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jueves, 28 de agosto de 2014

Capitulo 55 (Tercera Temporada)

INVASORA

Con nuestro primer paso listo, sólo necesitábamos ver las reacciones de Pantera. Él sabía que no me aparecería sin una razón laboral en su mansión, y no esperaba hacerlo para confirmarle cuán desesperada estaba por encontrar a mi hijo. Cada paso que daba, era demasiado arriesgado y cada uno de nosotros lo sabíamos.

Y ahora, cansada de esperar respuestas me encontraba golpeando contra la barra la cabeza del dueño del bar donde se llevaron a Alexander. Sin cámaras, sin enemigos y sin la ayuda de nadie. Soltó un gruñido primitivo, pero sus manos estaban lo suficientemente amarradas para poder defenderse.

-No tengo mucho tiempo –le advertí sacando una de las inyecciones calmantes que Andrea me consiguió.

-¡PERRA!

Al otro lado, veía la sonrisa torcida que me ponía nerviosa y a Gaspard sujetando una daga lo suficientemente afilada como para rajar doscientas gargantas y seguir cortando. Apuntó directo a su cuello, específicamente a su yugular palpitante e hinchada. Giré su cabeza para que viera mi sonrisa y se enterara que iba enserio.

-Mi compañero tiene un juguete que quiere volver a utilizar, ¿realmente quieres ser su conejillo de indias o responderás a mi pregunta?

Pude ver el debate en sus ojos verdes y el sudor desesperado de su frente y mejillas. Estaba en un debate interno, peleando entre su vida o su muerte. Y pese a saber la respuesta que me daría, esperaba que fuera más inteligente y confesara todo en vez de escupir palabrotas.

-Estaban detrás…

-¿Cuántos?

-No lo sé –apreté la presión de mis dedos en su casco hasta que gimió como el perro que era y continuó-. Amenazaron con matarme cuando fui a por una caja con cervezas… dijeron que debía introducir un polvillo en el vaso del chico de la barra o me destriparían delante de todos y quemarían el bar.

-¿Lo hiciste?

-¡No me quedó otra! Le dije a Phill que lo distrajera para ponerlo... después aparecieron por la entrada y…

-¿Quién es Phill?

-El chiquillo que le sirvió la cerveza. Mi ahijado.

-Ok, sigue.

-Me senté con los demás frente al escenario. Vi que se tomaba la cerveza y algunos empezaron a molestarlo.

-¿Con qué? –preguntó Gaspard frente a mí.

-En la televisión… él estaba junto a uno de esos cantantes… ese de apellido Kaulitz. Él lo ignoró todo porque realmente se veía fatal, ¿sabes? Después uno de los grandulones entró y trató de golpearlo con una botella pero él lo esquivó.

-¿Cómo era el hombre?

-Pelo pincho… estaba furioso y vestía de negro… qué se yo ¡realmente no recuerdo mucho!

-¿Qué pasó después?

-El polvillo hizo efecto y se desmayó o algo así y ellos se lo llevaron. Dejaron un rollo de billetes y volvieron a amenazarme antes de salir. Ya no sé más. Eso es todo, enserio nena. No sé más de ellos ni de nadie. Juro que nunca me había pasado algo así y que los papeles del negocio están al día. Te juro que hasta he dejado de beber y…

-¡Que no somos policías imbécil!

Golpeé su cabeza una última vez antes de soltarlo e irnos hacia la salida. ¿Qué saco sabiendo lo que le hicieron? ¡Lo drogaron! No es la mejor noticia que he tenido hasta el momento, pero al menos ahora sé cómo sucedió el secuestro.

A penas cerré la puerta de la camioneta arrendada y Erik la puso en marcha, me saqué la peluca negra y los implantes faciales. Realmente me incomodaba usar estas cosas, pero no podía arriesgarme siendo Bill quien me acompañaba pese a mis quejas. Sí, él presenció todo bajo un camuflaje que tapaba casi todo su rostro. Era incómodo actuar frente a él como una asesina, pero fue su elección verme así, como la Invasora.

-¿Alguna noticia de Andrea? –sí, fui la primera en hablar en el silencio del auto.

-Está con Tom. Ya mató al último proveedor y quemó los contratos de los empleados, incluyendo a las trabajadoras sexuales. Sólo quedan los que están en la calle –la voz de Uranio se volvió lineal, totalmente concentradísima en no ser seguidos por nadie ni nada.

-Dejemos que corran la voz –ya bastantes vidas habíamos ultrajado por lo que dejarlos vivos era de poca importancia.

-Tom me envió un mensaje –señaló a mi lado Bill, quien seguía camuflado-. Dice que la noticia ya está en la prensa.

-Bien, de ahora en adelante será mejor que nos mantengamos en completo hermetismo.

-¿Hermetismo? Tengo una empresa que dirigir y…

-Podrías tomarte unas vacaciones y decir que irás a… no sé, ¿Las Vegas? –sugerí pese a mi incomodidad por dejar que congele su trabajo por mí.

-Humm… lo arreglaré con mi hermano, pero no puedo prometer nada.

-Está bien.

Si quería que se mantuviera con vida y la prensa no sospechara, Bill tendría que seguir mis órdenes. Aparentaría un viaje de negocios, vacaciones o lo que fuera que lo mantuviese fuera del ojo público. Ahora que sabía cuán infiltrado estaba Pantera en el secuestro de mi hijo, debía mantener lo más herméticamente refugiado a Bill de sus planes.

Pensar como Alphonse Solarin no era una elección, era un deber. Debía adelantarme a sus pasos con astucia, descontrolar las ramas que conectan su mafia al mundo y encaminar el miedo de los suyos con cada uno de mis movimientos. No era fácil, y por ello esperaba tener más ayuda de la que ya tenía. Gaspard lo sabía, pero no podía decirle a Bill hasta que estuviera hecho.

Esperé a que todos se bajaran del auto y a que subieran al ascensor, justificándome con ir en busca de mi abrigo en el auto. Vi la sospecha en los ojos de Bill, pero con una sonrisa despistada seguí mi camino lentamente hacia la camioneta. Cuando llegué a ésta, por suerte las puertas se habían cerrado y no había nadie más que uno de los guardias en la entrada dentro de la caseta de seguridad. Introduje las llaves hasta sentir el ronroneo de la camioneta y conduje lo más rápido que pude fuera del movimiento urbano y el tráfico, hasta una desolada bencinera junto a la carretera.

Un Jeep alzó las luces delanteras cuando me detuve junto a los baños rezando al Dios que me escuchara en esos momentos para no terminar con la cabeza cortada. Controlé mi ventilación con las manos en el volante mientras veía que dos hombres corpulentos salían del Jeep negro y se acercaban con todas las de matar. Las únicas armas que tenía, estaban en el asiento de atrás junto a mi ropa informal. Por primera vez, desde que trabajo para Pantera, deseaba quitarme la insignia representativa de su mafia para no ser un potencial enemigo frente a los ojos de quienes me ayudarían… o eso esperaba. Bajé la ventanilla cuando estuvieron a menos de cinco metros de distancia y esperé a por sus órdenes.

-Baja del auto –ordenó el de cabello erizado y lentes oscuros.

Mordí mi lengua consciente que no me convenía responderle a alguien que me consideraba peligrosa. Sí, también odiaba ser quién soy en estos momentos. Separé ambas piernas y levantes mis brazos con  las palmas abiertas, ayudando a mi revisión en busca de armas y explosivos.

-Identificación –pidió el otro, que se encontraba a mis espaldas revisando mis botas en busca de navajas, cuchillas y localizadores. Perdía su tiempo, realmente estaba desarmada y vulnerable.

-Invasora, Mafia de Pantera Negra.

-¿Tú? ¿La Invasora? No nos comunicaron que serías tú a quien vendríamos a buscar –se sorprendió uno buscando todo indicio de armas en el auto, hasta que dio con el bolso-. ¿Y esto?

-Es mi armamento. Cargo con él porque estaba buscando información en una zona peligrosa de los barrios bajos.

-Fingiré que te creo.

-Sólo hay un botiquín de emergencias, un extintor, los documentos del auto, el bolso y ropa –apareció el otro, que debía tener casi la misma edad que mi hijo.

-Está bien. Deja todo ahí –puso unas esposas en mis muñecas lo suficientemente apretadas para hacerme daño con sólo mover las manos, las unió a una cadena y esposó mis pies obligándome a mantener los brazos a mis lados-. La incomodidad es parte del proceso de seguridad, Invasora.

-Tras el veredicto, serás trasladada a este mismo punto.

Abrieron una de las puertas traseras, invitándome a entrar y deslizarme a los asientos de cuero. Observé cámaras de vigilancia a cada lado y lo siguiente fue el género de una tela negra deslizándose por mi cabeza.

-Otra medida de seguridad –se excusó uno de ellos.

-¿Qué hay de mi boca?

-Da igual si hablas o no. Incluso si muerdes.

-No morderé.

-No confío en el enemigo.

Si no confiara en mí, taparía mi boca o me adormecería lo suficiente para no seguir mentalmente las curvas en la carretera y hacerme una idea de mi ubicación mental. ¿Por qué no se aseguraban de no estar involucrados en una trampa de Pantera? Yo era su enemiga, y sin embargo me trataban como un personaje neutro.

No fue muy confortable el viaje y, entre canciones antiguas de Black Sabath que me ponían los pelos de punta y las vueltas bruscas de quien iba conduciendo, empezaba a sentirme asfixiada y mareada, con el estómago revuelto pese a sólo tener una taza de café en él y los dedos acalambrados de tanto afirmarme al asiento tratando de no saltar demasiado y pegarme con la cabeza. La boca me sabía a rayos y empezaba a cuestionar mi decisión de recurrir a ellos como método desesperado. Si se negaban, realmente no tendría a quién recurrir y lo más probable era que terminaran acusándome de traición y sentenciarían mi muerte. En caso que quisieran cooperar con el rescate de Sascha y el derrumbe del imperio de Solarin, el precio no sería del todo gratis porque así eran las cosas en la mafia. Tal vez querrían que me uniera a su equipo, tal vez querrían decapitarme y exponer gigantografías con mi cabeza sangrante y sin color. Pero el precio no sería para nada inolvidable. Por supuesto que no lo sería, estamos hablando de hombres que mueven el mundo como si fuera una pelota saltarina, que manejan vidas y son capaces de castrar a quien se les cruce.

Bill debía estar hecho una bestia, y no era para menos. Le había mentido cuando él quería acompañarme en esto. Gaspard me prometió no dejarlo ir tan fácilmente y aturdirlo si era necesario para que se quedara quieto mientras yo iba en vías de una peligrosa negociación. Realmente necesitaba tenerlo fuera de esto por ahora, en especial cuando los programas de espectáculos sólo quieren una imagen de él explicando lo que pasa en su vida privada.

El camino dejó de ser liso y ahora estábamos entre piedras, montículos y curvas. ¿Es que no pudieron elegir una mejor ubicación para esta reunión? Escuché gritos, movimiento de más autos y un olor a eucaliptus llenó el auto. El tipo que conducía se detuvo mientras el otro alistaba un arma, sin parar de silbar la última canción reproducida. Sentía mis manos sudorosas, sin saber qué esperar al salir. Mi respiración era un jadeo desequilibrado y mis ojos estaban abiertos en su totalidad en busca de un poco de claridad. Voces se acercaron hablando en código haciendo sonar con fuerza sus zapatos contra la gravilla. Abrieron la puerta de mi derecha y tiraron de mí presionando con fuerza mi brazo hasta doler.

Escuché un coro de voces en un idioma desconocido mientras era arrastrada sin piedad y mis rodillas terminaban sin piel. Tomaron mi otro brazo con igual o peor fuerza y casi me sentí flotar entre los hombres. Era humillante, y las risas no ayudaban a aliviar esa sensación enfermiza que me abrumaba.

Sentí madera bajo mis pies y un espeso aroma a inciensos, debía estar dentro del lugar porque sólo se escuchaban voces susurrando a mí alrededor. Perdí la noción del tiempo y el espacio con tantas vueltas y pasillos. ¿Una mansión? Lo dudaba. Un pie me pateó la espalda y perdí todo contacto con quienes afirmaban mis brazos. Jadeé no por cansancio, sino por miedo a lo desconocido, al siguiente movimiento.

La luz me abrumó a instante en que quitaron el saco negro de mi cabeza. No quise ver a ningún lado, incluso cuando noté sombras deslizándose en el piso junto a mis pies. Podía percibir las armas apuntando directo a mi cabeza y un montón de rostros fijos en mí.

-Descansen.

Indicó una voz jovial y relajada. Las armas que apuntaban hacia mí dejaron de hacerlo pero el escalofrío por mi nuca ni cesaba. Si me movía, me mataban, y si miraba también. Eran los enemigos de Pantera, los rivales de mi jefe y yo una simple escoria en terreno ajeno.

-No es necesario tanta rigidez, no está armada –dijo otro en un acento casi español.

-Es la mejor de todas, Abel. Incluso sin armas podría atacar a quien le plazca.

-Es minoría, no lo hará –insistió el del acento español, Abel.

-Bien. Que se queden los de la entrada, lo demás protejan en entorno mientras esto dure.

Y otro montón de pasos se deslizó a cada lado como si yo fuera sólo una piedra en el camino. Se cerraron las puertas y todo quedó en silencio. Levanté mi cabeza pese al riesgo de que me volaran los sesos. No conocía a ninguno, y eran quince en total. Mujeres y hombres, todos vestían la misma túnica negra hasta el piso que tapaban sus características físicas, pero no sus rostros. Estaba en la boca de los lobos y al más mínimo movimiento moriría.

-Párate y di tu nombre –dijo una de las mujeres, que debía tener un poco más que yo.

Obedecí con dificultad y murmuré mi nombre de batalla. Un murmuró se alzó y un montón de lápices empezaron a escribir mientras otros tomaban agua en copas finas.

-Ese no, niña. Ese no cuenta a partir de ahora –me corrigió sin expresión alguna en su rostro.

-(Name).

-Bien, (Name). Debes estar muy desesperada para reunir a los enemigos de Solarin y no recurrir directamente a él o a la policía como un civil corriente. Mi nombre es Musa.

-Imagino que estás al tanto de tu falta contra la C.T.M.I., porque esto es completamente ilegal y podría ser penado con tu muerte si nosotros decidiéramos notificarlo con las cámaras en cada esquina del cuarto –habló otro de acento escocés y de cabello rubio rizado.

-Lo estoy.

Los lápices cesaron alrededor de la mesa de roble con forma de medialuna frente a mí. No había corrientes de aire, ni más sonidos en la habitación. Las pinturas que decoraban las paredes tapizadas eran frías y mostraban a personas de la alta alcurnia con perfiles refinados y elegantes. Parecía un salón de reuniones, sólo que demasiado oscuro y frío para sentirse cómoda.

-Estoy realmente intrigado, Invasora. ¿Acaso es tanta tu valentía que osas hacernos frente como un puñado de viejos amigos? –dijo Abel, quien tenía los ojos más verdes que he visto en toda mi vida, y la mirada suave.

-Dinos tus motivos –habló otro hombre de rasgos afroamericanos.

-Mi hijo de…

-No, tus motivos para querer ser escuchada por nosotros. El por qué viniste hasta acá y cometer semejante acto ilícito.

-Porque no puedo involucrar a la policía en mi vida. Y Alphonse Solarin ya no es de mi confianza.

-¿A qué se debe esto último?

-Tiene a mi hijo cautivo.

Ningún susurro como esperaba, sino que todos los rostros apuntando hacia el mío totalmente demacrado y sin poder contener las emociones. Musa me observó tras la montura de sus lentes levantado las cejas.

-¿Eres consciente de la gravedad de la acusación que estás haciendo?

-Claro que sí.

-¿Cómo es que tienes un hijo? –habló otra mujer de pelo oscuro y ojos sorprendentemente grandes… oh, era ciega.

-Con la autorización de Solarin.

-Si Alphonse te concedió el permiso de maternidad, y  secuestro a tu hijo, ¿qué lógica tiene esto?

-Días antes de que Alexander, mi hijo, cumpliera la mayoría de edad Solarin le propuso ingresar a su mafia. Él se negó rotundamente.

-Tu hijo conoce a Pantera.

-Exacto.

-¿Y qué te hace pensar que fue él?

-Su equipo de seguridad y muchos espías están implicados en su secuestro. Créanme cuando les digo que son personas que yo misma entrené a lo largo de mi carrera en la mafia y que muchas de ellas no pudieron ascender bajo mi jurisdicción debido a que reprobaron los exámenes psicológicos.

-¿Y el padre del chico?

Miré a Musa directamente a los ojos, expresando la mayor sinceridad posible. Podía estar entre la espada y la pared, pero no involucraría a Bill en esto.

-Es un civil.

-¿Y por qué no él?

-Porque no sabía que era el padre de Alexander hasta el día en que mi hijo huyó de casa.

-Invasora, será mejor que expliques de una vez por todas todo este enredo si quieres que recibamos tu ayuda.

Respiré profundo y comencé a narrarles cómo conocí a Bill, lo que pasó cuando se enteró de lo que era y todo lo que me llevó a esconder mi embarazo de él y del mundo de las mafias, hasta el último día que vi a Alexander. Dolía abrir heridas pasadas, pero esta era la única forma de tener a mi Sascha de nuevo conmigo.

-… y tras buscar en cámaras de seguridad de la ciudad, dimos con el cuerpo de mi hijo siendo trasladado hasta la mansión de Pantera.

-Esto es ridículo. No podemos hacernos cargo de tus errores como madre, (name). Que un chico perdido esté en manos de Solarin no es de nuestra incumbencia, ¿qué ganaríamos nosotros rescatando a un adolescente que ni si quiera conocemos o nos importa?

-Perfectamente podrías ir tú a buscarlo, ¿no es por eso que te haces llamar la Invasora? –habló por primera vez una mujer de rasgos asiáticos y de cabello corto.

-¿Qué planeas para solicitar nuestra ayuda?

-Planeo acabar con Solarin.

El murmullo creció y todos empezaron a hablar exasperadamente, siendo Abel el único que me observó con el ceño fruncido. Quizás expuse mal mi solicitud, argumenté erróneamente o piensan que estoy loca. Dios, estaba a un paso de mi propia muerte y no sabía cómo ponerlos de mi parte. No les podía ofrecer mi vida porque era insignificante para ellos al igual que el dinero. Es una locura, y estoy pensando en recapacitar sobre mi cordura en estos momentos.

-¿Qué podemos ganar? –habló fuerte y claro Abel, acabando con las discusiones y comentarios ensordecedores, y haciendo que muchos volvieran a sus puestos -. ¿Qué nos asegura que no seas como él?

Miré mis muñecas enrojecidas y magulladas con la presión de las esposas. Si me inclinaba más, podría ver mis rodillas palpitantes y aportar a que mi traje estaba roto en demasiadas partes. ¿Qué me hacía distinta a Pantera? Todo.

-Si mato personas es para sobrevivir, no por placer propio. Si robo, lo hago porque debo acatar sus órdenes, no porque quiera. Y si he decidido romper las reglas y poner mi vida en sus manos, es porque necesito a mi hijo conmigo sano y salvo.

-Que lo hagas contra tu voluntad no te hace menos culpable, (name) –sentenció Musa.

-Eres libre de dejar la mafia en cualquier momento.

-Pero no estoy libre de mi destino, de las venganzas y de los peligros que involucran a mi familia.

-¿Y qué te hace pensar que en este mundo estarás más protegida que en el común y corriente?

-Esté donde esté, mi vida siempre colgará de un hilo, Musa.

-Mark, lleva a la Invasora al pasillo, por favor – ordenó Abel.

Y de la misma forma en que llegué hasta acá, sólo que sin el saco en mi cabeza, terminé sentada en una banca junto a la puerta con seis guardias que no paraban de verme y evaluar cada movimiento. Tenía los músculos más tensos de lo que los he tenido a lo largo de mi vida y dolían a tal punto de sentirme como una momia. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en la pared en busca de un poco de confort, pero era difícil sabiendo que tu vida y la de tu hijo estaban en manos de personas que realmente no parecían tener amor por otras personas, porque al igual que yo, ellos fueron hechos para matar.

Ya me había acostumbrado al intenso aroma del incienso y a las miradas asesinas de quienes me cuidaban en puestos estratégicos, cuando abrieron la puerta y Abel junto a Musa salieron al pasillo. Me puse de pie frente a ellos evaluando sus expresiones pero sin obtener nada a cambio. Los guardias se retiraron dándonos espacio para la privacidad pero sin despegar un ojo de mí.

-Hay tres condiciones para que te ayudemos.

-Si acabaremos con Alphonse Solarin, tendrás que darnos acceso a todo lo que nos ha robado, incluyendo sus bienes inmuebles y cuentas bancarias, ¿entendido?

-Sí.

-Y las dos últimas constan de tu renuncia obligatoria a las mafias, dejando todo esto en un estado de confidencialidad. Firmarás un contrato de confidencialidad absoluta, en especial sabiendo que el padre de tu hijo está en el mundo del espectáculo.

-¿Cómo lo…?

-Investigamos a cada persona que solicita nuestra ayuda, (name). ¿Te opones a alguno de los anteriores términos?

-No.

-Bien, esta madrugada reuniremos tropas e iniciaremos un plan de ataque al que te mantendremos informada en las próximas horas.

A penas terminé de firmar el acuerdo, entré en razón sobre lo que había acordado. Sería el fin de mi vida como Invasora, el fin de una vida de manos manchadas y el comienzo de una persona nueva. Ésta, sería mi última misión como Invasora y como (name)… la última en mi entera vida y la más importante.



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Lamento haber desaparecido de la faz de la Tierra sin explicación alguna, pero durante mis cortas vacaciones aproveché de desconectarme un poco del mundo de internet porque realmente lo necesitaba. Ahora, he vuelto con todo y las espero dejando un comentario en el blog!

Atte. Nina  :)

jueves, 31 de julio de 2014

Capitulo 54 (Tercera Temporada)

Tenía la sensación de estar atrapada en un elevador que reflejaba mi rostro en las cuatro paredes que me rodeaban, burlándose de mi expresión como ahora mismo debía estar Pantera haciéndolo.  Y de pronto, cuando menos lo esperas, la pequeña caja que me tiene cautiva, desciende llevando a mi corazón hasta mi cabeza y revolviendo todo en mí.

¿Acaso no he sido siempre su marioneta, una simple esclava de sus sueños? Y ahora, en un intento de mantener fuera de esto a la única persona que deseo proteger de mi mundo, ésta se encuentra cautiva bajo la mirada de quien mató a mis padres y me encerró en este mundo de vivir para matar.

Arrastré los pies por el pasillo en silencio, esperando ver a alguien que me hiciera olvidar los pensamientos destructivos que venían a mi mente. La cocina estaba vacía y las habitaciones con la puerta cerrada, ¿qué hora es? No, ya ni tiene caso la puta hora. El sonido de unos dedos tecleando me introdujo hasta la sala del departamento, empezando a sentirme culpable por haberme quedado dormida.

-Deberías seguir durmiendo.

Observé la taza vacía en la mesita junto al montón de cables y computadores encendidos. Debía llevar horas ahí a juzgar por la manera en que estiró los brazos y las piernas dedicándome una de sus mejores sonrisas cansadas que debían ser el único remedio para apaciguar el dolor de mi corazón.

-¿Qué hora es?

-Las cuatro y treinta de la mañana.

-Deberías dormir, Bill. No creo que estés acostumbrado a desvelarte tanto tiempo.

Pestañeó y me hizo un espacio para sentarme a su lado, bebiendo un sorbo de lo que ahora juraría que es el café más cargado que he visto en mi vida ¡puaj!

-No tengo sueño.

-¿Y has estado aquí todas estas horas?

-Bueno, después de hacerte dormir, hice algunas llamadas importantes y vine a observar con mayor claridad los videos.

-¿A quién llamaste?

-Al mismo investigador privado de hace unos días.

-Bill, no deberías…

-Le expliqué lo que sabíamos hasta ahora, e insistió que le enviara los videos de las cámaras de seguridad. Lo hice, y dio con un detalle que no vimos debido a la infinidad de videos que todos vieron durante estas semanas.

-Eso es peligroso, no deberías simplemente hablar con él y…

-Pensé que ya habíamos pasado por el punto de la confianza hace años, (name).

-No se vale, es nuestro hijo.

-Lo sé, y por ello soy capaz de comunicarme hasta con el mismísimo demonio con tal de saber dónde está y qué puedo hacer para salvarlo.

Besé sus labios ignorando el sabor agridulce del café. Realmente me tranquilizaba saber que contaba con él para esto, y que  ya no había secretos entre nosotros. Sus labios fueron nobles y suaves contra los míos, que seguían adormilados. Me habría gustado que durase más, pero no estábamos solos en este departamento.

-Vaya, creo que a partir de ahora me convertiré en el próximo Rambo si obtengo más besos así.

Sonreí y él puso una mano en mi muslo, presionándolo suavemente con una sonrisa traviesa que me habría puesto a mil por hora si no fuera porque tenía que decirme algo.

-¿Y cuál es el detalle que no notamos?

-El recorrido del auto.

Debió notar mi cara de tonta ante sus palabras, porque no entendía hacia dónde quería ir. No suelo rastrear autos, porque lo mío es un trabajo concreto y que no requiere de tanto seguimiento. Y ahora Bill, siendo un simple cantante sin conocimientos de inteligencia bélica, nota lo que nadie hasta ahora ha podido.

-A lo que me refiero, es a que no rastraron en ningún momento  la entrada y salida de cada vehículo desde el día en que desapareció Alexander. Y resultó ser que sólo uno cargó un cuerpo el día siguiente a la desaparición de Sascha. Fue a una especie de bar, anoté la dirección en mi teléfono. Y llevaba la misma ropa que nuestro hijo. Juraría que si no recibió una paliza por parte de alguien, fue drogado.

-Necesito que me muestres el video del bar o de las calles aledañas.

La pantalla del computador frente a mí, titiló por un momento antes de volver a mostrar las imágenes de una puerta donde dos gorilas rodeaban cada lado. No había gente, pero a juzgar por los dos vehículos obscuros, el lugar estaba siendo vigilado.

-No parece ser un lugar de mala muerte, pero debió haber alguien infiltrado para saber la ubicación exacta de Alexander.

-Detén la imagen cuando aparezcan personas.

Giré mi cabeza lo suficiente para identificar a Gaspard detrás de nosotros completamente atento a lo que pasaba por la pantalla. Su rostro aún estaba hinchado tras la pelea con Bill, pero parecían haber dejado las diferencias atrás a juzgar por sus sonrisas. Volví al video y tras adelantar unos minutos, lo detuvo ante una persona.

-Avanza.

-¿Qué buscamos? –pregunté.

-Rostros conocidos –vaya, ahora hasta parecían estar conectados hablando al mismo tiempo. ¿De cuánto me he perdido mientras dormía?

Lo siguiente fue un viejo de malas pintas y barba larga que cojeaba bruscamente. Lo siguiente fue un sinfín de personas saliendo a aso apresurado completamente amontonadas, pero no necesité decirle a Bill que pausara el video para saber de quién se trataba. Era funcionarios de la mafia, mis colegas de seguridad siendo liderados  por uno de mis iguales.

-¿Lo conoces?

-Iván. Estambul, otoño de 1997. Tiene una cicatriz en la mejilla derecha y un tatuaje en el cuello, un tiburón. Es zurdo y demasiado lento con el cuerpo pero rápido con el gatillo.

-Ahí está.

Efectivamente, el cuerpo que cargaban era mi Alexander, completamente inconsciente y con las mismas ropas con las que abandonó el departamento el día de su cumpleaños.

-¿Puedes acercarla más?

-Se verá borrosa, me advirtió.

-Lily podrá trabajar en ello.

-Ella está durmiendo –advirtió Gaspard-, y no hay tiempo para esto.

-¿Qué necesitas?

-Saber si se opuso a su atacante o no. Así podremos saber si fue sedado o estaba KO.

-La camisa de quien lo lleva y las manos de los hombres estarían manchadas con sangre o tendrían las ropas arrugadas –comentó Bill.

Vaya, sus análisis estaban para una oda de Neruda al ritmo en que iban. ¿Realmente esta es Bill Kaulitz?

-¿Cómo lo sabes? –preguntó Gaspard.

-He visto demasiadas peleas en mi vida, y créeme cuando te digo que la posición corporal y la vestimenta cambian cuando hay contraataque del oponente.

Dejarme con la boca abierta fue poco. Había subestimado los conocimientos de Bill y me sentía fatal por ello. Lo mejor sería concentrarnos en un plan de ataque ahora que conocíamos a algunos involucrados.

-Ése es Dylan –dije apuntando a uno de cabellera rubia y rasgos finos-. Fue uno de mis alumnos, y pese a que insistió en pertenecer al equipo de inteligencia, lo reprobé al percibir su megalomanía tras la adorable sonrisa de siempre.

-Así que éste debe ser el cabecilla –murmuró Ulliel.

-De la operación, no del plan.

-Hablando de planes –intervino Bill-, debemos crear uno en tiempo récord. La señal ya lleva unas 24 hora y no podemos seguir desperdiciando más tiempo.

-Ninguna mafia está funcionando. No será tan fácil.

-¿Ya nadie te debe favores?

-Si de favores hablamos, ustedes encabezarían la lista con todo lo que han hecho durante estas semanas.

-Tendremos que recurrir a ellos si no podemos ir con la policía.

-No se interesarían en Alexander, ni si quiera lo conocen. Se negarán a colaborar por un simple adolescente en problemas.

-¿Y si ofrecemos una recompensa? Tom y yo tenemos una cuenta con demasiados seros para nuestra vejez, y no creo que seas la excepción, (name).

-El dinero no les importa. Para ellos es fácil intervenir en las cuentas bancarias. Lo que ellos buscan es…

La única respuesta, la única salida de este laberinto parecía ser la opción más arriesgada. Si no podía recurrir a la policía, debía ir con los de mi clase, con quienes me repudiaban y serían capaces de matarme con una sonrisa en la cara. Es una opción suicida, lo sé, pero debo arriesgarlo todo con tal de destruir a Pantera y recuperar vivo a mi hijo. Me levanté poniéndome a la altura de los ojos de Gaspard, quien sin duda sabía lo que pensaba con solo ver la decisión en mi rostro. Podía notar su repentina palidez y la ansiedad que empezaba a apoderarse de sus manos, retorciendo sus dedos. No quería oír las palabras, pero era nuestra única salida.

-Contacta a los miembros opositores de la C.T.M.I.

Washington D.C. podía quedar a miles de kilómetros de distancia, pero sus miembros, en la mayoría, europeos y asiáticos, preferían vivir lejos de ésta y sus corruptos planes de vigilancia. Europa tiene demasiados rincones inexplorados donde las autoridades prefieren no meter sus narices, y es exactamente ahí donde ellos preferían vivir.

-Ninguno te escuchará –susurró sin salir de su estado de alerta.

-De alguna forma lo harán si les ofrezco mi cabeza.

-¿¡DE QUÉ MIERDA HABLAS!?

Fue inevitable no pegar un salto ante el grito a mis espaldas. Qué tonta, debí decirle a Gaspard en privado, pero ya es muy tarde para lamentarme. Necesitaba explicarle con claridad mi plan si no quería que le diera un ataque cardíaco a tan temprana edad. La expresión de Ulliel era un poema, ni si quiera parecía sospechar que Bill se enojaría con mis palabras, y ahora que lo veía transformado en el próximo Hulk de estos tiempos, parecía realmente sorprendido con lo que veía.

-Iré a la cocina –camino como si le quemara la planta de los pies, totalmente incómodo. ¿Qué habían hablado para de repente evitar y respetar a Bill?

Me giré lentamente, pensando en las palabras correctas para decirle lo que planeaba. Nunca he discutido algo tan delicado con Bill, ni si quiera cuando descubrió lo que era. Ahora era muy diferente, y ambos lo sabíamos.

-Bill…

-¡No es la forma de hacer las cosas, (name), definitivamente no lo es!

-No tengo opción, es la única forma de obtener ayuda a costa de la policía.

-Estamos hablando de mafiosos, no de niños de infante. Pueden matarte con sólo respirar y nada te asegure que quieran oírte… ¿por qué no ves como yo lo hago, Invasora?

-Te entiendo, Bill.

-No, no lo haces. No entiendes ni una pizca y eso es lo que más me emputece.

-¡Es lo único que podemos hacer! Alexander está cautivo y no sabemos si está herido con vida o simplemente bien. Esos hombres son peligrosos, y yo no puedo contra ellos sola, ni ninguno de nosotros. Necesitamos de esa ayuda cueste lo que cueste.

-¡No quiero volver a perderte, (name)! Ya me cansé de esto.

-No…

-Vuelves a mí y luego te vas. Así ha sido no sé cuántas veces y la verdad es que ya estoy aburrido de que huyas.

-No estoy huyendo.

-No, pero desaparecerás y apuesto a que no paneas llevarme contigo al puto lugar al que planeas ir.

-¡Es peligroso!

-¡ENTIENDE QUE ESTAMOS JUNTOS EN ESTO!

Dios, si estás escuchándome, dame fuerzas para lidiar con esto. No puedo llevar a Bill a un lugar donde lo primero que harán será apuntarle con una pistola y luego preguntarle quién es o qué quiere. Me ponía enferme de solo imaginar a Bill herido por mi culpa. Si hacía esto con él, no sabía qué podía resultar de todo, pero si lo hacía yo sola… igualmente no tendría conocimiento alguno.

Sus brazos me envolvieron con tanta fuerza que creí estar a un paso de dislocarme los hombros. Sentía su preocupación incrementarse tanto como la mía, y un sentimiento de pérdida desarrollándose en lo más profundo de nuestras almas al notar que nuestra familia no estaba completa. Aún no habíamos disfrutado ni un solo día como la familia de debíamos ser y eso me entristecía demasiado. No obstante, la calidad de su cuerpo era el mejor refugio para mi alma desconsolada.

-No quiero perderte –susurró rompiendo en mil pedazos mi corazón con esa simple confesión.

-Y yo no quiero ponerte en peligro.

-Tú eres la que te pone en peligro. Entiende que lo princesa en peligro eres tú, no yo.

-¿Princesa en peligro?

-Sí, y yo soy tu príncipe azul al rescate.

-¿No estamos algo viejos para el cuento de hadas, Bill? –sonreí y pude notar que él sonreía conmigo. Empezamos a balancearnos lentamente como si hubiera música de fondo.

-Los cuentos de hadas son para siempre, o eso es lo que dice Disney.

-¡No le creas a Disney! –Me carcajeé tirando de su cabello para atrás ansiosa por ver su rostro y sus ojos iluminando mi corazón-. Te quiero demasiado para dejarte ir, Bill.

-Y yo te amo hasta doler.

-¿Tan poco?

-Bueno, entonces más allá de las estrellas y de la vida que me queda.

Una toz a nuestras espaldas nos trasladó a la realidad y solté a Bill con una sonrisa inocente que hasta los santos amarían. Era Erik junto a Rebbeca y Gaspard. Los tres llevaban una sonrisa cómplice que delataban sus risas ante lo que acababan de ver. Sé que no me puse roja, pero lo habría hecho si no fuera por la carcajada de Bill a mi lado.

-Bueno, supongo que como las cosas se arreglaron ya, podemos hablar de manera civilizada y sin golpes ¿verdad?

-Deberían seguir durmiendo –dijo Bill.

-Fue imposible no despertarse con tantos gritos.

-¿Tom y Andrea siguen durmiendo?

-Sí. De hecho me sorprende que sigan unidos pese a estar divorciados –dijo Gaspard desde la cocina.

-¿Unidos?

-No han peleado en absoluto, a diferencia de ustedes.

-Vaya, eso es extraño conociendo el carácter casi controlador de Thomas –se impresionó Bill y yo lo seguí levantando mis cejas.



ANDREA

-Lamento que no esté Cassandra con nosotros.

-No quiero que esté envuelta en un tema tan delicado y arriesgar su integridad física estando acá. Por eso la envié con mis padres.

-Gracias, Thomas. Aprecio mucho tu labor como padre.

-Sin embargo… esa chica, Bianca, está sola en un hotel.

-Creo que Rebbeca quería quedarse con ella cuando amanezca.

Nos encontrábamos todos reunidos en la casa de la Invasora por una razón que parecía unirnos más de lo inimaginable. ¿Cómo fue que un chiquillo desaparecido ha hecho un lugar en nuestros corazones en tan poco tiempo? No lo he visto muchas veces, pero sé que es la viva imagen de mi mejor amiga y Bill. Alexander, es encantador y realmente me gustaría volver a verlo.

Si bien se supone que Cassandra está en sus días de custodia con Tom, él decidió alejarla de todo este caos hasta que se solucionara cada problema. Realmente estaba muy apenada por la desaparición de quien ahora es su primo, totalmente deprimida. Ella, debió ver una faceta importante del comportamiento de Sascha, sin embargo nos dijo que era tan impredecible que no tenía ni idea de dónde estaría el muchacho. Quizás se siente culpable, qué sé yo, pero lo mejor que puedo hacer como su madre es alejarla de Pantera y de todo esto.

Las personas reunidas en esta casa, exceptuando a los Kaulitz, han matado a más de cien personas entre todos, incluyéndome. Cada uno de nosotros cargaba con muertes, amigos y familias destrozadas por culpa de un tirano hombre que nos controlaba como simples marionetas. Si bien muchos pudimos encontrar la salida a tiempo de la mafia de Pantera, (name) no pareció ver la salido al final del túnel pese a nuestros consejos, atándose aún más si es posible al mundo más oscuro y peligroso que he visto.

-Andrea.

Observé a Thomas, viendo con total claridad su rostro entre la oscura habitación. Por muy increíble que suene, por primera vez en no sé cuántos años de divorcio, hablábamos y compartíamos de manera civilizada, como si nada hubiese pasado entre nosotros. Me reconfortaba saber que podía tener al menos un pedacito del Tom del que me enamoré mientras estuviera acá y Ria no apareciera marcando su territorio y haciendo el ridículo frente a todos.

-Será mejor que nos unamos a la fiesta –señaló la puerta con la cabeza.

Arreglé mi cabello y me puse las botas antes de salir tras Tom. Sus dedos entrelazaron los míos y los apretaron como si estuviera buscando un pilar donde apoyarse. Pese a los repentinos sentimientos que afloraban desde algún lugar de mi corazón, le devolví el apretón con completa seguridad.

-… hay demasiadas trampas en cada pasillo. Basta con tocar algún objeto y posiblemente este explotará y se llevará tu brazo contigo.

-¿Existe una forma de apagar el sistema de seguridad?

-Matando a los controladores.

-¿Controladores? –preguntó Tom a mi lado.

Bill observó nuestras manos unidas y pareció sonreírle a su hermano, pero su gemelo ignoró esto o al menos eso me pareció. Y Bill no fue el único, sino que todos notaron nuestra cercanía, pero ninguno pareció querer hacer un comentario al respecto.

-Son el equipo de seguridad que protegen a la mansión de intrusos o personas no deseadas –dijo Erik volviendo su mirada a la ventana frente a ella, como esperando ver algo.

-¿No hay más opciones? –dijo Lily, acariciando su panza en el sofá junto a Rebbeca.

-Es muy difícil ingresar a la mansión sin ser vigilado por ellos.

-¿Y si los sacamos? –preguntó Bill.

Todos se giraron a él. Esperen, ¿me perdí de algo? Bill tenía unas ojeras terribles, los ojos rojos y un aspecto que iba en contra de sus principios. Era obvio que no había dormido, y a juzgar por la taza de café que sostenía, la cafeína era lo único que lo mantenía despierto. Miré a Thomas, pero parecía ya haber notado la apariencia de su hermano quitándole importancia.

-¿A qué te refieres con sacarlo? –Preguntó Gaspard-. Si es lo que creo, créeme cuando te dijo que tienen el culo cubierto de pegamento extra fuerte con tal de no abandonar sus puestos.

-Sí, a eso me refiero. Si se ven forzados a abandonar sus puestos porque faltan refuerzos o algo por el estilo, lo harán.

-¿Algún plan? –pregunté viendo que la idea de Bill por muy alocada que fuera, parecida ser buena.

-Provocar disturbios alrededor de la mansión. ¿Es un barrio residencial?

-Sí –asintió (name).

-Pues entonces, incendiaremos todo a nuestro paso, pondremos bombas de ruido y humo, lanzaremos algunas granadas y haremos todo lo posibles con tal de llamar su atención.

-Hey, está bien que tengas una mente creativa, pero estás poniendo en riesgo muchas vidas inocentes que no tienes la culpa de vivir junto a un puto mafioso.

-¿Propones algo mejor, Gaspard?

-No es tan fácil como crees, Bill. Es prácticamente una fortaleza de guerra a la tenemos que ingresar y…

-Bill tiene razón –habló de repente (name) quien se mantuvo en silencio al lado de Bill todo el tiempo-. Debemos llamar la atención de los rastreadores, y para eso necesito de su ayuda Gaspard y Andrea.

-Depende del plan –enfaticé alejando mi mano de la de Tom.

-El plan se hará sobre la marcha.

-¡Eso es suicida! –se quejó.

-Si hacemos un plan, todo será demasiado predecible para ellos. Estamos hablando de agentes de inteligencia, Ulliel –le dije.

-Vale, ¿qué quieres?

(Name) se levantó y se dirigió a al pasillo en completo silencio, dejándonos a todos mirándonos las caras tratando de averiguar si alguien sabía lo que ella tramaba. Volvió con una maleta y un bolso que Bill pareció reconocer a juzgar por su expresión impresionada, como si atara cabos. Esto me daba mala espina, y si no me equivocaba, sería de lo más alocado posible.

-Matarán a los proveedores, destruirán las redes de contacto que tiene Pantera Negra, incendiarán bares, tabernas y casinos que recurran al comercio negro. Eliminen lo que sea necesario para terminar con las redes de comunicación de Solarin, sin dejar rastros y sus rostros al descubierto.

Suicida, completamente arriesgado. Pero la adrenalina en mis venas, me hacía sentir ansiosa por acción, por volver a aquellos tiempos donde destruir y patear traseros era lo mejor. Con mi retiro, me faltaron demasiadas cosas por terminar, y de algún modo podía recompensarlo con esto. De alguna manera, Amatista volvía a tomar su lugar.



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Lamento la tardanza, pero habían ideas que no sabía cómo unirlas en mi cabeza. Espero que les guste! ;-)

Atte. Nina