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domingo, 21 de septiembre de 2014

Capitulo 56 (Tercera Temporada)


-¿Bill no te respondió el teléfono?

-No lo llamé.

-¿Y por qué yo?

-¿Te molesta?

-Me sorprende.

-No deberías. Sabes que te considero un amigo.

-¿Y Gaspard o Erik?

-Están vigilando a tu hermano.

-¿Y en qué viniste?

-En la camioneta.

-¿Qué hiciste con ella?

-La dejé abandonada en la gasolinera.

-¿Era tuya?

-No, era robada.

-¿¡La robaste!?

-No, yo no. Es una especie de negocio negro. Ellos roban autos y luego los trafican, arriendan o venden. En este caso lo arrendé, pero como viene con GPS, uno de ellos la encontrará y vendrá en su búsqueda.

-Inteligente negocio.

Tenía ganas de ducharme, dormir y tomar uno de esos tés de Twinings. Pero no podía, y dudaba hacerlo en las próximas veinticuatro horas. Llegaría a casa sólo para poner al día a los demás y preparar algún plan que sirviera para sacar a Alexander de ahí y que fuera de la mano con el que me mandarían mis nuevos aliados. Mi cuerpo dolía de lo tenso que estuvo mientras solicitaba la ayuda de ellos, y tenía una sensación de vacío en la boca del estómago, como una especie de fatiga post-estrés.

Era en estos momentos en el auto de Thomas, que entraba en razón sobre el peso de las condiciones dadas por Abel y Musa. Prácticamente me habían perdonado la vida a cambio de obtener los bienes de Pantera y su cabeza en bandeja. Y no sólo eso, tendría que salir del mapa en tiempo récord. ¿La invasora? Oh, ella estaría muerta después de esto. Mi vida como una de las espías más peligrosas sería un recuerdo plasmado en algún archivo o en la memoria colectiva de quienes pudieron conocerme o saber de mí. Me convertiría en un simple recuerdo y luego, en nada más que un nombre que se borraría con el tiempo. ¿No es eso lo que pasa con la gente  que muere? Al principio todos recuerdan su rostro, su voz y sus acciones, pero después todo eso queda en el olvido y pasa a ser uno más del montón.

Si alguna vez quise la oportunidad de rehacer mi vida como una simple mujer, ésta era mi opción de cambiar el destino y ser simplemente… (name). No obstante, debía ser sincera conmigo misma. Extrañaría esta vida de acción y enemigos, como si fuera un superhéroe retirado en una ciudad perdida. Extrañaría ser la Invasora, dibujar una sonrisa en mi cara cuando todos se mearan en los pantalones con sólo verme, sentir la adrenalina propia de un combate cuerpo a cuerpo, e implorar respeto y miedo con cada paso. Extrañaría la sensación de sentirme poderosa en un mundo obscuro, pero ahora debía seguir con mi camino y pensar en el futuro que me esperaba siendo la madre de Alexander y la pareja de Bill. Tendría una familia tras muchos años sin una.

-Ya llegamos –anunció Tom apagando el motor-. ¿Estás bien?

-Sólo cansada, pero nada que un buen baño no solucione.

-¿Quieres que enjabone tu espalda? –sonrió de la misma forma que siempre lo ha hecho. Abrimos nuestras puertas y activó la alarma tras tomar mis cosas y cerrarlas.

-¿Quieres que te ayude llevando ese bolso? Sé que pesa.

-¿Enjabonaré tu espalda?

-Claro que no, idiota.

-Entonces no quiero que me ayudes con esto. Además, tengo músculos.

-¿Ah, sí? ¿Dónde?

-Ja-já. No es necesario que te hagas la ciega.

-No tienes músculos.

Subimos al ascensor peleando sobre músculos y el entrenamiento físico ideal, hasta que llegamos a la puerta del departamento. No fue necesario que pusiera la llave en la cerradura, porque se abrió de golpe exponiendo a un furioso Bill con cara de querer quemar mi cabeza. A mi lado, Tom parecía resignado a oir los gritos más ensordecedores de su gemelo cantante, sin embargo pasó por su lado tras una leve inclinación de cabeza y saludando a los demás. Era yo la que no se salvaría de esos gritos, la que terminaría con las orejas rojas y cansadas de tantos retos. Bill se cruzó de brazos analizándome de pies a cabeza con completa seriedad.

-Bill, realmente no te podía decir dónde…

-Cállate.

Vaya, ¿enserio éste es Bill?

-Pero…

Tomó mi brazo con tanta fuerza que creí que terminaría azul, y me hizo entrar bajo la atenta mirada de todos menos Andrea y Tom. Cerró la puerta con extremo cuidado y me condujo por el pasillo en dirección a mi habitación. Aseguró la puerta con el pestillo y me sentó a los pies de la cama sin mirarme si quiera un poco. Me sentía incómoda, avergonzada y sin saber qué mierda decir para hacerle sentir mejor y eliminar toda esa ira contenida que rogaba por ser expulsada a gritos y patadas.

-Bill…

-Que te calles –gruñó esta vez con más violencia.

Se dirigió al baño, y realmente sentí que leyó mis pensamientos cuando abrió la llave de la bañera regulando su temperatura antes de echarle algunos aceites y agitar el agua hasta crear burbujas espesas y pomposas. Esperó lo que se me hizo una eternidad y luego volvió al cuarto con la única luz del baño iluminado mi rostro y sus espaldas. Mi corazón latía con tanta fuerza que creí que reventaría cuando se agachó y vio mis rodillas peladas, al igual que la punta de mis botas. Parecía estar realmente afectado, como si me odiara aún más por el sólo hecho de verme así. Desató el cordón de cada bota, sacó mis calcetines de cada pie masajeando suavemente cada pie y levantando mi lívido con ello. ¿Los pies? ¿Enserio? ¿Cómo es posible que el simple tacto en ellos despierte las terminaciones nerviosas de mi cuerpo haciendo que cada rincón en mí reviva hasta la última gota? Empezaba a sentir calor, a olvidar la tensión de mis músculos y…

-Bill…

Me levantó y tiró de mis pantalones llevándose con ellos las bragas. Dio un toque en cada pie para que saliera de ellos y yo obedecí como hipnotizada. Estaba furioso, pero su tacto era de lo más dulce y por muy bizarro que sonara, amaba esa mezcla. Me quitó la chaqueta y la camiseta negra de un solo tirón y desabrochó mi sostén antes de tirarlo lejos del alcance de mis manos. Me daba igual, la ropa podía estar arrugada y sobre la lámpara del techo si era posible. Me llevó hasta la bañera y me ayudó a introducirme en ella. Dios, me sentía en el mismísimo Edén con el contacto del agua aliviando mi cuerpo. Sentía que mi boca gemía a medida que me recostaba, ignorando lo poco que el aceite de jazmín escocía sobre mis rodillas peladas. Era como la séptima maravilla del mundo estar en esta bañera de agua caliente aliviando todo músculo existente. Abrí los ojos totalmente extasiada bajo la atenta mirada de Bill y luego recordé que estaba enojado.

-Tienes que dejarme hablar –empecé tanteando su temperamento.

-Siéntate y date la vuelta.

-Bill –insistí pero su mirada pudo contra mis palabras.

-Sólo hazlo.

Había envejecido por lo menos diez años cuando me volvió a mirar, y eso dolió. Obedecí en silencio, dándole la espalda. Arrastró una silla y escuché el leve crujido que dio al sentarse en ella. Hizo mi pelo a un lado, tomó la esponja y le hecho un poco de gel de baño, luego la deslizó con suavidad por mis omóplatos y gemí aún más si se podía. Dios, él nunca me había bañado y cuidado de mí tanto como ahora. Me sentía como una muñeca de porcelana siendo cuidada y cincelada por su dueño.

-Estoy furioso, (name).

-Lo sé.

-Me sacas de quicio. En un segundo tengo todo bajo control en mi vida, y de repente llegas tú y destruyes mi tranquilidad y todo lo que me empeño en construir para ambos.

-No podías acompañarme, Bill.

-¿Y si te pasaba algo? He tratado de cuidarte desde que supe qué eras, pero me lo pones tan difícil. Necesito que confíes en mí, que me dejes dirigir tu camino y protegerte con mi vida si es necesario, (name).

-Esos tipos eran lo más peligroso que he visto, y no podía dejar que supieran de ti. Entiendo que quieras protegerme, pero no quiero que pierdas la vida en ello.

-¿No es eso amar?

-¿Qué?

-Amar es dar la vida por el otro sin importar cómo ni cuándo. Es querer proteger de todo y de nada a quien se quiere. Es desear ser su ángel guardián si es necesario para pasar todo el tiempo posible con esa persona y no perderse ni un segundo de su vida. Es… querer pasar el resto de mi vida contigo sea donde sea.

Me giré, sin palabras y con el corazón derritiéndose en mi interior. Bill Kaulitz, el hombre que puso mi vida patas arriba, me estaba dando una lección importante; el significado del amor. ¿Qué palabras podían describir lo que sentía más que amor por él? Estaba enojado porque lo alejé de mí y él no pudo estar ahí para protegerme como quiere hacer. Este hombre me ama, y yo no hago más que impedir que lo haga y extienda sus alas contra mí como él desea. Sus ojos me mostraban cuán dolido estaba con lo que acaba de hacer y tras ello, notaba el amor líquido del que hablaba, materializándose en un hermoso y brillante iris.

-Odio que me mientas.

-Lo sé.

-Sin embargo sigues haciéndolo –deslizó la esponja sobre mis brazos con lentitud y delicadeza.

-Fui en busca de más ayuda.

-¿Y la conseguiste?

-Sí. En unas horas se contactarán conmigo para conocer el plan.

-¿Cuándo se realizará?

-En unas horas más.

-¿O sea que pronto veremos a Sascha y estará a salvo con nosotros? –algo en su rostro de iluminó como un sol radiante entre las nubes.

-Espero con todas mis fuerza eso. Pero a cambio tuve que dar algo.

-¿Qué cosa? –dejó la esponja a un lado y apoyó ambos brazos sobre sus piernas sin perderse ningún detalle de mi rostro.

-Ya no puedo formar parte de las mafias, debo presentar mi renuncia voluntaria. Ya no seré la Invasora, Bill.

-¿Te molesta?

-Me apena, pero creo que es una nueva oportunidad para rehacer nuestra vida y quitar todo este drama que nos rodea. Además, ya no me verías con las rodillas rasmilladas o con miles de cicatrices nuevas.

-Pero volverás a ser normal y eso creo que es bueno.

-¿Acaso hay algo normal en nuestra vida?

-Si lo ves resumidamente, no hay nada normal, pero…

-Con eso basta.

Tomé su camisa con mis manos mojadas y acerqué su rostro al mío juntando nuestros labios en un beso duro e intenso. ¿Cómo es posible sobrevivir sin él, sin su aroma, su voz y sus besos? Pensé tantas veces en Bill cuando me alejé hace unas horas de él, que creí que me volvería loca si no volvía a verlo otra vez. Siempre he necesitado de él y seguirá siendo así hasta que tome todo de él y él de mí. Sé que nos consumiremos juntos hasta hastiarnos del otro, pero mientras esto dure, lo viviré y disfrutaré.

No pasamos a más. Fue un simple beso con manos empapadas, mordeduras de labios y uno que otro combate lengua a lengua por el espacio en nuestras bocas. No había tiempo de aumentar el grado de contacto cuando debíamos crear un plan de escape para salir con Sascha sano y salvo. Me vestí con unos jeans y un suéter oscuro, añorando la ropa cómoda y holgada en vez de un traje demasiado apretado para mi gusto y con la insignia de una mafia a la que ya no pertenecería nunca más. Bill secó mi pelo entre más besos y bromas juguetonas, y luego volvimos con los demás como si nada hubiera pasado.

Nos sentamos en una silla del comedor –yo sobre sus piernas-, y les comencé a narrar todo lo que pasó de principio a fin sin saltar detalles de nada. A juzgar por sus expresiones, no parecían demasiados contentos cuando les conté que sabían de Bill y que a cambio tendría que obrar como una traidora más, dándoles acceso a todo aquello que Pantera robó, ganó y compró. Era nuestra única opción y todos lo sabíamos.

-No es necesario que vayan todos –aseguré con tranquilidad tratando de no sonar asustada en lo absoluto.

-Sabes que iré –confirmó Bill a mis espaldas con voz ronca y casi peligrosa.

-Sé que irás por mucho que no deberías estar…

-Es nuestro hijo y es mi deber estar ahí.

-Ok, papá –sonreí y noté la sonrisa de Thomas junto a Andrea.

-Andrea se quedará conmigo a cuidar a Lily. Empezaré a alistar las armas –asintió Gaspard sin antes darle un beso a su amada hermana y novia.

-Gaspard no…

-Mujer, ¿es que no entiendes? Si bien me retiré de la mafia, no alcancé a despedirme como quería de Pantera ya que te negaste a renunciar. Este es mi momento y no está en mí renunciar a la única oportunidad que tendré de cobrar mi venganza justamente con Solarin.

-Lily…

-Sé que estará bien, (name). Tiene un bebé que criar y sabe que no planeo hacerlo sola, y que lo reviviré si es necesario –sonrió sorprendentemente con toda calma, sin rastro de preocupación alguna.

-Yo también iré –aseguró un Erik sonriente-. Quiero recordar viejos tiempos.

-Bueno, si es así, creo que será mejor que vaya también –se unió Rebbeca apretando la mano de su esposo-. No vaya a ser que este hombre termine con lumbalgia por forzar sus músculos.

-Entonces seríamos seis.

-Ajá.

-Bien, ahora debemos esperar a conocer el plan al que tenemos que adaptarnos. ¿Abel no te mencionó ninguna hora específica?

-No.

-Bueno, no importa. Igualmente crearemos algo para cuando ellos nos contacten.

-¿Alguna idea? –preguntó Tom a Gaspard, quien parecía ser el genio tras la operación.

-Bueno, matar a Pantera será lo más didáctico y creativo, el problema es llegar a él y no salir herido en el intento.

-Se supone que ellos quieren su cabeza, así que trata de no dañar su cutis, ¿vale? –sonreí recordando las veces en que las inyecciones de Botox lo hacía lucir terrible.

-Ellos también querrán matarlo –habló Bill estrechándome aún más-. ¿No será correcto dejar que ellos hagan los honores?

-¡Hey! ¡El plan! No nos desviemos –intervino Lily.

-Vale. El plan. Yo…

Dos golpes firmes sonaron desde la puerta, interrumpiendo mis palabras. Erik y Gaspard se levantaron al mismo a la defensiva y agudizando sus oídos. Me acerqué sigilosamente, arrastrando a Bill conmigo. Tomé uno de los paraguas de la entrada y abrí sigilosamente tratando de no emitir sonido alguno, como en las películas de terror. No había nadie, sólo un sobre blanco. Tenía mi nombre escrito a mano con finas líneas de tinta china. Miré alrededor en busca de alguien, pero el pasillo estaba vacío, las cortinas y ventanas del departamento estaban cerradas y la iluminación era tenue.

-(Name) –murmuró Rebbeca.

-No hay nadie afuera. Sólo esto.

Tomé el sobre entre mis manos ansiosas, imaginando amenazas, fotografías, palabras con significados secretos, códigos… cualquier cosa que acelerara mi pulso más de lo que ya estaba. Todos observaron el papel blanco con mi nombre, disponiéndome para abrirlo.

-¿Estás bien? –murmuró Bill.

-Sí.

Lo abrí por un lado y un micrófono con su respectivo audífono se deslizó por la palma de mi mano. Una luz verde se encendió de repente, esperando a ser usado. Había una carta dentro, pero le di mayor preferencia al pequeño aparato, por lo que lo puse en mi oído.

-Se me haría más fácil comunicarme contigo si corrieras una cortina.

-¿Quién eres? –pregunté acercando el pequeño micrófono a mi boca.

-Abel.

Oh…

-Las instrucciones generales están dentro del sobre.

-¿Y el audífono?

-Por si las cosas se salen de control.

Un escalofrío recorrió mi espalda imaginándome lo peor de todo. Yo, Bill, Alexander, Gaspard, Rebbeca y Erik, todos nosotros muertos. Abrí el papel doblado del sobre alejándome de Bill y yendo hacia la ventana. Leí cada palabra perfectamente escrita, grabándola en mi cabeza como hierro caliente sobre la piel.

Era algo demasiado arriesgado pese a ser algo tan elaborado, fácilmente morirían unas veinte personas con tanto armamento. Realmente había subestimado la caridad de esta gente, y me atrevería a decir que siempre han estado más preparados que la misma mafia de Pantera. Desplegué la segunda hoja que contenía el mapa de la mansión de Pantera, con pasadizos y habitaciones secretas incluidas, además de la zona de interrogaciones, donde estaba mi hijo. Estaba todo señalado y con un margen de error muy inferior.

Si salvar a mi hijo estaba al alcance de mi mano, era imposible dejar que la oportunidad de fuera de mi vista. Era un plan codicioso, con alrededor de cien personas desplegadas en un radio de dos kilómetros a la redonda y expertos en electricidad, gases y equipos electrónicos facilitando todo acceso a la mansión.

-¿Alguna duda?

-¿La posibilidad de fracasar?

-No está en la mentalidad de mi equipo fracasar mientras la recompensa sea mayor que el esfuerzo. Alístense. En dos horas más nos veremos en la dirección del reverso del mapa.

-¿La policía?

-Ya hemos entablado redes de contacto que nos ayudarán a quitarle importancia a lo que ocurra. Los esperamos.

La señal se cortó como si de un teléfono se tratara. Era la hora de actuar, de volver a ser la Invasora por última vez y salir victoriosa de la misión más importante de mi vida. A fin de cuentas, fui entrenada para lo peor.

-Partimos en dos horas –avisé con seguridad.

-¿Ese es el plan? –preguntó Gaspard.


-Es mucho más que eso.

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Lamento la demora, sigo estando ocupada. Este fin de semana fue mi primer descanso y creo que hasta estuve ebria (juro no volver a tocar un vaso de terremoto en un año más).
Les dejo el capítulo previo al rescate de Alexander, que estimo que durará dos capítulos largos.

Saludos!!

Atte. Nina.



PD: Girl got a gun es una canción perfecta para el fic ;-)

jueves, 28 de agosto de 2014

Capitulo 55 (Tercera Temporada)

INVASORA

Con nuestro primer paso listo, sólo necesitábamos ver las reacciones de Pantera. Él sabía que no me aparecería sin una razón laboral en su mansión, y no esperaba hacerlo para confirmarle cuán desesperada estaba por encontrar a mi hijo. Cada paso que daba, era demasiado arriesgado y cada uno de nosotros lo sabíamos.

Y ahora, cansada de esperar respuestas me encontraba golpeando contra la barra la cabeza del dueño del bar donde se llevaron a Alexander. Sin cámaras, sin enemigos y sin la ayuda de nadie. Soltó un gruñido primitivo, pero sus manos estaban lo suficientemente amarradas para poder defenderse.

-No tengo mucho tiempo –le advertí sacando una de las inyecciones calmantes que Andrea me consiguió.

-¡PERRA!

Al otro lado, veía la sonrisa torcida que me ponía nerviosa y a Gaspard sujetando una daga lo suficientemente afilada como para rajar doscientas gargantas y seguir cortando. Apuntó directo a su cuello, específicamente a su yugular palpitante e hinchada. Giré su cabeza para que viera mi sonrisa y se enterara que iba enserio.

-Mi compañero tiene un juguete que quiere volver a utilizar, ¿realmente quieres ser su conejillo de indias o responderás a mi pregunta?

Pude ver el debate en sus ojos verdes y el sudor desesperado de su frente y mejillas. Estaba en un debate interno, peleando entre su vida o su muerte. Y pese a saber la respuesta que me daría, esperaba que fuera más inteligente y confesara todo en vez de escupir palabrotas.

-Estaban detrás…

-¿Cuántos?

-No lo sé –apreté la presión de mis dedos en su casco hasta que gimió como el perro que era y continuó-. Amenazaron con matarme cuando fui a por una caja con cervezas… dijeron que debía introducir un polvillo en el vaso del chico de la barra o me destriparían delante de todos y quemarían el bar.

-¿Lo hiciste?

-¡No me quedó otra! Le dije a Phill que lo distrajera para ponerlo... después aparecieron por la entrada y…

-¿Quién es Phill?

-El chiquillo que le sirvió la cerveza. Mi ahijado.

-Ok, sigue.

-Me senté con los demás frente al escenario. Vi que se tomaba la cerveza y algunos empezaron a molestarlo.

-¿Con qué? –preguntó Gaspard frente a mí.

-En la televisión… él estaba junto a uno de esos cantantes… ese de apellido Kaulitz. Él lo ignoró todo porque realmente se veía fatal, ¿sabes? Después uno de los grandulones entró y trató de golpearlo con una botella pero él lo esquivó.

-¿Cómo era el hombre?

-Pelo pincho… estaba furioso y vestía de negro… qué se yo ¡realmente no recuerdo mucho!

-¿Qué pasó después?

-El polvillo hizo efecto y se desmayó o algo así y ellos se lo llevaron. Dejaron un rollo de billetes y volvieron a amenazarme antes de salir. Ya no sé más. Eso es todo, enserio nena. No sé más de ellos ni de nadie. Juro que nunca me había pasado algo así y que los papeles del negocio están al día. Te juro que hasta he dejado de beber y…

-¡Que no somos policías imbécil!

Golpeé su cabeza una última vez antes de soltarlo e irnos hacia la salida. ¿Qué saco sabiendo lo que le hicieron? ¡Lo drogaron! No es la mejor noticia que he tenido hasta el momento, pero al menos ahora sé cómo sucedió el secuestro.

A penas cerré la puerta de la camioneta arrendada y Erik la puso en marcha, me saqué la peluca negra y los implantes faciales. Realmente me incomodaba usar estas cosas, pero no podía arriesgarme siendo Bill quien me acompañaba pese a mis quejas. Sí, él presenció todo bajo un camuflaje que tapaba casi todo su rostro. Era incómodo actuar frente a él como una asesina, pero fue su elección verme así, como la Invasora.

-¿Alguna noticia de Andrea? –sí, fui la primera en hablar en el silencio del auto.

-Está con Tom. Ya mató al último proveedor y quemó los contratos de los empleados, incluyendo a las trabajadoras sexuales. Sólo quedan los que están en la calle –la voz de Uranio se volvió lineal, totalmente concentradísima en no ser seguidos por nadie ni nada.

-Dejemos que corran la voz –ya bastantes vidas habíamos ultrajado por lo que dejarlos vivos era de poca importancia.

-Tom me envió un mensaje –señaló a mi lado Bill, quien seguía camuflado-. Dice que la noticia ya está en la prensa.

-Bien, de ahora en adelante será mejor que nos mantengamos en completo hermetismo.

-¿Hermetismo? Tengo una empresa que dirigir y…

-Podrías tomarte unas vacaciones y decir que irás a… no sé, ¿Las Vegas? –sugerí pese a mi incomodidad por dejar que congele su trabajo por mí.

-Humm… lo arreglaré con mi hermano, pero no puedo prometer nada.

-Está bien.

Si quería que se mantuviera con vida y la prensa no sospechara, Bill tendría que seguir mis órdenes. Aparentaría un viaje de negocios, vacaciones o lo que fuera que lo mantuviese fuera del ojo público. Ahora que sabía cuán infiltrado estaba Pantera en el secuestro de mi hijo, debía mantener lo más herméticamente refugiado a Bill de sus planes.

Pensar como Alphonse Solarin no era una elección, era un deber. Debía adelantarme a sus pasos con astucia, descontrolar las ramas que conectan su mafia al mundo y encaminar el miedo de los suyos con cada uno de mis movimientos. No era fácil, y por ello esperaba tener más ayuda de la que ya tenía. Gaspard lo sabía, pero no podía decirle a Bill hasta que estuviera hecho.

Esperé a que todos se bajaran del auto y a que subieran al ascensor, justificándome con ir en busca de mi abrigo en el auto. Vi la sospecha en los ojos de Bill, pero con una sonrisa despistada seguí mi camino lentamente hacia la camioneta. Cuando llegué a ésta, por suerte las puertas se habían cerrado y no había nadie más que uno de los guardias en la entrada dentro de la caseta de seguridad. Introduje las llaves hasta sentir el ronroneo de la camioneta y conduje lo más rápido que pude fuera del movimiento urbano y el tráfico, hasta una desolada bencinera junto a la carretera.

Un Jeep alzó las luces delanteras cuando me detuve junto a los baños rezando al Dios que me escuchara en esos momentos para no terminar con la cabeza cortada. Controlé mi ventilación con las manos en el volante mientras veía que dos hombres corpulentos salían del Jeep negro y se acercaban con todas las de matar. Las únicas armas que tenía, estaban en el asiento de atrás junto a mi ropa informal. Por primera vez, desde que trabajo para Pantera, deseaba quitarme la insignia representativa de su mafia para no ser un potencial enemigo frente a los ojos de quienes me ayudarían… o eso esperaba. Bajé la ventanilla cuando estuvieron a menos de cinco metros de distancia y esperé a por sus órdenes.

-Baja del auto –ordenó el de cabello erizado y lentes oscuros.

Mordí mi lengua consciente que no me convenía responderle a alguien que me consideraba peligrosa. Sí, también odiaba ser quién soy en estos momentos. Separé ambas piernas y levantes mis brazos con  las palmas abiertas, ayudando a mi revisión en busca de armas y explosivos.

-Identificación –pidió el otro, que se encontraba a mis espaldas revisando mis botas en busca de navajas, cuchillas y localizadores. Perdía su tiempo, realmente estaba desarmada y vulnerable.

-Invasora, Mafia de Pantera Negra.

-¿Tú? ¿La Invasora? No nos comunicaron que serías tú a quien vendríamos a buscar –se sorprendió uno buscando todo indicio de armas en el auto, hasta que dio con el bolso-. ¿Y esto?

-Es mi armamento. Cargo con él porque estaba buscando información en una zona peligrosa de los barrios bajos.

-Fingiré que te creo.

-Sólo hay un botiquín de emergencias, un extintor, los documentos del auto, el bolso y ropa –apareció el otro, que debía tener casi la misma edad que mi hijo.

-Está bien. Deja todo ahí –puso unas esposas en mis muñecas lo suficientemente apretadas para hacerme daño con sólo mover las manos, las unió a una cadena y esposó mis pies obligándome a mantener los brazos a mis lados-. La incomodidad es parte del proceso de seguridad, Invasora.

-Tras el veredicto, serás trasladada a este mismo punto.

Abrieron una de las puertas traseras, invitándome a entrar y deslizarme a los asientos de cuero. Observé cámaras de vigilancia a cada lado y lo siguiente fue el género de una tela negra deslizándose por mi cabeza.

-Otra medida de seguridad –se excusó uno de ellos.

-¿Qué hay de mi boca?

-Da igual si hablas o no. Incluso si muerdes.

-No morderé.

-No confío en el enemigo.

Si no confiara en mí, taparía mi boca o me adormecería lo suficiente para no seguir mentalmente las curvas en la carretera y hacerme una idea de mi ubicación mental. ¿Por qué no se aseguraban de no estar involucrados en una trampa de Pantera? Yo era su enemiga, y sin embargo me trataban como un personaje neutro.

No fue muy confortable el viaje y, entre canciones antiguas de Black Sabath que me ponían los pelos de punta y las vueltas bruscas de quien iba conduciendo, empezaba a sentirme asfixiada y mareada, con el estómago revuelto pese a sólo tener una taza de café en él y los dedos acalambrados de tanto afirmarme al asiento tratando de no saltar demasiado y pegarme con la cabeza. La boca me sabía a rayos y empezaba a cuestionar mi decisión de recurrir a ellos como método desesperado. Si se negaban, realmente no tendría a quién recurrir y lo más probable era que terminaran acusándome de traición y sentenciarían mi muerte. En caso que quisieran cooperar con el rescate de Sascha y el derrumbe del imperio de Solarin, el precio no sería del todo gratis porque así eran las cosas en la mafia. Tal vez querrían que me uniera a su equipo, tal vez querrían decapitarme y exponer gigantografías con mi cabeza sangrante y sin color. Pero el precio no sería para nada inolvidable. Por supuesto que no lo sería, estamos hablando de hombres que mueven el mundo como si fuera una pelota saltarina, que manejan vidas y son capaces de castrar a quien se les cruce.

Bill debía estar hecho una bestia, y no era para menos. Le había mentido cuando él quería acompañarme en esto. Gaspard me prometió no dejarlo ir tan fácilmente y aturdirlo si era necesario para que se quedara quieto mientras yo iba en vías de una peligrosa negociación. Realmente necesitaba tenerlo fuera de esto por ahora, en especial cuando los programas de espectáculos sólo quieren una imagen de él explicando lo que pasa en su vida privada.

El camino dejó de ser liso y ahora estábamos entre piedras, montículos y curvas. ¿Es que no pudieron elegir una mejor ubicación para esta reunión? Escuché gritos, movimiento de más autos y un olor a eucaliptus llenó el auto. El tipo que conducía se detuvo mientras el otro alistaba un arma, sin parar de silbar la última canción reproducida. Sentía mis manos sudorosas, sin saber qué esperar al salir. Mi respiración era un jadeo desequilibrado y mis ojos estaban abiertos en su totalidad en busca de un poco de claridad. Voces se acercaron hablando en código haciendo sonar con fuerza sus zapatos contra la gravilla. Abrieron la puerta de mi derecha y tiraron de mí presionando con fuerza mi brazo hasta doler.

Escuché un coro de voces en un idioma desconocido mientras era arrastrada sin piedad y mis rodillas terminaban sin piel. Tomaron mi otro brazo con igual o peor fuerza y casi me sentí flotar entre los hombres. Era humillante, y las risas no ayudaban a aliviar esa sensación enfermiza que me abrumaba.

Sentí madera bajo mis pies y un espeso aroma a inciensos, debía estar dentro del lugar porque sólo se escuchaban voces susurrando a mí alrededor. Perdí la noción del tiempo y el espacio con tantas vueltas y pasillos. ¿Una mansión? Lo dudaba. Un pie me pateó la espalda y perdí todo contacto con quienes afirmaban mis brazos. Jadeé no por cansancio, sino por miedo a lo desconocido, al siguiente movimiento.

La luz me abrumó a instante en que quitaron el saco negro de mi cabeza. No quise ver a ningún lado, incluso cuando noté sombras deslizándose en el piso junto a mis pies. Podía percibir las armas apuntando directo a mi cabeza y un montón de rostros fijos en mí.

-Descansen.

Indicó una voz jovial y relajada. Las armas que apuntaban hacia mí dejaron de hacerlo pero el escalofrío por mi nuca ni cesaba. Si me movía, me mataban, y si miraba también. Eran los enemigos de Pantera, los rivales de mi jefe y yo una simple escoria en terreno ajeno.

-No es necesario tanta rigidez, no está armada –dijo otro en un acento casi español.

-Es la mejor de todas, Abel. Incluso sin armas podría atacar a quien le plazca.

-Es minoría, no lo hará –insistió el del acento español, Abel.

-Bien. Que se queden los de la entrada, lo demás protejan en entorno mientras esto dure.

Y otro montón de pasos se deslizó a cada lado como si yo fuera sólo una piedra en el camino. Se cerraron las puertas y todo quedó en silencio. Levanté mi cabeza pese al riesgo de que me volaran los sesos. No conocía a ninguno, y eran quince en total. Mujeres y hombres, todos vestían la misma túnica negra hasta el piso que tapaban sus características físicas, pero no sus rostros. Estaba en la boca de los lobos y al más mínimo movimiento moriría.

-Párate y di tu nombre –dijo una de las mujeres, que debía tener un poco más que yo.

Obedecí con dificultad y murmuré mi nombre de batalla. Un murmuró se alzó y un montón de lápices empezaron a escribir mientras otros tomaban agua en copas finas.

-Ese no, niña. Ese no cuenta a partir de ahora –me corrigió sin expresión alguna en su rostro.

-(Name).

-Bien, (Name). Debes estar muy desesperada para reunir a los enemigos de Solarin y no recurrir directamente a él o a la policía como un civil corriente. Mi nombre es Musa.

-Imagino que estás al tanto de tu falta contra la C.T.M.I., porque esto es completamente ilegal y podría ser penado con tu muerte si nosotros decidiéramos notificarlo con las cámaras en cada esquina del cuarto –habló otro de acento escocés y de cabello rubio rizado.

-Lo estoy.

Los lápices cesaron alrededor de la mesa de roble con forma de medialuna frente a mí. No había corrientes de aire, ni más sonidos en la habitación. Las pinturas que decoraban las paredes tapizadas eran frías y mostraban a personas de la alta alcurnia con perfiles refinados y elegantes. Parecía un salón de reuniones, sólo que demasiado oscuro y frío para sentirse cómoda.

-Estoy realmente intrigado, Invasora. ¿Acaso es tanta tu valentía que osas hacernos frente como un puñado de viejos amigos? –dijo Abel, quien tenía los ojos más verdes que he visto en toda mi vida, y la mirada suave.

-Dinos tus motivos –habló otro hombre de rasgos afroamericanos.

-Mi hijo de…

-No, tus motivos para querer ser escuchada por nosotros. El por qué viniste hasta acá y cometer semejante acto ilícito.

-Porque no puedo involucrar a la policía en mi vida. Y Alphonse Solarin ya no es de mi confianza.

-¿A qué se debe esto último?

-Tiene a mi hijo cautivo.

Ningún susurro como esperaba, sino que todos los rostros apuntando hacia el mío totalmente demacrado y sin poder contener las emociones. Musa me observó tras la montura de sus lentes levantado las cejas.

-¿Eres consciente de la gravedad de la acusación que estás haciendo?

-Claro que sí.

-¿Cómo es que tienes un hijo? –habló otra mujer de pelo oscuro y ojos sorprendentemente grandes… oh, era ciega.

-Con la autorización de Solarin.

-Si Alphonse te concedió el permiso de maternidad, y  secuestro a tu hijo, ¿qué lógica tiene esto?

-Días antes de que Alexander, mi hijo, cumpliera la mayoría de edad Solarin le propuso ingresar a su mafia. Él se negó rotundamente.

-Tu hijo conoce a Pantera.

-Exacto.

-¿Y qué te hace pensar que fue él?

-Su equipo de seguridad y muchos espías están implicados en su secuestro. Créanme cuando les digo que son personas que yo misma entrené a lo largo de mi carrera en la mafia y que muchas de ellas no pudieron ascender bajo mi jurisdicción debido a que reprobaron los exámenes psicológicos.

-¿Y el padre del chico?

Miré a Musa directamente a los ojos, expresando la mayor sinceridad posible. Podía estar entre la espada y la pared, pero no involucraría a Bill en esto.

-Es un civil.

-¿Y por qué no él?

-Porque no sabía que era el padre de Alexander hasta el día en que mi hijo huyó de casa.

-Invasora, será mejor que expliques de una vez por todas todo este enredo si quieres que recibamos tu ayuda.

Respiré profundo y comencé a narrarles cómo conocí a Bill, lo que pasó cuando se enteró de lo que era y todo lo que me llevó a esconder mi embarazo de él y del mundo de las mafias, hasta el último día que vi a Alexander. Dolía abrir heridas pasadas, pero esta era la única forma de tener a mi Sascha de nuevo conmigo.

-… y tras buscar en cámaras de seguridad de la ciudad, dimos con el cuerpo de mi hijo siendo trasladado hasta la mansión de Pantera.

-Esto es ridículo. No podemos hacernos cargo de tus errores como madre, (name). Que un chico perdido esté en manos de Solarin no es de nuestra incumbencia, ¿qué ganaríamos nosotros rescatando a un adolescente que ni si quiera conocemos o nos importa?

-Perfectamente podrías ir tú a buscarlo, ¿no es por eso que te haces llamar la Invasora? –habló por primera vez una mujer de rasgos asiáticos y de cabello corto.

-¿Qué planeas para solicitar nuestra ayuda?

-Planeo acabar con Solarin.

El murmullo creció y todos empezaron a hablar exasperadamente, siendo Abel el único que me observó con el ceño fruncido. Quizás expuse mal mi solicitud, argumenté erróneamente o piensan que estoy loca. Dios, estaba a un paso de mi propia muerte y no sabía cómo ponerlos de mi parte. No les podía ofrecer mi vida porque era insignificante para ellos al igual que el dinero. Es una locura, y estoy pensando en recapacitar sobre mi cordura en estos momentos.

-¿Qué podemos ganar? –habló fuerte y claro Abel, acabando con las discusiones y comentarios ensordecedores, y haciendo que muchos volvieran a sus puestos -. ¿Qué nos asegura que no seas como él?

Miré mis muñecas enrojecidas y magulladas con la presión de las esposas. Si me inclinaba más, podría ver mis rodillas palpitantes y aportar a que mi traje estaba roto en demasiadas partes. ¿Qué me hacía distinta a Pantera? Todo.

-Si mato personas es para sobrevivir, no por placer propio. Si robo, lo hago porque debo acatar sus órdenes, no porque quiera. Y si he decidido romper las reglas y poner mi vida en sus manos, es porque necesito a mi hijo conmigo sano y salvo.

-Que lo hagas contra tu voluntad no te hace menos culpable, (name) –sentenció Musa.

-Eres libre de dejar la mafia en cualquier momento.

-Pero no estoy libre de mi destino, de las venganzas y de los peligros que involucran a mi familia.

-¿Y qué te hace pensar que en este mundo estarás más protegida que en el común y corriente?

-Esté donde esté, mi vida siempre colgará de un hilo, Musa.

-Mark, lleva a la Invasora al pasillo, por favor – ordenó Abel.

Y de la misma forma en que llegué hasta acá, sólo que sin el saco en mi cabeza, terminé sentada en una banca junto a la puerta con seis guardias que no paraban de verme y evaluar cada movimiento. Tenía los músculos más tensos de lo que los he tenido a lo largo de mi vida y dolían a tal punto de sentirme como una momia. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en la pared en busca de un poco de confort, pero era difícil sabiendo que tu vida y la de tu hijo estaban en manos de personas que realmente no parecían tener amor por otras personas, porque al igual que yo, ellos fueron hechos para matar.

Ya me había acostumbrado al intenso aroma del incienso y a las miradas asesinas de quienes me cuidaban en puestos estratégicos, cuando abrieron la puerta y Abel junto a Musa salieron al pasillo. Me puse de pie frente a ellos evaluando sus expresiones pero sin obtener nada a cambio. Los guardias se retiraron dándonos espacio para la privacidad pero sin despegar un ojo de mí.

-Hay tres condiciones para que te ayudemos.

-Si acabaremos con Alphonse Solarin, tendrás que darnos acceso a todo lo que nos ha robado, incluyendo sus bienes inmuebles y cuentas bancarias, ¿entendido?

-Sí.

-Y las dos últimas constan de tu renuncia obligatoria a las mafias, dejando todo esto en un estado de confidencialidad. Firmarás un contrato de confidencialidad absoluta, en especial sabiendo que el padre de tu hijo está en el mundo del espectáculo.

-¿Cómo lo…?

-Investigamos a cada persona que solicita nuestra ayuda, (name). ¿Te opones a alguno de los anteriores términos?

-No.

-Bien, esta madrugada reuniremos tropas e iniciaremos un plan de ataque al que te mantendremos informada en las próximas horas.

A penas terminé de firmar el acuerdo, entré en razón sobre lo que había acordado. Sería el fin de mi vida como Invasora, el fin de una vida de manos manchadas y el comienzo de una persona nueva. Ésta, sería mi última misión como Invasora y como (name)… la última en mi entera vida y la más importante.



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Lamento haber desaparecido de la faz de la Tierra sin explicación alguna, pero durante mis cortas vacaciones aproveché de desconectarme un poco del mundo de internet porque realmente lo necesitaba. Ahora, he vuelto con todo y las espero dejando un comentario en el blog!

Atte. Nina  :)