en su auto –sus ojos se abrieron mostrando una mirada amenazante que podría calar los huesos a cualquiera menos a mí.

-Entonces hagamos que esto sea breve. Tú me dices a que vengo, y yo me largo.

Suspiró tomando una de sus pastillas con agua.

-Tu respuesta –dijo luego de tragar la medicación.

-¿Qué respuesta buscas? Porque las del examen de hoy ya están en el poder de la profesora.

-Tu elección, chiquillo. Ya cumples la mayoría de edad y necesito saber tu elección cuanto antes.

-Ah, eso.

-Sí, eso.

-Pues… no lo he pensado –sonreí triunfante con el ego por el cielo mientras giraba en la silla sin despegar la mirada del techo.

-¿Así de simple? ¿No lo piensas cuando sabes que…?

-He postulado a universidades, con carreras de verdad que no implican “morgue 101”, "mil maneras de matar", “criminología universal” o “historia de la mafia 1”.

-Vaya, ¿estudiarás para ser comediante? –se burló.

-No. Estudiaré para no terminar como tú.

-Eso quiere decir que no aceptas mi invitación exclusiva a la mafia.

Solté una carcajada estridente, que resonó por las paredes y que fácilmente habría golpeado el ego del pobre viejo frente a la mesa. Vi pequeñas estrellas en mi campo de visión, y todo a mí alrededor se movía cuando me detuve frente a él. Le brindé la mejor de mis sonrisas altaneras y derrite bragas a medida que mi mente se aclaraba.

-Por ahora, no creo tener la necesidad de ser boy scout.

-¿Estás totalmente seguro de tu decisión?

-¿Y qué si no lo estoy? ¿Amenazarás con llamar a servicios sociales para que me retengan por unos días por ser un peligro para la sociedad?

-No juegues con fuego, Alexander.

-Eso por ello que no me gustan los boy scout, ¿sabes? Se creen lo máximo por saber descuartizar y matar como ninjas.

-¿Hay algo que te tomes enserio? Realmente no se puede mantener una conversación contigo.

-Bueno, tomo enserio mis calificaciones. Y creo que nada más.

-Eso no ayuda. Tu madre es una…

-¿Algo más que quieras? –le interrumpí empezando a aburrirme-. Realmente tengo una agenda muy estrecha y se me acaban los minutos contigo.

-¿Y si te dijera quien es tu padre?

Me congelé lo que duró una décima de segundo antes de volver a soltar una carcajada en su propia cara.

-No te creería.

-¿Por qué no? Lo conozco tan bien como tu madre. ¿No es eso lo que has deseado siempre?

-Ya te dije, Pantera Negra. No te creería en lo absoluto.

-Bien, entonces espero que no me creas cuando te digo que te podrías arrepentir fácilmente de tu decisión.

-No lo creo.

-Ve con cuidado, Sascha. Con mucho cuidado.

-¿Es una amenaza? –alcé una ceja totalmente sorprendido de esta nueva faceta suya que se mostraba como un depredador hambriento del cual nadie se podía fiar.

-Por mucho que lo fuera, no me creerías.

-Sé jugar este juego más bien de lo que supones, viejo. Y no cantes victoria porque las cosas se pueden invertir. Hasta la próxima.

-Hasta pronto.

Me despedí de los guardias, caminé por los pasillos, bajé escaleras y seguí hasta la entrada principal siendo seguido por un montón de cámaras de seguridad que seguían mis pasos. No lo resistí más y cuando noté que una cámara se detuvo en mi dirección, agarré mis pantalones y sacudí mi miembro con una sonrisa de oreja a oreja que descolocaría hasta al más santurrón.

Mamá me esperaba en el auto. Se veía más calmada que la última vez que hablamos, por lo que sabía que podría sacar cualquier tema a la luz. Sonrió cuando subí al auto y pude notar que había contenido la respiración por un largo tiempo. Su maquillaje era perfecto, al igual que su cabello y su atuendo oscuro.

-Definitivamente me gusta más este auto que el anterior, ma –dije cerrando la puerta del Range Rover.

-A mí también. ¿Cómo te fue?

-Rechacé a la mafia.

Parpadeó unos instantes con su boca entreabierta totalmente sorprendida por mi decisión. Ella debía ser la más preocupada por seguir sus pasos, por el “El Invasor” que muchas mafias querían ver en acción para saber si había heredado la agilidad y fuerza de mi madre. Ahora ellos debían secarse en sus tumbas esperando por eso, porque realmente no estaba dispuesto a eso. No derramó ni una gota por sus ojos, pero pude ver la emoción y el alivio en su mirada como si se hubiera quitada un peso gigante de encima.

-Eso es… excelente, Sascha.

-Lo es, porque realmente quiero unirme al mundo universitario sin tener una doble vida como Superman… o como tú.

-No tuve una opción viable –susurró.

-Lo sé, enserio. Simplemente quiero entrar en el ambiente universitario, fumar hierba, alcoholizarme, follar, quizás tener una novia bonita y yo que sé.

-Realmente me alegra que no hayas tomado ese camino, ¿qué te dijo?

-Bueno, en resumidas cuentas no se alegró mucho de mi decisión. Pero no podrá manejar mi vida por mucho que lo intente, ¡si hasta me ofreció decirme el nombre de mi padre! –me reí recordando su cara mientras mamá ingresaba al tráfico del centro de Berlín.

-¿Y te lo dijo?

-Me negué porque no le creo nada.

-¿Tuviste la oportunidad frente a tus narices y la rechazaste? Nunca dejas de impresionarme.

-Es porque quiero que tú me lo digas –la miré seriamente para que supiera que hablaba en enserio y que esperaba que cumpliera con lo que deseo-. Es la única palabra que realmente me importa, sin desmerecer a mis tíos.

-Bien, al menos tenemos un motivo para celebrar algo –sonrió radiante, como si fuera el mejor día de su vida, aunque podría serlo fácilmente sabiendo que le di el gusto con mi elección.

Giró el auto en dirección contraria al camino a casa, prendió la radio y tarareó una de las canciones que pasaban como si fuese el hit del momento. Realmente este lado de mi madre se estaba extinguiendo lentamente. De hecho cuando era niño, me hacía mini-conciertos en los viajes largos, o cuando íbamos al zoológico siempre se ponía sobreros estúpidos que hasta hacían reír a los conductores de otros autos.

Siempre buscaba la manera de rellenar todos los espacios vacíos en mí desde que le pregunté por primera vez por mi padre. Y ahora, es como si se le hubieran gastado las energías. Por suerte aun tenía confianza en que mi madre volvía a ser la misma de antes, cada vez que la veía cantando una canción frente al volante.


TOM

-¿No te gusta el terror?

-Sí, pero creo que sería más interesante ver una en estreno que la versión renovada de “IT”.

-Pero es un clásico, y deberías tener un como de cultura cinematográfica –le sugerí avanzando en la fila mientras acomodaba mis lentes de sol.

-La he visto un montón de veces en internet, tuve que hacer un ensayo de la película y no pretendo ver el mismo final aburrido otra vez.

-¿Alguna sugerencia entonces?

Observó la pantalla en informaba de los horarios del día, una que otra película cuyo nombre sonaba aburrido pero que a ella le parecía interesante. Observé su cabello largo y rubio, como cuando era pequeña y se lo trenzaba produciendo suaves ondas cuando se lo soltaba para dormir. Era el cabello de Andrea. Rubio, brillante, liso y sedoso, el cabello que toda chica quiere tener. Y que todo chico con malas intensiones quiere tironear mientras hacen cosas obscenas.

El recuerdo de una niña caminando descalza entre la hierba, tomando mi mano y cantando alguna canción, retomó mi mente sin escuchar lo que ella me decía hasta que chistó los dedos frente a mis ojos con molestia.

-¿Ya te decidiste?

-No. Te estoy diciendo que tenemos compañía.

Estaba molesta, pero dudaba yo ser el motivo de su repentino ataque de furia. Sus lentes de marco rojo se tambalearon peligrosamente sobre su cabeza mientras su rostro se transformaba en una viva imagen de la adolescente más feliz del mundo. Observé la dirección de su mirada, viendo a un hombre con lentes ópticos y a una chica que debía tener la misma edad que Cassandra.

-¿Quiénes son?

-Se llama Bianca, es una compañera del instituto. Realmente esperaba no encontrarme con nadie que fuera amigo de Alexander –confesó cruzando los brazos y mirando con impaciencia la fila frente a nosotros.

-¿Estás molesta con él?

-Algo así –o sea, en lenguaje femenino era una afirmación por donde se le viera-. ¿Qué me dices de “Historia de un Cazador”? A juzgar por los efectos, se ve buena.

-¿Romance?

-Acción –sonrió sin falsedad.

-Vale.

Volví a observar a la chica y su acompañante, que ahora se acercaban a comprar golosinas. Al principio no lo noté, porque no recordaba aquellos antiguos rostros hace tiempo. Y ahora… nada me podía negar que era él, ni si quiera el paso del tiempo o las pocas canas dispersas en su cabeza. Su rostro expresaba el cansancio que no logré ver en el rostro de (name) cuando la vi, de hecho aparentaba tener más edad de la que realmente tenía que debían ser unos cuarenta y algo años.

-¿Pasa algo papá? –me interrumpió Cass.

-Compra las entradas y golosinas –dije entregándole suficiente dinero.

-¿Dónde vas?

-Ya vuelvo, simplemente no pierdas la vista de la fila y de los tráiler. Elige la que se vea mejor.

-¿Ok?

-Cualquier cosa me llamas, eh.

-Lo sé.

Me acerqué hacia el lado opuesto de la tienda, donde tenía un ángulo más definido del hombre que acompañaba a la chica, Bianca. Y quizás fue mi mirada fija lo que despertó su curiosidad mientras su hija le hablaba, pero supe que me reconoció sin estimar en hacer esfuerzos. Le sonreí para que no huyera ni pensara que quería destriparlo, le dijo algo a su hija, ésta reclamó pero asintió rendida hacia los pasillos iluminados con el número de la sala que correspondía. Se acercó al tiempo que yo veía a la chica marchar con golosinas bajo su brazo y el teléfono en la otra.

-Pensé que ya no te acordarías de mí –dije a modo de saludo mientras golpeaba su espalda y él la mía.

-¡Bah! No olvidaría esa cara fea ni en años.

Sonrió y noté las arrugas en su rostro, quienes delataban que el tiempo realmente había pasado rápido desde la última vez que lo vi.

-Ella es Bianca –señalé a la chica que justo dobló en una esquina.

-La misma, ¿y qué me dices de ti? Lo tuyo con Andrea siempre que tan apasionado que me sorprendió que no tuvieran hijos a tan temprana…

-Bueno, nos casamos, tuvimos a Cassandra que debe tener la misma edad de tu hija, nos divorciamos y cada uno siguió con su camino –doloroso, conciso, y cortante. El tema de mi relación con Andre me hería tanto como quererla.

-Lo siento –se disculpó pestañeando lento.

-Es un tema pasado.

-Bueno, como creo que ya empezó la función será mejor que te invite a un café si quiero actualizarme más en lo que pasa en Alemania.

Por suerte, entramos a una cafetería decente cuyas personas no parecían demasiado interesadas en mi presencia. Nos sentamos en una mesa lejana, estando yo de espaldas a la vitrina que mostraba más tiendas y gente paseándose. Esperamos nuestro pedido, dejé un mensaje a Cass y nos largamos a conversar.

Pero como necesitaba saber su versión de los hechos que habían ocurrido a penas (name) se fue,  no le di demasiadas vueltas a lo que realmente quería oír, por lo que a penas terminó de relatarme su historia, me lacé a hacer esa preguntaba que picaba por salir de mi lengua.

-¿Cuándo supiste que (name) estaba embarazada? –lo miré fijamente luego de ir por la segunda ronda de café.

Sus ojos se pusieron serios de repente, como si un bloque lo separara de mí y se pusiera a la defensiva. Dejó su tasa en el platillo de porcelana y me miró directamente sin rodeos ni presunta sorpresa.

-¿Te lo dijo ella?

-Un simple cálculo junto a hechos que coinciden me hicieron deducirlo fácilmente.

-Entonces lo conoces.

-Alexander es un chico ejemplar para su edad.

-Lo es –se acomodó en su silla, esparciendo azúcar en su café mientras yo esperaba la respuesta que tanto anhelaba-. Cuando lo supo, llamó a Gaspard. Sé que se quedó una buena temporada con él y no fue hasta que supo el sexo del bebé que me enteré de su embarazo. Aseguró que no lo daría en adopción y que Lily y Gaspard ayudarían en su crianza, yo y Rebbeca nos incluimos en su plan, totalmente encantados con la llegada de Alexander. Le pregunté además por la reacción de la mafia misma ante su notica, e indicó que a pesar de darla la opción del aborto, ella lo negó y prometió que sabría manejar su trabajo y maternidad a la vez.

-¿Sabías que era de Bill?

-Por algo no lo quiso abortar o darlo en adopción. Todos lo sabían, y ella jamás lo negó.

-¿Por qué nunca nos dijeron? Todo esto sería diferente y mi hermano sería el padre que no sabe que es, ¡hasta le habrían hecho la vida más fácil a Sascha! –unas personas de la mesa más cercana nos observaron con curiosidad hasta que la camarera les interrumpió tomando su pedido.

-Créeme que en ese sentido, estoy de tu parte. Y me sentí tan frustrado cuando oía a ese niño preguntar por qué no tenía papá y sus compañeros sí. Pero no me podía meter en la vida de (name), y así es hasta el día de hoy.

-Era un deber, Erik.

-¿Crees que no lo sé? –Pude notar la molestia en su mirada mezclándose con la tristeza que le provocaba hablar del pasado-. Regañé demasiadas veces a (name) por ocultar lo más importante en la vida de ese chiquillo, le grité que no podía dejarlo crecer sin saber que tenía un papá vivo y que lo amaría tanto si supiera de su existencia, Tom.

-¿Por qué no nos buscaron? Las cosas serían menos complicadas si hubiesen llamado a uno de los dos.

-Porque nos hizo prometer, a todos nosotros, que no hablaríamos más del tema por mucho que el chiquillo insistiera en saber pistas de su padre.

-¿Pistas? ¿Y qué sabe exactamente de Bill?

-Tatuajes, alemán… y que amaba a su madre demasiado.

-¿Nada más?

-Que yo sepa, no. ¿Y Andrea lo sabe?

-Sí –asentí observando a mí alrededor con el apetito totalmente nulo-. Y también me dijo que Alexander está a un paso de saber la verdad.

-¿Y hablaste con (name)?

-Quiere esperar a que cumpla la mayoría de edad.

-Hummm… o sea, dentro de días.

-¿Acaso tu sabes por qué?

-Pantera quiere que se una al equipo de los malos, dándole el privilegio de ocupar el lugar de su madre como el “Invasor”.

-¿Matar gente? Él no…

-Sabe demasiado para su edad, Tom. Maneja armas, se defiende con los puños, descifra códigos extensos… es un arma perfecta del cual Pantera se quiere adueñar.

-Supongo que ella está de acuerdo.

-¿(Name)? –Asentí en silencio- Claro que no. No quiere que su hijo se transforme en un monstruo.

-¿Y qué tiene que ver su mayoría de edad?

-Podrá tomar la decisión sin que su madre interfiera en ella.

-Entiendo.

No se basaba en que se fuera con Bill y ella perdiera la custodia como lo pensé con mi madre. Simplemente quería proteger a su hijo como pudiera sin que se viera afectado. Era de suponer que fuera tan bueno con los instrumentos sanguinarios como su madre, sin embargo era mejor que siguiera su vida como un muchacho normal que no tenía una doble vida ni nada por el estilo. Ahora podía ver con claridad el punto de vista calculador de (name), y el por qué de su decisión tan temprana de no hablarle de Bill a Alexander y viceversa.

-Lo quiere proteger.

Asintió una vez ante de agregar con voz gruesa y una cierta oscuridad en su mirada tan indescifrable como sólo Erik podía serlo.

-Proteger de lo que ella y todos los espías han vivido.