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viernes, 14 de septiembre de 2012

Capitulo 40 (Segunda Temporada)



Erik: Recuerda que ante cualquier cosa, no puedes quitarte el micrófono. Te llamas Nora. Ya nos conectamos con todas las cámaras del casino y el entorno, y en tu anillo hay un rastreador de tu posición, tampoco te lo quites ¿ok?

Yo: Te aviso cuando lo tenga en mis manos y…

Erik: Lo sé.

Yo: Entonces…

Erik: Cuídate. No esperes a que vuelva a pasar (un escalofrío por mi columna bastó para detenerme un segundo).

Yo: No lo haré. No pasará nunca más (aseguré más para mí que para él).

Sin dar lugar a respuestas, abrí la puerta y salí con el pedido de la habitación E-115. Imité las expresiones serenas, el caminar tan lineal y el acento típico de la gran mayoría de ellas antes de salir de la cocina principal con el carrito lleno de platos de la zona. Subí al sexto piso y dejé el pedido a los clientes ya hospedados. Luna de Miel, demasiado obvio por el desorden del cuarto y el vestido blanco y pomposo que había sobre la cama.

Yo: Disfruten su cena. Con permiso (hice una pequeña reverencia y salí dejando lo que pidieron en ese cuarto).

Xxx: ¡Oye! (miré a mi derecha divisando a otras chicas con  la misma apariencia que yo. Vestidos cortos negros ceñidos al cuerpo, tacones negros, y un pequeño delantal blanco) si, tú la pelirroja nueva. El jefe dijo que necesitaba ayuda en el casino ¿estás disponible?

Yo: Si (era perfecto para desarrollar el plan como se debía). En seguida voy.

Xxx: Vale. Nosotras suplantaremos a las chicas del hotel.

No esperé a que siguieran su camino y me dirigí al ascensor para volver al primer nivel, específicamente al pasillo que conectaba el hotel al casino. Cuando se cerraron las puertas, observé las vías de escape posibles tanto en el ascensor como en los pisos en los que frenaba, con la excusa de dejar subir y bajar a la gente sin que se les cerrara la puerta.

Erik: Dirígete a las puertas moradas del fondo tras las máquinas. Veré el cuarto.

Aún no llegaba al primer piso cuando Erik me envió su primera señal acorde al plan ya expuesto antes de comenzar la misión. En el primer piso, él se encontraba con uno de los uniformes del hotel esperando el ascensor en el cual venía, me vio y sólo asentí antes de seguir con lo acordado; yo los distraería y vigilaría mientras él registraba la posición de nuestro objetivo. Y en el caso de encontrarlo uno de los dos, nos enviaríamos una señal con el rastreador.

Caminé por los pasillos fijándome en cada cámara, que, gracias al apoyo de los hackers, estaban apagadas y los de seguridad fueron dopados mientras los primeros se vestían con sus uniformes y enviaban señales falsas de un supuesto control total de la seguridad del hotel. En las paredes, podía ver fotos de la mismísima pirámide correspondiente al casino tomada desde distintos ángulos y diferentes años. Mi mente trabajaba demasiado rápido recordando detalles y memorizando los pasillos. Tal vez si colapsaba, seguramente no me daría cuenta debido a la concentración.

Pasé por la entrada mostrando mi credencial falsa a los guardias y luego de un par de vueltas y pedidos para evitar llamar la atención, caminé entre los viciosos que gritaban, reían, bailaban y bebían cada vez que el resultado de sus apuestas quedaba al descubierto para tratar de calmar sus pensamientos o reordenarlos para la próxima jugada. Di con la zona de los inscritos y VIPS con facilidad tras subir unas escaleras que me guiaban a los juegos de billar. Uno de los mozos se me acercó afortunadamente y me alcanzó una bandeja metálica llena de tragos que eran para el “Señor Folks”, que casualmente era el mismo enemigo al que tenía que robarle el huevo y/o matarlo.

Erik: No hay nada. Todo está con él.

Yo: Estoy a menos de cincuenta metros del blanco.

Erik: Avisaré en el subterráneo, distraigo a la masa y estoy por allá.

Crucé las puertas moradas tras (nuevamente) mostrar mi identificación falsa y entré a la segunda fase del plan; el clímax. Todo el lugar consistía en un gran salón con tres mesas de juegos, sofás, chimeneas, espejos, y buena música ambiental. En una de esas mesas estaba el pobre chico que tenia la mala suerte de tener el objeto equivocado, riéndose junto a sus amigos y socios, o lo fueran. Todos me vieron llegar, pero al percatarse de que simplemente traía sus tragos, siguieron con lo suyo. Como excusa para “acomodar” los tragos, los dejé sobre una mesa y a escondidas, disimuladamente les puse a cada uno una porción casi del todo letal de una droga que los mantendría algo ocupados por un tiempo hasta dejarlos inconscientes, nada demasiado malo. A mis espaldas, noté cómo los tres guardias que protegían la entrada desaparecían tras las puertas enviándome una señal no verbal que traducida era un “vigila un rato, ya volvemos”. Debió ser Erik, por lo que a cada uno le alcancé un exótico trago de tres colores y brindaron ingiriéndolo todo al mismo tiempo.

Observé el lugar buscando el óvalo multicolor hasta dar con él sobre el sofá rojo a unos diez metros de mí. Ahora que sabía la posición, sólo me quedaba esperar junto a la entrada a que Erik llegara y a que el “Seños Folks” y sus séquitos entraran bajo los efectos de los polvos mágicos. Pero todo pareció complicarse al sentirme observada por mis enemigos, a pesar de cubrir mis facciones y lunares para que no notaran quién era realmente.

Yo: ¿Se les ofrece algo más? (pregunté sonriente ocultando mi estado de alerta).

El chico adolescente cuyo rostro reflejaba astucia, se acercó a mí dejando de lado a sus amigos, quienes tomaban naturalmente de sus tragos sin notar los efectos adormecedores de la “droga de la violación” como burdamente la llamaban en Rusia. Mi respiración era calmada, todo mi ser lo estaba pese a ser observada con escrutinio. Lo tenía a centímetros, y podía incrustarle en cualquier momento mis manos en su pecho hasta hacerle perder la respiración y así noquearlo. Pero era demasiado fácil y aburrido.

Folks: ¿Por qué aún no te marchas?

Yo: (¡Qué modales para ser un pendejo!) Ordenes explícitas del encargado del bar.

Folks: ¿Enserio?

Yo: Si, señor.

Folks: ¿Cómo me dijiste que te llamabas? (empezó a dar vueltas alrededor de mi escaneándome).

Yo: No se lo dije.

Folks: Lo imaginaba… ¿y supongo que no sabes por qué te enviaron a la boca de los leones, verdad (releyó el nombre que pendía en mi pecho)… Nora?

Yo: ¿A qué se refiere con eso?

Folks: El tipo del bar debe odiarme demasiado como para ponerle drogas a nuestros tragos (susurró ajeno a lo que sucedía a sus espaldas).

¿Cómo…? Pantera mencionó que no dejaba rastro alguno en líquidos o sólidos, que era incoloro, y no tenía olor. Además del hecho de que era imposible que me viera ponerle aquel polvo casi transparente a los tragos. Ya frente a mí con una expresión divertida, chistó los dedos y noté cómo aquellos que lo acompañaban tosían, vomitaban, palidecían y se doblaban hasta caer al piso alfombrado entre gemidos lastimeros. Empecé a actuar antes de delatarme, retrocedí algunos pasos haciendo temblar mis rodillas y dejé caer la bandeja platinada provocando un bullicioso estruendo en la estancia. Puse mis manos en mi boca y abrí los ojos observando la escena repulsiva.

Yo: ¡Dios mío!

Folks: Si, Dios tuyo.

Yo: Llamaré a los guardias y…

Folks: En una hora más morirán. Ya no tiene importancia.

Yo: ¿Qué…? ¡Pero si son vidas, señor! (caminé hacia la salida no sin antes recoger la bandeja con mis manos tiritando).

Folks: ¡Que te quedes! (me gritó dejándome petrificada al ver clavado en la puerta una pequeña punta incrustada con un solo clic)… Mejor así, Nora.

Me giré lentamente sobre mis talones escuchando los gemidos y arcadas incesantes de sus compañeros hasta verlo a los ojos y observar su sonrisa maléfica. Se me hacía conocido. Sus rasgos se me hacían familiares y su risa desquiciada me traía recuerdos audibles, ¿pero de dónde? No lo recuerdo… en su mano izquierda descansaba una cerbatana indígena, un instrumento de caza usada por antiguos pueblos y que disparaba… veneno. O lo que se deseaba suministrar.

Yo: ¿Qué pretende?

Folks: El primero fue de prueba y estaba vacío, por lo que tuviste suerte de no sentir el pinchazo.

Yo: ¿¡Me quiere matar!? (Mis cuerdas vocales se desequilibraron soltando un sollozo falso).

Folks: ¿Quién te envió?

Yo: Ya… ya le dije, señor. Fue el jefe del bar.

Folks: Respuesta incorrecta.

Yo: Pero si…

Folks: Es imposible, mi queridísima Nora. De hecho lo acabas de envenenar con esa droga.

Yo: ¡Una chica!... me dijo que necesitaban personal en el casino y me enviaron por ser nueva ¡lo juro!

Folks: ¿Cómo era ella?

Yo: (Recordé la chica que me dijo eso y agregué un poco a mi imaginación para no ponerla en peligro) Rubia, lentes con marco rojo, un lunar en la frente y voz aguda… ¡No sé que más!

Folks: Humm… no me convences. Y ¿sabes? Tu rostro se me hace conocido.

Yo: Lo dudo (dije dejando las actuaciones de lado y sonriendo).

Su sorpresa debió ser demasiada cuando me vio acercarme a él con una seguridad que no percibió con antelación. Debía estar a un paso de descubrirme a juzgar por su mirada pensativa en cuanto rompí la distancia y besé su mejilla dejando marcado mis labios.

Folks: ¡Qué bueno que decidiste mostrarte!

Yo: Tu rostro también se me hace conocido.

Folks: Lo sé. Y también sé que te sorprenderías si te digo  a quién te suena porque él es famoso en nuestro mundo.

Yo: Últimamente todos son famosos (en el audífono de mi oído derecho, Erik me decía que iba en camino y que ya distrajo a todos con una bomba de gas y una dinamita).

Folks: ¿Acaso tú no lo eres?

Yo: Unos me conocen y otros no.

Folks: (Su sonrisa desapareció dando paso a un rostro frío, se sentía amenazado) ¿Quién te envió?

Yo: Un animal: (me carcajeé para emputecerlo más).

Folks: ¿Y no te advirtió ese animal que tratabas con el sucesor del famoso artista de los tatuajes llamado por todos El Pintor?

Yo: (Eso sí que no lo sabía. No aparecía en su historial ni datos, pero a pesar de sentir un leve escalofrío al recordar automáticamente ese nombre y el dolor de aquella vez, una rabia descontrolada nació en mí poniéndome a la defensiva y con ganas de matarlo) Es algo viejo para recordar detalles minúsculos. Pero creo que estás bastante desactualizado.

Folks: ¿Por qué?

Yo: ¿A que nadie te dijo que murió en manos de la Invasora? (mentí, deseaba provocar su furia y lo conseguí cuando su rostro se puso pálido y comenzó a pestañear rápido) Sí, así como lo escuchas. ¡Ah! Y en vísperas de Navidad.

Folks: ¡Tú fuiste! (gritó poniéndose de todos los colores posibles mientras yo me reía aún más para que así no midiera sus actos).

Se abalanzó hacia mí a un paso de golpearme el rostro pero mis reflejos fueron más rápidos y lo evadí al tiempo que tomaba su brazo y lo dislocaba. Gritó pidiéndome que lo soltara y nombrando a sus colegas para que lo ayudaran, pero ellos se estaban destripando o en las últimas de su vida. Pero no todo podía ser ventajas sobre ventajas. No la saqué gratis. Algo impactó contra la parte trasera de mi pierna haciéndola sangrar y perdí un poco el equilibrio. Olvidé mantener la guardia cuando estaba cegada por la rabia.

Folks: ¿¡Te mandaron a matarme!?

Yo: ¿Acaso importa mucho eso?

Folks: ¡Puta asesina!

Yo: Gracias por el halago.

Nuevamente se lazó a mí olvidando su cerbatana en el piso y comenzó a asfixiarme sin mucho éxito debido a mi control en la respiración y los rasguños que le propinaba en la espalda y el rostro. En el momento de alejarme de él tras clavarle los dedos en los ojos, corrí en busca del ovo tomándolo al mismo tiempo en que una de las espinas ponzoñosas de la cerbatana rizaba mi cuello ocasionando un ligero pero doloroso rasguño. No estaba armada, ese era el riesgo mayor de esta misión, por lo que debía recurrir a la sobrevivencia y utilizar todo aquello que estuviera a mi alcance.

Folks: ¿Te enviaron por eso? (dijo haciendo una pausa a sus disparos algo fallidos para refregarse su vista dañada y rojiza, debió ingerir un poco de esa droga en el trago ya que se notaba más pálido) Tu jefe debe estar demasiado obsesionado con mi regalo.

Yo: Simplemente cumplo órdenes.

Folks: ¿Por qué no te retiraste como los demás?

Yo: No te importa.

Folks: Claro que no. Es simple curiosidad por tu actuar, Invasora.

Yo: A veces para obtener lo que quieres, debes renunciar a muchas cosas.

Folks: ¿Renunciar a una vida normal? Si fuera tú ya me habría ido.

Yo: ¿Por qué? ¿Para no matar a pendejos como tú? ¿Es que no lo entiendes?... tu amadísimo tío El Pintor te utilizaba como conejillo de indias en sus transacciones. Tú eras una fuente de sus ingresos, lo ayudabas y él te premiaba. Como una mascota obediente. Un títere en su juego.

Inesperadamente (porque no suele suceder a menudo en adolescentes), rompió a llorar tirando y rompiendo todo lo que tuviera cerca de él como un niño haciendo berrinches. Debió ser alguna palabra que dije la que lo hizo reaccionar, y creo que fueron las últimas. Quizás no todo era tan perfecto para él, y muchas de esas grietas se debían a su cercanía con la mafia y los juegos de ésta. Aprovechando que se arrodillaba a seguir llorando con amargura, tomé el huevo que descansaba desprotegido y corrí hacia los tipos que estaban casi muertos en busca de algún arma para defenderme. ¿Por qué Erik se demoraba tanto? ¿Qué mierda pasaba tras esta puerta? Encontré un revólver cuya capacidad de lanzamiento desconocía debido a que era una fabricación china y poco viable, pero él ya había dejado de llorar y me observaba con ojos rojos y atentos a mis movimientos dejando ver su molestia por mi aprovechamiento.

Yo: ¿Ya terminaste tu berrinche? (sonreí de medio lado mientras veía si el arma tenía balas. Humm.. sólo una)… Mira, no suelo ser amable porque sinceramente no va conmigo serlo. Pero deberías ser más inteligente y buscarte una novia, postular a universidades o practicar algún deporte.

Folks: La gente normal apesta.

Yo: ¿Y qué quieres ser entonces? ¿El cachorrito de tu primo Nikita y la burda réplica de tu tío Pintor?
Folks: ¿Cómo sabes de Nikita?

Yo: Soy la Invasora ¿recuerdas? No me subestimes demasiado (le guiñé un ojo aún sin borrar mi sonrisa del rostro).

Folks: ¿Y no te advirtieron que con sentimentalismos es mejor no meterse?

Yo: ¡Ups! Demasiado tarde, pequeño títere.

Ahora sí que había acabado con su paciencia. Restregó sus ojos borrando todo rastro de lágrimas existentes y tras soltar un gruñido, apuntó su cerbatana en mi dirección. Capté una punzada en mi brazo izquierdo antes de dispararle a la pierna y divisar a Erik entrando por la puerta, disparándole  a penas vio lo que sucedía  en su columna vertebral haciendo que Folks soltara un alarido y se desplomara en el piso retorciéndose del dolor. No sabía qué sustancia escondían las pequeñas flechas que me lanzó, pero a juzgar por el repentino dolor de cabeza, juraría que es algo serio.

Yo: Tardaste demasiado (le recriminé al tiempo que abandonaba la habitación pasándole el huevo y despegándome las huellas dactilares plásticas de mis dedos).

Erik: Tenía que planear algo para salir sin llamar demasiado la atención, Dejé el auto a unas cuadras y los hackers ya se fueron, vámonos.

Ocultó el “objeto de la disputa” en un bolso que colgaba de su hombro y salimos como si nada hubiera pasado. Pero todo era un verdadero caos en el casino principal; el fuego lo invadía todo, la gente buscaba las salidas menos riesgosas tratando de no entrar en pánico o morir quemados, y las maquinarias emitían gases tóxicos del plástico quemado haciendo explosión entre ellas. Erik tomó mi mano para no perdernos entre la nube de humo que nublaba casi completamente la visión, y avanzamos por las escaleras hasta correr por los pasillos con vías de escape abiertas que nos memorizamos antes de la misión. Evitamos aquellas en donde la policía y los bomberos regresaban en busca de posibles personas atrapadas, quedando sólo la posibilidad de subir al segundo piso del hotel por las escaleras normales.

Erik: ¿Estás bien?

Yo: ¡No! (grité haciéndome escuchar entre el ruido de las llamas avanzando).

Pero en el segundo piso, todo se redujo a un ventanal que daba hacia una calle sin tránsito. Erik me miró y a juzgar por su expresión, debía tener una cara de muerte, y la verdad era que ya no podía observar con detenimiento nada. Conocía aquellos efectos, Folks me había administrado la misma droga de la violación que yo usé, sólo que con una dosis menos intensa y letal. Ojo por ojo. Sentía náuseas y frío, mis rodillas fallaban cada tanto, escalofríos me recorrían el cuerpo, y estaba sudando helado.  No había más salidas que ese ventanal, por lo que con una sola mirada retrocedimos lo suficiente y corrimos hacia el vidrio rompiéndolo con nuestros cuerpos. Todo fue rápido. El ruido del vidrio trisándose, el cuerpo de Erik envolviéndome para amortiguar mi caída, el viento sonando en nuestros oídos y un golpe en seco que debió ocasionarnos algunas torceduras y cardenales. Podía sentir los vidrios incrustados en mi espalda y brazos en los lugares que los brazos de Erik no pudieron cubrir, sin embargo, la costumbre al dolor sólo me hiso soltar un quejido.

Yo: ¿Estás bien? (lentamente levanté la mirada para verlo aún con los ojos cerrados pero sin herida alguna).

Erik: Nada que un buen hidromasaje no pueda sanar (murmuró y me quité con cuidado de su cuerpo para que pudiese respirar mejor) ¿y tú?

Yo: (Me apoyé de lado en la pared contraria tratando de controlar los mareos y náuseas)… Humm… necesito ayuda… médica.

Se acercó tratando de no forzar tanto a su resentida espalda y examinó la mía con lo poco y nada de luz que había a nuestro alrededor. Podía sentir el ruido característico de las sirenas policiales y de los bomberos cerca de nosotros, prácticamente en nuestras narices, pero nadie parecía acercarse a esta parte lateral del hotel. Mi vista se nublaba cada vez más como efecto de la droga y escuchaba todo a un volumen extrañamente más alto de lo normal.

Erik: Te quitaré los vidrios ahora (murmuró rompiendo la parte trasera del ajustado vestido)… no creo que sea necesario un hospital por ahora.

Yo: Me… drogó… Folks.

Erik: ¿Qué? ¿Cómo?

Yo: Con una cerbatana… es la misma que usé y…

No pude seguir ya que el dolor aumentó cuando empezó a quitar los restos de vidrio incrustado en  mi espalda. El ardor era soportable pero las náuseas aumentaban cada vez más, produciéndome leves arcadas que me hicieron terminar arrodillada junto a mi mentor.

Deseaba que el tiempo pasara lo más rápido posible, dejando todo este incidente escondido en el pasado. Deseaba estar en los brazos de Bill siendo arrullada por su suave voz. Deseaba reírme con mis amigos mientras paseábamos por alguna parte. Deseaba poder ver una vez más a Pantera y entregarle mi renuncia para abrir paso a una vida normal.

...deseaba un final feliz luego de la tormenta que han sido todos estos años.



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Hallo Gurls!.... esta vez me demoré porque he llegado demasiado cansada a mi casa como para subirles un capítulo ya que en mi colegio (¡estoy a dos fuckin' meses para salir de él!) estaba en alianzas (hoy terminaron), y me inscribieron en todo lo que significara decoración, vestimentas, pinturas, etc.

Bien, no las lateo más xD


Odio este capitulo... no salió como quería pero el próximo se viene mejor.e incluso algo... tierno e.e
Trataré de ponerme a escribir lo más rápido que pueda a pesar de que mañana por la mañana me voy de viaje.

Kusses sabor al estúpido y sensual Bill Kaulitz.


Bye//Bye

3 comentarios:

  1. AYYY eres muy exigente...a mi me gusto y me preocupo....ya no vere a bill espero que si cuidate mucho un beso

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  2. woow me encantooo <3 la verdad.amo cada cap

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  3. Me gusto! La dejas justo ¡Preciso! Pero sabes.. Nos has dejado abandonadas demaciado , cada dia que pasa espero el nuevo Capitulo pero no veo nada y realmente me desespera espero que subas la verdad!!

    Bye bye cuidate.

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